Asterisco ticker noticias

NO TE PIERDAS Confirmado: Cenar viendo la tele, engorda

X
empatía lejana

Muchas veces nos acercamos al mundo como espectadores en un museo: observamos, nos conmueve unos segundos y pasamos a otra cosa. Así funciona la empatía lejana. FOTO: Ron Lach/Pexels.

El dolor que no duele siempre igual

El doble rasero de la empatía: cuando te preocupa más una guerra lejana que tu vecino de al lado

En las catástrofes humanitarias sacamos nuestro yo más solidario, aunque nos pillen a kilómetros de distancia. Pero siempre hay excusas para no echar una mano a los más próximos. ¿Y eso por qué?

Por Marita Alonso

13 DE ENERO DE 2026 / 07:30

Con la empatía se produce una curiosa paradoja: a veces nos conmueve más algo en la otra punta del planeta que en nuestro barrio. Así lo explica el doctor José Sánchez García, autor de ‘Empatía en un mundo que duele’: «La empatía lejana empuja a quienes la sienten a movilizarse masivamente para ayudar a víctimas de desastres naturales en países remotos, a donar generosamente a causas humanitarias, o a expresar profunda preocupación por injusticias sociales distantes. Pero esas mismas personas pueden mostrar indiferencia hacia las necesidades de sus vecinos, colegas o incluso familiares».

TE PUEDE INTERESAR

Los círculos concéntricos de nuestras interacciones sociales

Como humanos que somos nos desvivimos más por los nuestros que por personas a las que no conocemos. Es humano tener apego y querer más a un hijo que a un hombre de mediana edad en la Polinesia a quien no hemos visto jamás. La sociología explica nuestras relaciones sociales como círculos concéntricos. «Las relaciones sociales humanas se organizan en una estructura jerárquica de capas concéntricas, cada una con características y funciones distintas pero tradicionalmente, en torno a unos 150 individuos», señala el autor.

En cada capa hay diferencias cualitativas en la intensidad de nuestras relaciones. «Dedicamos más tiempo y fuerza a un hijo que al cuñado de un amigo lejano con el que coincidimos en el autobús por las mañanas», asegura. Cuanto más cercana afectivamente sea la persona, más esfuerzo, compromiso e implicación requiere. 

Destellos de preocupación por el dolor ajeno

Sin embargo, hay momentos puntuales en los que nuestras emociones cortocircuitan y nos desvivimos por personas muy lejanas. Un ejemplo claro lo tuvimos en España con los damnificados por la DANA de Valencia, cuando el apoyo social superó con creces lo esperable. Es lo que los expertos denominan empatía lejana: episodios emocionales intensos pero temporalmente muy limitados.

Este tipo de empatía lejana es frecuente cuando hay una catástrofe humanitaria. Dura lo que se mantiene en los telediarios.

Preocupaciones a coste cero

«La empatía lejana no requiere el mantenimiento a largo plazo de las relaciones sociales estables. Soy ‘bueno’ porque resueno con el sufrimiento de otros, además ‘ayudo’, pero en realidad, no cambia nada mi agenda, mi día a día, mis metas, mis sueños, mis horarios, mis hobbies, mis proyectos y mis dinámicas. La empatía lejana no tiene el poder de modificar nada en nuestra vida», señala el experto. 

La empatía cercana, en cambio, requiere un gran esfuerzo y mucho tiempo. Puede ser preparar caldo de pollo y llevárselo a ese amigo que está con gripe, recoger la cocina de esa amiga que acaba de tener un bebé y está agotada, o llevar al parque a los sobrinos mientras mi hermana se toma un rato de descanso… Con la empatía lejana el coste vital es casi cero. «Puedo donar y preocuparme, pero no necesito implicarme. Con el que sufre cerca, tengo margen de acción, no solo de preocupación y eso implica consumir recursos», asegura.

OTROS TEMAS WELIFE

Explicaciones simples a problemas complejos

Pero, ¿por qué a veces nos conmueven más tragedias muy lejanas que la del pobre de la esquina? José Sánchez García señala que tendemos a sobreestimar causas internas (como la pereza o ‘que busque trabajo’) en los problemas cercanos, mientras que para el sufrimiento distante, como en Yemen u otra guerra, lo atribuimos causas externas a las personas (conflicto armado), facilitando la empatía sin juicio.

«A su vez, la creencia en un mundo justo nos impulsa a racionalizar las desgracias ajenas atribuyéndolas a fallos personales, especialmente cuando son visibles y cercanas. Es una forma de evitar el miedo a que nos pase lo mismo», matiza.

El doble rasero también afecta a la empatía

No es un defecto moral. El doble rasero es una construcción psicológica que viene de base. «La empatía no es ‘per se’ la solución a los conflictos. Necesita de un componente activo y racional extendido que pueda limitar los sesgos que presenta”, explica el doctor José Sánchez García.

La empatía puede verse en ocasiones como un superpoder mientras que en otras funciona como una trampa con luces y sombras. «Por un lado es innata. Para bien nos predispone a sentir lo que el otro siente, pero a su vez nos podemos contagiar e inundar del sufrimiento del otro sobrepasando nuestra capacidad y saturando nuestros sistemas. Va mucho más allá de ‘neuronas espejo’ o la imitación de gestos. No hay empatía si no somos capaces, no solo de sentir, sino de comprender al otro», dice a WeLife.

Primero, los míos

Todos los humanos sufrimos igual. Otra cosa distinta es que percibamos como igual el sufrimiento de los nuestros y el de los de en frente. En esto la empatía también es selectiva o, como les gusta decir a los psicólogos, hace gala de un importante sesgo. El experto indica que la empatía, al ser «intensamente parroquial», nos predispone a un escandaloso favoritismo endogrupal, sobre los nuestros y nos sesga en contra de los diferentes, lo nuevo, lo desconocido.

«Excluye a los distantes en favor de los locales, no entiende de grandes números, sino de víctimas únicas e identificables. La empatía a veces es pasiva. Sufrimos con lo que aporta información, pero no vamos más allá con su fase activa, en la que ejercemos conductas prosociales de ayuda. Y cuidado que estas conductas… ¡Solo suelen aparecer con los propios! La famosa oxitocina me vuelve más prejuicioso y radical contra los enemigos, no menos. ¡Solo funciona para los míos!», explica para finalizar. Al final la empatía lejana es flor de un día. Esa que muere sin apenas dejar rastro. 

MÁS NOTICIAS

WeLife hoy

Limpiar daña pulmonesPirámide alimentariaCenar viendo seriesDoble rasero empatíaEmpezar deporte

Suscríbete a la Newsletter de WeLife para cuidar de tu cuerpo, tu mente y del planeta

Suscríbete a la Newsletter de WeLife para cuidar de tu cuerpo, tu mente y del planeta