
En un futuro no tan lejano lo de llevar gafas porque hemos perdido visión podría ser cosa del pasado. FOTO: Andrea Piacquadio/Pexels.
Rebobinar para ganar longevidad
Las células con crisis de identidad: ‘olvidan’ su función y eso afecta al envejecimiento
Con los años, las células pierden la capacidad de recordar quiénes son y qué función deben cumplir. La ciencia del biohacking trabaja para hacerles recuperar la memoria.
Por Verónica Palomo
12 DE MAYO DE 2026 / 07:30
Durante décadas, el envejecimiento se ha entendido como un proceso gradual e inevitable de desgaste. Celebrar cumpleaños significa también que los tejidos de nuestro cuerpo pierden elasticidad (todo se cae, para que nos entendamos), los órganos son menos eficientes y la capacidad de regeneración se debilita. ¿Pero y si se pudiera dar marcha atrás al reloj de las células? Suena a locura pero en ciencia se conoce como reprogramación celular y podría ser la clave para la longevidad.
Células con amnesia
En los últimos años los investigadores del campo de la longevidad, en su búsqueda por encontrar el santo grial del envejecimiento, han desarrollado una idea más potente desde el punto de vista científico: el envejecimiento no solo implica deterioro, sino también una crisis de identidad celular.
Sugieren que con la edad las células no solo funcionan peor, sino que pierden la memoria de lo que son y de lo que deben hacer en nuestro cuerpo. En otras palabras, olvidan su identidad.
El fenómeno se investiga en la actualidad en muchos laboratorios de todo el mundo en múltiples tejidos y organismos. Es lo que se conoce como ‘biohacking’. Y está cambiando la comprensión de enfermedades asociadas a la edad: desde la fragilidad de la piel, hasta la aparición de diabetes o incluso el cáncer.
¿Qué es eso de la identidad celular?
Se dice pronto, pero el cuerpo humano está formado por aproximadamente 30 billones de células, todas organizadas en tejidos y órganos especializados. En su interior, una célula es un sistema de enorme complejidad donde caben, en perfecta armonía y en un espacio de apenas 10 a 30 micrómetros, mitocondrias, retículos endoplásmicos, lisosomas, etc…
Sin duda, un nivel de organización que supera al de cualquier tecnología humana, por avanzada y sofisticada que sea. Cada célula de nuestro cuerpo, ya sea un hepatocito (célula del hígado), una neurona (del sistema nervioso) o un fibroblasto dérmico, tienen el mismo ADN, pero funciones completamente distintas. La primera metaboliza los nutrientes, la segunda manda y procesa señales y la tercera se encarga de dar estructura y firmeza a la piel.
Cada una tiene su identidad celular. Hasta que la pierde…
Por qué de mayores cicatrizamos peor
Uno de los ejemplos más claros de crisis de identidad celular se ha observado en la piel. Los fibroblastos dérmicos, además de ser las células responsables de producir colágeno y mantener la estructura de la dermis, también participan activamente en la cicatrización de heridas.
Un estudio reciente publicado en la revista Cell por investigadores del IRB Barcelona y el CNAG-CRG mostró que los fibroblastos envejecidos reducen su producción de colágeno, pierden definición molecular, adoptan rasgos similares a células grasas (adipocitos) y muestran signos de ‘retroceso’ hacia estados celulares más primitivos. Según señalaba el investigador del trabajo, Salvador Aznar Benitah, «esto podría explicar por qué la piel envejecida cicatriza peor y se vuelve más vulnerable a infecciones».
Un Benjamin Button para las células
¿Hay alguna manera de refrescarles la memoria? Aquí aparecen las palabras mágicas: con la reprogramación celular, uno de los grandes descubrimientos biomédicos del siglo XXI y a cuyo descubridor, Shinya Yamanaka, le valió el premio Nobel.
Se trata de una técnica que es capaz de devolver esas células adultas que andas dispersas sin saber muy bien qué hacer dentro del cuerpo a su estado embrionario. El revolucionario invento, a pesar del entusiasmo, traía efectos secundarios. La célula, al rejuvenecer, también perdía su identidad, volvía a su estado de célula madre embrionaria y ya no sabía si estaba allí para contraer los músculos, enviar señal de hambre o para hacer latir el corazón. En definitiva, un lío considerable que podría provocar que las células comenzaran a dividirse de manera descontrolada. Y esto provocaría tumores en la persona.
El envejecimiento no es una calle de sentido único
Por eso han pasado dos décadas de aquello y los científicos han seguido perfeccionando la técnica. Un científico español, Juan Carlos Izpisua Belmonte, actualmente director de Altos Labs, la ambiciosa empresa de biotecnología de la que Jeff Bezos es principal inversor y que busca rejuvenecer las células asociadas a la vejez, fue pionero en apostar por una estrategia intermedia: la reprogramación parcial.
Esta técnica busca ‘rebobinar’ el reloj biológico sin que las células pierdan su identidad o función original. Así se abre la puerta a la posibilidad de rejuvenecer tejidos de forma segura. Izpisua Belmonte reconoce que «este descubrimiento sugiere que el envejecimiento no es una calle de sentido único, sino que puede revertirse» .
Lo más grande después de los antibióticos
Por su parte, el genetista y profesor de la Universidad de Harvard David Sinclair, otro gurú de la regeneración celular, ha definido estos descubrimientos como «lo más grande después de la llegada de los antibióticos».
Definitivamente se trata de una forma totalmente nueva de pensar en la medicina. El mismo Sinclair y su equipo han llevado a cabo un experimento que ha logrado curar la ceguera en ratones rebobinando la edad biológica de las células nerviosas, permitiendo recuperar la capacidad juvenil de crecer y sanar. Sinclair ha señalado que «es un proceso muy seguro en el que no han visto efectos secundarios Si podemos hacer esto en el ojo, podemos hacerlo en todo el cuerpo».
Rebobinar y mejorar
Las posibles aplicaciones de esta técnica ya se están explorando en enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson, en insuficiencia cardíaca, en degeneración muscular, regeneración de tejidos o incluso en diabetes tipo I, mediante la conversión de células hepáticas en pancreáticas.
Todos estos avances de biohacking ya han empezado a tomar forma en los laboratorios. Aún queda mucho por entender, y sobre todo, faltaría comprobar su seguridad en humanos. Pero la nueva dirección que está tomando la medicina es clara: si estas investigaciones prosperan, el futuro de la ciencia podría no centrarse tanto en reparar órganos dañados como en enseñar a las células a recordar quiénes son.
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