Suscríbete a la
NO TE PIERDAS La cara B de los pacientes de Ozempic: el fármaco te quita el hambre pero nadie te enseña a comer bien
OPINIÓN
5 DE SEPTIEMBRE DE 2026 / 08:00
Estos fármacos reducen el apetito, pero no enseñan a comer bien, ni cómo empezar a hacer ejercicio físico.
Seila Sánchez
Perder peso y mantenerlo va mucho más allá de comer lechuga. FOTO: Peter Dazeley/Getty.
Hace unos meses llegó a mi consulta una paciente con una caja de Ozempic en el bolso y muchas preguntas sin respuesta. Su médico le había recetado el fármaco. Le había explicado cómo pincharse. Y le había dicho que volviera en tres meses. Nada sobre qué comer. Nada sobre cuándo comer. Nada sobre el ejercicio, la proteína, los efectos secundarios, la pérdida de músculo o lo que pasaría cuando lo dejara. Porque el Ozempic se receta, pero suele llegar con falta de acompañamiento profesional.
Lo que más me llamó la atención no fue la negligencia, que también, sino que esa paciente no era consciente de todo lo que tenía que aprender. Creía que eso era todo. Que el fármaco haría el trabajo solo. La que estaba sola era ella.
Los análogos GLP-1 —Ozempic, Mounjaro, Wegovy, Rybelsus— son una revolución médica real. Reducen el apetito, mejoran el control glucémico, disminuyen el riesgo cardiovascular y han demostrado resultados que ninguna dieta convencional había logrado de forma sostenida en pacientes con obesidad.
No estoy aquí para cuestionarlos, al contrario. Estoy aquí para hablar de lo que ocurre alrededor de ellos.
Porque el fármaco reduce el apetito, pero no le enseña a comer a nadie. No construye hábitos. No mueve el cuerpo. No trabaja la relación con la comida que lleva años rota. Y no prepara a la persona para cuando el tratamiento termine o se interrumpa. El fármaco es una gran herramienta, pero sin información y formación, no es más que un parche puntual.
Con GLP-1 y sin orientación nutricional, muchas mujeres comen muy poco, debido a que el fármaco suprime el apetito. Lo poco que comen no cubre sus necesidades de proteína, hierro, vitamina D, zinc o B12.
El cuerpo, en déficit, empieza a tirar del músculo como fuente de energía. El músculo que se pierde durante el tratamiento sin acompañamiento es uno de los factores que más contribuye al efecto rebote cuando se retira el fármaco. Un metaanálisis publicado en The BMJ en 2026 con más de 9.300 pacientes encontró que quienes interrumpen el tratamiento recuperan el peso perdido a una media de 0,4 kg al mes.
No es un fracaso del fármaco, sino el resultado de haberlo usado sin educación nutricional y física detrás.
Sería fácil culpar a los médicos, pero es justo hacerlo. Los profesionales de atención primaria y endocrinología están desbordados. No tienen tiempo en consulta para hacer educación nutricional individualizada, hacer seguimiento de composición corporal o coordinarse con un dietista-nutricionista. El sistema no está diseñado para eso, ni en este aspecto ni en otros, como la salud mental o la cronificación de medicamentos que, en principio, debían ser puntuales.
El problema no es de voluntad: es estructural.
En España, el dietista o nutricionista no forma parte de los equipos de atención primaria de forma sistemática. No hay un protocolo obligatorio de derivación nutricional cuando se prescribe un GLP-1. Y la mayoría de las mujeres que empiezan Ozempic o Mounjaro lo hacen solas, con lo que encuentran en Internet o preguntando a la IA—con los peligros de desinformación y sesgos que conlleva— y con la esperanza de que funcione.
Y a veces funciona, pero sin los cimientos adecuados, los resultados rara vez se mantienen.
Un tratamiento con GLP-1 debería incluir, desde el primer día, derivación a un dietista o nutricionista especializado que trabaje en paralelo con el médico prescriptor. No como complemento opcional, sino como parte del protocolo. También convendría integrar en esos equipos a profesionales titulados del deporte, que entiendan la importancia de la actividad física en este proceso y lo adapten de forma progresiva y amable a pacientes que, en muchas ocasiones, jamás han pisado un gimnasio, que no saben cómo coger una mancuerna y que puede que tengan conflictos con su cuerpo.
Hacen falta esos profesionales coordinados (y no un tutorial sacado de las redes sociales) que le expliquen a esa paciente qué comer cuando casi no tiene hambre, cómo distribuir la proteína a lo largo del día, qué hacer con las náuseas, por qué el músculo importa ahora más que nunca...
Pero también, qué pasará cuando se retire el fármaco.
No es pedir demasiado: es el mínimo indispensable para que el tratamiento merezca la pena y los resultados se consoliden en el tiempo. Porque la meta no debe ser la cronificación del uso de estos medicamentos —ni de ningún otro— cuando no es necesario.
Todo lo anterior es lo que debería suceder y no sucede. Pero el sistema no va a cambiar de un día para otro y hay mujeres que empiezan estos tratamientos cada semana sin que nadie les haya explicado nada. Abandonadas con su Ozempic y una absoluta falta de acompañamiento profesional.
Somos muchos los profesionales de la salud que intentamos cubrir ese vacío desde la consulta privada con todo lo que ello implica: que solo llegan quienes pueden permitírselo, quienes saben que existe esta especialización, quienes tienen la suerte o los recursos de buscar más allá de lo que el sistema les ofrece.
Eso también es una desigualdad. Y merece ser nombrada.
Seila Sánchez Dietista online especializada en mujeres a partir de los 40, tratamientos con GLP-1 y GIP (Ozempic, Mounjaro, Wegovy) y lipedema. Trabaja desde un enfoque conductual y no restrictivo, acompañando a mujeres que llevan años sin resultados a entender qué está pasando en su cuerpo.
Recorrer cientos de kilómetros sin más compañía que la propia sombra se hace con los pies y con la mente.