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NO TE PIERDAS De susurro nocturno a concierto en primera fila: cuando la menopausia te hace roncar

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Algunas mujeres minimizan el ronquido o no duermen acompañadas, de modo que nadie observa las pausas respiratorias. Eso retrasa el diagnóstico.

Algunas mujeres minimizan el ronquido o no duermen acompañadas, de modo que nadie observa las pausas respiratorias. Eso retrasa el diagnóstico. FOTO: Burst (Pexels).

Ni mi perro me hace competencia

De resignado público a primera solista: cuando la menopausia te hace roncar

Tener nuestra propia banda sonora mientras dormimos no es para bromas. Aumenta de volumen en la menopausia y puede ser preocupante.

Por Isa Espín

8 DE AGOSTO DE 2026 / 08:00

¿Empezamos a hablar con propiedad? No, las mujeres no respiramos fuerte cuando dormimos, también roncamos. Y esto no le resta glamour al asunto, lo hace más real y más humano. El ronquido femenino, lejos de ser motivo de vergüenza, puede responder a ciertos problemas de salud y necesita ser analizado y valorado. Sobre todo con la llegada de la menopausia, cuando roncar se convierte en un inesperado compañero de sueño para la mujer.

Tradicionalmente, el ronquido se asocia con el aumento de peso o el tabaquismo, pero si has notado que de un tiempo a esta parte los decibelios en la cama han aumentado y se acercan más a una manifestación de motosierras que a un ligero sollozo nocturno, lo mismo merece la pena que le prestes algo de atención. Tu pareja, tu perro e, incluso, tus vecinos te lo agradecerán.

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Sin progesterona, pero con altavoz integrado

La venganza más definitiva, tras años aguantando los ronquidos de tu pareja, puede llegar durante la menopausia. Así lo documenta el estudio Sleep Disorders in Postmenopausal Women Insomnio que asocia la etapa de la perimenopausia, la menopausia y la postmenopausia (y sus cambios hormonales asociados) con ronquidos y riesgo de apnea del sueño. También, con un aumento del síndrome de piernas inquietas.

Esto va más allá de meras molestias a tu compañero de cama, ya que puede ser un aviso de posible apnea obstructiva del sueño (AOS).

Roncar y no descansar

«Lo observamos con bastante frecuencia. Muchas mujeres nos consultan por primera vez después de la menopausia. Llegan a la consulta preocupadas porque empiezan a roncar más, se despiertan con sensación de sueño poco reparador o su pareja nota pausas respiratorias que antes no existían. A veces no lo viven como apnea en el sentido clásico, sino como cansancio, despertares, insomnio o falta de energía. Lo importante es que no siempre aparece de golpe», sostiene el doctor Abraham Brito, especialista en Sueño en el Instituto del Sueño de Madrid.

El experto explica que en muchas pacientes se suma una combinación de factores: cambios hormonales, aumento o redistribución del peso, más grasa a nivel abdominal y cervical, peor calidad del sueño y mayor fragmentación nocturna. «Todo eso puede favorecer que la vía aérea se colapse más durante la noche».

Ni solo hormonas, ni solo edad

Antes de la menopausia, los estrógenos y la progesterona parecen tener cierto efecto protector sobre la respiración durante el sueño. Influyen en el tono muscular de la vía aérea, en el control ventilatorio y en la distribución de la grasa corporal. Cuando estos niveles hormonales caen, aumenta la vulnerabilidad a roncar y a desarrollar apnea obstructiva del sueño.

«La menopausia también coincide con el envejecimiento. Y con la edad aumentan otros factores de riesgo: más prevalencia de hipertensión, cambios metabólicos, aumento de peso, pérdida de tono muscular y sueño más fragmentado», añade.

La respuesta más honesta es que no es solo por las hormonas ni solo por la edad: es una interacción entre ambas. Eso sí, «la apnea del sueño en mujeres está infradiagnosticada porque durante años se ha asociado a un perfil muy concreto: hombre, con sobrepeso, roncador, con somnolencia diurna evidente. Ese perfil existe, pero no representa a todas las pacientes».

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Otro mal ‘de mujeres’ infradiagnosticado

«En mujeres, especialmente a partir de la perimenopausia y la menopausia, los síntomas pueden ser menos ‘típicos’. Muchas no consultan diciendo ‘me ahogo por la noche’ o ‘me quedo dormida en cualquier sitio’, sino que refieren cansancio crónico, insomnio, despertares frecuentes, dolor de cabeza matutino, ansiedad, bajo estado de ánimo o dificultad para concentrarse. Esa presentación más inespecífica hace que a veces se atribuya a estrés, depresión, menopausia o envejecimiento, y no se solicite un estudio de sueño», asegura.

Los hombres suelen consultar más por ronquido intenso, pausas respiratorias observadas y somnolencia diurna clara. En mujeres también puede haber ronquido y apneas presenciadas, pero muchas veces predominan síntomas como sueño no reparador, insomnio, fatiga, cefalea matutina, irritabilidad, síntomas depresivos o ansiedad.

«También vemos que algunas mujeres minimizan el ronquido o no duermen acompañadas, de modo que nadie observa las pausas respiratorias. Eso retrasa el diagnóstico».

Atención en la transición menopáusica

Que nadie lo oiga no significa que no suceda. «De hecho, es una de las consultas que cada vez veo con más frecuencia. Muchas mujeres que nunca habían roncado empiezan a hacerlo durante la perimenopausia o tras la menopausia y suelen sorprenderse porque no han ganado peso ni han cambiado sus hábitos», responde la doctora Karen Wejbe, experta en Otorrinolaringología de Maribel Yébenes.

Durante años, los estrógenos y la progesterona ejercen un efecto protector sobre nuestras vías respiratorias. Cuando sus niveles disminuyen, la vía respiratoria alta (paladar, faringe, laringe) pierde parte de su tono muscular y la vía aérea se vuelve más vulnerable al colapso durante el sueño. «La prevalencia se duplica o se triplica, acercándose a la de los hombres de edad similar. No es casualidad que la incidencia de ronquido y apnea del sueño aumente claramente a partir de los 45-50 años. Es otro de los cambios que acompañan a la transición menopáusica, aunque se habla mucho menos de él que de los sofocos o del aumento de peso», añade.

La tormenta perfecta: peor sueño, más ronquidos

Las hormonas femeninas son mucho más que hormonas reproductivas. La progesterona actúa como un estimulante natural de la respiración. Ayuda a mantener activos los músculos que mantienen abierta la vía aérea durante la noche. Cuando disminuye, aumenta la tendencia a que esta se estreche o colapse. «Los estrógenos, por su parte, contribuyen a preservar la calidad muscular y la elasticidad de los tejidos, modulan la distribución de la grasa corporal y tienen efectos sobre la inflamación de la mucosa de la vía aérea superior. Por eso, cuando ambas hormonas descienden, muchas mujeres experimentan una auténtica tormenta perfecta: peor sueño, más despertares nocturnos, más ronquidos y mayor riesgo de apnea», destaca.

Estoy delgada y ronco

Uno de los mayores mitos es pensar que solo roncan las personas con sobrepeso. El exceso de peso, como asegura Wejbe, «aumenta el riesgo, pero no es la única causa; el IMC es el factor de riesgo más estudiado, pero la anatomía craneofacial (retrognatia, paladar ojival, desviación septal, hipertrofia de cornetes o hipertrofia de amígdalas) son determinantes independientes».

Por eso en consulta evalúan la vía aérea con nasofibroscopia para diagnosticar alteraciones que puedan aumentar el riesgo de ronquido o síndrome de Apnea-Hipopnea: «He visto muchas pacientes delgadas, activas y con hábitos saludables que comienzan a roncar coincidiendo con la menopausia. En estos casos, el factor determinante suele ser hormonal y estructural más que metabólico».

¡Si ya no fumo!

Al dejar de fumar, se nota un descenso del ronquido de forma gradual, ya que el tabaco produce inflamación crónica de las vías respiratorias (mucosa nasal y faríngea, rinitis y faringitis del fumador, edema de cuerdas vocales…), además de aumento de la producción de moco.

Sin embargo, se trata de algo progresivo «porque el tabaco deja secuelas estructurales: fibrosis y pérdida de elasticidad de los tejidos«. A esto se suman factores no relacionados con el tabaco (anatomía, peso, alcohol, posición al dormir) que el abandono del tabaco no modifica.

La experta enumera algunos de ellos:

  • El alcohol es uno de los más frecuentes porque relaja la musculatura faríngea y favorece el colapso de la vía aérea durante la noche.
  • La insuficiencia respiratoria nasal también tiene un papel muy importante. Cuando no se respira bien por la nariz, el organismo compensa respirando por la boca, lo que favorece las vibraciones y el ronquido.
  • El reflujo, que puede inflamar la vía aérea.
  • Algunos fármacos, especialmente sedantes, ansiolíticos, relajantes musculares o ciertos antihistamínicos, que pueden empeorar el problema.
  • La posición de la cabeza durante el sueño (uso de almohadas inadecuadas).

Y existe un factor del que hablamos poco: la pérdida de masa muscular asociada al envejecimiento. «Al igual que intentamos preservar el músculo para mantener movilidad y fuerza, también necesitamos preservar el tono de la musculatura que mantiene abierta la vía respiratoria», señala.

Cuidate tú y cuidarás de tu sueño

No existe una solución universal porque no todos los ronquidos son iguales. «Sabemos que el ejercicio físico mejora la calidad muscular global, incluyendo la musculatura respiratoria, y contribuye a un sueño más reparador. Respecto a las férulas de avance mandibular, son una herramienta muy útil en pacientes seleccionados. Funcionan adelantando ligeramente la mandíbula durante el sueño, lo que aumenta el espacio disponible para el paso del aire», afirma la doctora Wejbe.

Consejos para dormir sin roncar

  • Mantener un peso saludable.
  • Evitar el alcohol y medicamentos sedantes/relajantes en las horas previas al sueño.
  • Tratar adecuadamente la obstrucción nasal.
  • Mantener horarios regulares de descanso (higiene de sueño).
  • Realizar ejercicio físico de forma habitual.
  • Dormir preferentemente de lado: cuando dormimos boca arriba, la gravedad favorece que la lengua y los tejidos blandos retrocedan y estrechen la vía aérea. Al dormir de lado, este efecto disminuye.

¿Cuándo está indicado el tratamiento con CPAP? «El CPAP sigue siendo el tratamiento de referencia para la apnea obstructiva del sueño moderada o grave. Funciona aportando una presión de aire constante que mantiene abierta la vía respiratoria durante toda la noche. Numerosos estudios han demostrado que reduce la somnolencia, mejora la calidad de vida y ayuda a disminuir las complicaciones cardiovasculares asociadas a la apnea. La adherencia es el principal desafío clínico, por eso en consulta ORL valoramos también alternativas según la causa», insiste.

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¿Terapia hormonal?

Algunos estudios sugieren que la terapia hormonal puede tener un efecto beneficioso sobre determinados parámetros respiratorios durante el sueño, especialmente cuando se inicia en mujeres sintomáticas durante la transición menopáusica. «Puede ayudar, aunque no debe considerarse un tratamiento específico para los ronquidos o la apnea», explica la doctora Wejbe.

Incorporar la terapia hormonal puede ser una pieza más dentro de una estrategia global de salud femenina, pero nunca sustituye una valoración otorrinolaringológica o una unidad de sueño cuando está indicada. «Dormir bien no es un lujo: es uno de los pilares fundamentales de la salud y de la longevidad. La calidad de nuestros días empieza por la calidad de nuestras noches«, sentencia.

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