¿Son los 35 la edad ideal?
28 DE MAYO DE 2026 / 07:30
A los 20 eres demasiado joven. A los 50 te sientes mayor. Y acabas idealizando esa tierra de nadie como tus mejores años. ¿Es hora de replantear los referentes?
Beatriz Hernández
Fundadora de The Other Beauty
Idealizamos los 35 porque nos aterra convertirnos en lo que creemos que son las décadas posteriores. FOTO: Cottonbro/Pexels.
En una época en la que hasta las caras tienen etiquetas —iPhone face, Mar-a-Lago face, Ozempic face— la estética ha dejado de ser algo individual para convertirse en un lenguaje colectivo. El iPhone face describe rostros pensados para la cámara: piel impecable, rasgos suavizados, proporciones que funcionan mejor en pantalla que en la vida real. Mar-a-Lago face hace referencia a intervenciones más evidentes, con volúmenes marcados y rostros tensados hasta el límite, asociados a una idea concreta de poder y estatus. Y quizás la más popular, Ozempic face, refleja el impacto visible de una pérdida de peso acelerada: rostros más delgados, con pérdida de volumen y cierta flacidez que altera la expresión y el equilibrio facial. Pero, ¿y la edad? ¿Estábamos mejor en la treintena? O, como ya dicen algunos, ¿son los 35 la edad ideal?
Esta cuestión me lleva hasta la Forever-35 face, un rostro que no busca transformar, sino volver a ese punto en el que el rostro todavía conserva frescura, estructura y ligereza. Más que una tendencia, casi es un manifiesto.
Durante años, envejecer era un proceso visible. Hoy, sin embargo, cada vez es más frecuente encontrarse con rostros que parecen haberse quedado en pausa: en una edad indefinida, en torno a los 35. Ni jóvenes, ni mayores.
La medicina estética, a través de procedimientos cada vez más precisos, busca ese equilibrio entre juventud y madurez en el que el rostro se ve fresco, descansado y armónico, pero sin perder naturalidad. No se trata de transformar, sino de reposicionar. Y eso es lo que buscaba Denise Richards, que reconocía abiertamente que, a sus 55 años, no se reconocía frente al espejo con su propio rostro. Tras someterse a un lifting deep plane, siente haber recuperado algo más que una apariencia más joven. Ahora sí se reconoce en el espejo. Aunque no sea exactamente lo que la naturaleza quería.
Pero esto va más allá de la necesidad de verse bien. No es solo una cuestión estética, sino cultural. Esta nueva forma de intervenir el paso del tiempo está transformando cómo entendemos la edad, la identidad y, en última instancia, la propia idea de envejecer.
Los 35 se han convertido en una especie de ideal estético, pero quizá también en un lugar emocional. Una edad en la que todavía hay energía, cierta ligereza, pero también experiencia. Una combinación difícil de replicar. Y quizá por eso empieza a consolidarse otra idea: no solo cómo queremos vernos, sino cómo realmente nos sentimos. Quizá lo que buscamos no es una edad concreta, sino un estado emocional en el que nos identifiquemos. No sé si querría tener la cara de mis 35. Recuerdo que tenía un auténtico mapamundi de manchas de sol después de haberme quedado dormida en una playa tras una larga noche. Pero sí recuerdo la energía. Y esa mezcla de inocencia y experiencia que te da cierta ilusión por las cosas. Y creo que eso, de alguna forma, se refleja en el rostro.
La percepción que tenemos de nuestra edad no siempre coincide con nuestra edad cronológica, sino con cómo nos sentimos y nos identificamos en un momento vital determinado. Hace poco veía en las redes sociales a Naomi Watts decir, bailando: "No tengo 57 años. Tengo 36 con 21 de experiencia".
La ciencia de la longevidad distingue entre la edad cronológica y la edad biológica. En psicología han acuñado otro concepto: la edad subjetiva. La mayoría de las personas no se identifican con su edad cronológica, sino con una versión más joven de sí mismas. De hecho, a partir de los 40, lo habitual es sentirse más joven de lo que indica la partida de nacimiento. Esto sucede aproximadamente al 80% de las personas. Y no es algo negativo, al contrario. Numerosos estudios señalan que la edad subjetiva es un predictor del bienestar, la salud y la longevidad.
Cada vez más mujeres las que expresan esta sensación. Yo misma siento que no correspondo a la edad que dice mi DNI, quizá porque sigo identificando esa edad con referentes que ya no me representan. No es tanto una cuestión de edad, sino de identificación. Nos repiten constantemente que los 40 son los nuevos 30, los 50 los nuevos 40… Pero, como dijo recientemente Cindy Crawford al cumplir 60 años, los 60 son los nuevos 60.
Y quizá ahí esté el cambio real.
No en intentar encajar en una edad que sentimos que no es la nuestra, o revertir el paso del tiempo para reconocernos en la edad en la que nos identificamos, sino en construir nuevos referentes. Porque los que teníamos ya no nos sirven. Da igual tener 60 con cara de 35, con cara de 60 o con la que elijamos. Lo que está claro es que el modelo ha cambiado.
Y ahora nos toca algo más complejo: reinventarlo.
Beatriz Hernández Beatriz Hernández es fundadora de The Other Beauty, una consultoría de belleza y bienestar desde la que desarrolla proyectos de contenido, curaduría y estrategia vinculados a este universo. A través de artículos, encuentros y colaboraciones, explora temas relacionados con la identidad, la estética y las nuevas formas de entender la belleza y el bienestar desde una mirada reflexiva.
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