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NO TE PIERDAS Los oftalmólogos advierten: las pantallas dañan la vista pero no por lo que creemos

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OPINIÓN

¿Y si resulta que las pantallas no nos estropean la vista?

9 DE MARZO DE 2026 / 07:30

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Pasamos muchas horas al día mirando móviles, ordenadores y tablets. Quizás, demasiadas. Y sin apenas movernos. No es de extrañar que la salud de nuestros ojos se resienta.

¿Y si resulta que las pantallas no nos estropean la vista?

Cualquier momento es bueno para echar un ojo al móvil. Y luego, culparemos a las pantallas. FOTO: Anna Shvets/Pexels.

Sí, lo sé, el titular ya se presta a la discusión. ¿Cómo es posible que ahora nos digan que la culpa no es del móvil cuando llevo años repitiendo a mi hijo 'que no use tanto el móvil, que se va a quedar ciego'? Esta frase tan de padres es habitual en todos los hogares donde hay un adolescente pegado a una pantalla. Y, aunque no nos regañemos, también es un gesto habitual entre los adultos. Móviles, ordenadores, tablets... Pasamos decenas de horas al día bajo luz artificial y pegados a dispositivos luminosos. Unas veces, por trabajo; otras, por estudio. Y muchas de ellas, simplemente, por ocio. Y esta exposición prolongada a pantallas afecta a nuestra salud ocular. La pregunta es inevitable: ¿Estamos dañando de forma irremediable nuestros ojos? 

La ciencia es clara: la luz de las pantallas no provoca daño estructural ni funcional en la retina de los adultos. El problema no es la pantalla en sí, sino cómo la usamos y durante cuánto tiempo. Y ahí sí que podemos intervenir. Otra cosa es que implique cambiar de hábitos y eso... siempre cuesta.

La pauta es siempre la misma. El paciente abre el móvil y se engancha a un scroll sin fin. O se sienta ante el ordenador a las 8 de la mañana y aguanta horas ante la pantalla, sin levantarse, porque tiene muchas tareas pendientes. Aquí tenemos los dos primeros errores: exceso de visión cercana y una reducción del parpadeo. Cuando miramos de cerca durante horas, forzamos el sistema visual y parpadeamos menos. La lágrima se evapora y puede provocar sensación de arenilla, sequedad o visión borrosa al final del día. 

Esta situación no solo fatiga al cerebro, que no para de recibir la misma información. También cansa al ojo. La solución no es complicada: parpadear de forma consciente, hacer pausas visuales y usar lágrimas artificiales cuando sea necesario. Las lágrimas no solo lubrican: forman parte del sistema óptico del ojo. Si su calidad disminuye, también lo hace la nitidez visual.

Otro error frecuente es usar las pantallas en la oscuridad. Frente a la creencia de que daña la retina, los estudios nos revelan que no es así. Que no quita para que sí nos canse la vista y pueda alterarnos el sueño, ya que la exposición nocturna a la luz altera la producción de melatonina.

La recomendación es sencilla: baja el brillo y mantén una luz ambiental suave cuando uses pantallas por la noche. O, mejor aún, desconecta un rato antes de irte a dormir. No lo hagas por tus ojos, sino por darle un respiro a tu cerebro y decirle que ya es hora de que entre en modo sueño. 

En personas jóvenes, además, entra en juego un factor adicional: la acomodación. Cada vez que enfocamos de cerca, un pequeño músculo del ojo se activa para mantener la nitidez. Si este esfuerzo se mantiene sin pausas, el músculo puede quedar 'enganchado' en modo de enfoque cercano. Esto puede dar lugar a una falsa miopía o espasmo acomodativo.

Por eso, igual que descansamos la mente, el ojo también necesita descansos. Una regla útil y fácil de aplicar es la 20-20-20: cada 20 minutos, mira durante 20 segundos a una distancia superior a seis metros (equivalente a 20 pies). Un gesto mínimo con un gran impacto en la fatiga visual.

Sin entrar a valorar el efecto pedagógico de la estrategia actual de limitar el uso de algunos dispositivos digitales en la educación primaria, como oftalmólogos sabemos que esta nueva estrategia juega a favor de los ojos de nuestros hijos. Y que muy posiblemente tendrá efectos beneficiosos en la prevención de ese deterioro prematuro en la visión que ya estamos notando en las consultas.

Los niños que en sus extraescolares hacen deporte o que en vacaciones montan en bicicleta y pasan horas muertas en la piscina no solo disfrutan de una infancia comme il faut. Sin saberlo están cuidando de sus ojos. Sabemos que pasar más tiempo al aire libre reduce el riesgo de desarrollar miopía, una de las grandes pandemias del siglo XXI. Se estima que en 2050 afectará a casi la mitad de la población mundial. Y no se trata solo de graduación: las miopías altas aumentan el riesgo de enfermedades oculares graves, como el desprendimiento de retina, la maculopatía miópica o el glaucoma.

Quedar a echar un partido con los amigos no es solo diversión. Es bueno para cumplir con las horas de actividad física que recomienda la OMS y prevención para la salud ocular. En caso de que la miopía infantil comience a aparecer, se puede contener con colirios específicos o gafas y lentillas con diseños especiales. ¿Por qué insistimos tanto en la prevención? Porque un ojo miope es miope para siempre, incluso tras cirugía refractiva. La operación corrige la graduación, pero no cambia la estructura del ojo.

A veces olvidamos que tenemos dos ojos y que son para toda la vida. Por eso hay que cuidarlos de forma constante. Si notamos una molestia visual que no desaparece tras un descanso, o que se prolonga varios días, lo más recomendable es una revisión oftalmológica. Muchas enfermedades oculares, como el glaucoma, no dan síntomas hasta fases avanzadas. Las revisiones periódicas permiten detectarlas a tiempo.

Esta recomendación es especialmente relevante cuando existen factores de riesgo —diabetes, antecedentes familiares de glaucoma o patologías oculares previas—. En estos casos, la revisión anual es crucial. Muchas veces, un simple control puede marcar la diferencia a largo plazo.

Finalmente, aunque no haya factores de riesgo clínicos, la protección frente a la radiación ultravioleta también es clave. Las gafas de sol con filtro UV no son un accesorio, sino una protección frente al envejecimiento ocular y una ayuda para reducir el riesgo de cataratas.

Además de todo lo anterior, hay hábitos de vida que benefician la salud visual: pasar tiempo al aire libre, practicar ejercicio físico, no fumar y controlar enfermedades como la diabetes o la hipertensión. La alimentación también importa: frutas, verduras y pescado azul aportan antioxidantes y ácidos grasos esenciales para los ojos.

Cuatro palabras y una regla de oro que todos tendríamos que grabarnos a fuego. Los ojos están hechos para usarse. Un ojo no se desgasta por mirar, pero sí necesita descansos, revisiones y cuidados. Al igual que cuidamos otras partes del cuerpo, cuidar la salud ocular cuando usamos pantallas merece atención diaria y preventiva. Mirar no es el problema; no escuchar las señales, sí.

Cristina Irigoyen-Bañegil

Cristina Irigoyen-Bañegil Especialista en Oftalmología con dedicación preferencial al estudio y tratamiento de patologías corneales y cirugía refractiva. Graduaday doctora en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra. Es miembro asociado de la Sociedad Española de Oftalmología y de la Sociedad Española de Glaucoma.

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