NO TE PIERDAS Se acabó: basta ya de mirar a la medicina estética con vergüenza

Incluso si no vives en Beverly Hills, en 2026 hay una clínica estética en cada barrio. Entonces llega Kendall Jenner y dice que ella solo se ha puesto un poquito de bótox. FOTO: Maya Dehlin Spach / FilmMagic / Getty

Cero culpas por mejorar tu aspecto

«No pasa nada»: ya es hora de aceptar con naturalidad y sin culpas los tratamientos médico-estéticos

Cuatro expertos reflexionan sobre la obsesión de los famosos por ocultar que se han sometido a algún tratamiento estético y la sombra de la vergüenza sobre quienes se los hacen. Y más, si no son famosos

Por Salomé García Gómez

17 DE ENERO DE 2026 / 08:00

Recientemente la modelo Kendall Jenner negaba haber pasado por quirófano para hacerse ningún retoque en la cara. Todo lo más, un par de sesiones de baby botox en la frente. Para los no iniciados en el argot de la medicina estética, es un bótox suavín, en dosis muy pequeñas y localizadas, que borra los primeros suspiros de arrugas en personas muy jóvenes. Pasa de largo sobre si se ha hecho otros tratamientos de medicina estética.

Echando mano de hemeroteca con sus fotos de hace una década y las de ahora se aprecian, sin embargo, más diferencias faciales que las que podría lograr un discreto bótox. Las redes sociales, que ya se saben que van sin filtro, señalan la nariz (¿rinoplastia?), las mejillas (¿bichetomía?), los labios en momentos puntuales (¿ácido hialurónico?) y la textura de la piel post acné (peelings…). Resumiendo: sugerían algún que otro bisturí y bastantes tratamientos médico-estéticos. Y una duda que flota en el ambiente: ¿Es necesario ocultar algo que no es delito?

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Las declaraciones de la modelo replican el argumentario de siempre: chica guapa por generación casi divina, que se cuida solo de forma natural. Arturo Gil, experto en comunicación de belleza, se plantea esta reflexión: «No soy médico, pero sí tengo experiencia profesional en el sector de la cirugía y la medicina estética. No hace falta ser un erudito para intuir que este tipo de declaraciones, como mínimo, generan dudas». 

Insiste en que «esto no va de señalar a nadie ni de exigir confesiones públicas. Cada persona es libre de hacer con su cuerpo y su cara lo que quiera y también de decidir qué cuenta y qué no. Pero cuando, desde posiciones de enorme influencia, se insiste en negar ciertas evidencias que parecen visibles, eso no es neutral. Alimenta expectativas irreales, comparaciones injustas y una percepción distorsionada de lo que es alcanzable de forma natural. En ese contexto, a veces sería incluso más honesto no decir nada». Lo de Jenner puede parecer anecdótico, pero es habitual. A la medicina estética se acude, pero no se cuenta por el qué dirán.

La medicina estética no son solo pinchazos. Hay mucha aparatología y principios activos de grado médico que, usados en la consulta del médico autorizado, logran resultados mucho más solventes que los de la cosmética convencional. Y ya va siendo hora de que entre con naturalidad en la conversación social. «Sin tabúes, ni discursos defensivos. No pasa nada por recurrir a ellas. No resta mérito, belleza ni valor personal. Al contrario: reconocerlo ayudaría a entender que muchos resultados no dependen únicamente de la genética, la edad o la ‘buena cara’, sino también de tratamientos, retoques y decisiones conscientes».

En otras palabras: asumir como adultos responsables que recurrimos a protocolos médico-estéticos para mejorar nuestro aspecto. Y que no es una frivolidad exclusiva de famosas y personajes del colorín. 

Políticos, directivos y personas con capacidad de decisión pasan con asiduidad por las clínicas más distinguidas de nuestro país para lograr una imagen más pulida. Con la discreción que obliga el secreto profesional, los médicos no dan nombres. Pero deslizan que muchos rostros que vemos en los telediarios han pasado por sus consultas para lograr un aspecto más descansado, una piel sin sombras o un gesto más amable para encarar una campaña electoral.  

Aunque ninguno lo confesará en público, basta con repasar cómo eran los rostros a cierta edad en los años de la Transición y cómo son ahora. Por mucho que evolucionemos como especie, ni Darwin aceptaría esas pieles tan ideales pasados los 50 solo como fruto de la naturaleza. Negar la evidencia no solo es absurdo. Es lesivo. Ellas y ellos se arreglan. Y no pasa nada. 

Es poco probable que en una entrevista se pregunte a un alto cargo si se ha arreglado los párpados o sometido a un IPL para eliminar manchas de la edad. Con una actriz, un presentador o un cantante es más probable. Negar la mayor o decir que solo se hacen ‘pequeñas limpiezas faciales’ es absurdo. «Me parece poco ético que personas influyentes nieguen evidencias médicas y generen falsas expectativas en personas que confían en ellas», señala la doctora Mar Mira, médico estético con una larga trayectoria tratando a famosos y personalidades.

En su opinión, esa falta de sinceridad lleva a muchas personas a sentirse culpables por no saberse cuidar así de bien. «Se transmite la idea de que con un tratamiento mínimo se pueden conseguir resultados irreales, asociados a prototipos de belleza que no responden a la realidad clínica. Esto no es honesto con quienes desean cuidarse y mejorar su imagen de forma consciente», concluye. 

Para sorpresa de nadie los futbolistas pasan siempre por las manos de un peluquero antes de saltar al terreno de juego. De hecho, muchos equipos tienen un peluquero profesional en nómina y viaja con el equipo como si fuera el entrenador o el preparador técnico. Se asume como normal. Ningún pichichi quiere salir rematando un gol con greñas. Ni acudir a la sala de prensa con un corte de pelo desdibujado. ¿Pero y si lo que se busca es suavizar la papada o levantar un párpado? ¿Y si, encima, no eres famosa, sino madre de familia? ¿No será una frivolidad?

La periodista Teresa de la Cierva, una de las veteranas en la información sobre belleza y bienestar, señala que ya es hora de cambiar el chip a la hora de valorar por qué una persona –mujer u hombre– decide ponerse en manos de la medicina estética. «Hay que girar hacia un enfoque de ‘cuidarse sin culpa‘. Ya está bien de susurrar en voz baja que nos ponemos ácido hialurónico, bótox o bioestimuladores. Como si hacerse retoques necesitara justificación o fuera menos legítimo que cuidar la espalda o la salud mental«.

OTROS TEMAS WELIFE

En medio de este cruel escrutinio, cada día cientos muchas personas anónimas se acercan a una clínica de medicina estética con pudor. Como si estuvieran traspasando una línea entre lo correcto y lo no conveniente. Como aquellos indómitos que durante la Ley Seca se deslizaban a escondidas a alguna taberna clandestina a por alcohol. Se acude con ganas, con convencimiento, pero también con la esperanza de que nadie nos vea entrar. Y, mucho menos, salir con las huellas del delito en forma de moratones, vendajes o puntos en la cara. Que no piensen que me gasto el dinero en esto, cuando yo no vivo de mi imagen.

En tiempos donde se busca mimar la salud mental, esa ansiedad innecesaria aún hace mucho daño. «La medicina estética no debería vivirse ni comunicarse desde el secretismo ni la vergüenza. Normalizar los retoques es entenderlos como decisiones personales, conscientes y médicas, no como atajos milagrosos», explica la doctora Victoria Núñez, cirujana maxilofacial y Faculty de Teoxane. «La transparencia —aunque no sea obligatoria— ayuda a construir una relación más sana con la imagen y con lo que realmente es alcanzable». Y aquí da igual si eres famosa o ama de casa. Estás en tu derecho. 

Una cosa es asumir que cumplimos años y otra, no querer llevarlos lo mejor posible. A fin de cuentas, en eso consiste la longevidad: en hacernos mayores en una forma física y mental excelente. «La medicina estética en una herramienta más de bienestar y autoestima. Y hay que normalizar esa conversación. Igual que hablamos de que nos ponemos Invisalign, que nos teñimos o vamos al gimnasio, por qué vamos a hablar de que nos hacemos tratamientos en la piel o el cuerpo. Ya no cuela el ‘yo me levanto así’, ‘es genética’, ‘es que duermo 8 horas y bebo mucha agua’. Genera expectativas irreales, presión estética y casi culpa en quienes sí lo reconocen», insiste Teresa de la Cierva. 

Para Marina Ruiz, experta en comunicación y directora de Ally Comms, los tratamientos médico-estéticos y hasta la cirugía, son palancas clave para coexistir con una longevidad serena. «Seamos sinceras: llevo mal envejecer y recurro a estos tratamientos si veo que me van a mejorar. A partir de los 40-50 si te quieres ver bien, la dieta y el gimnasio no siempre son suficientes. Ni Julia Roberts después de la menopausia está así de estupenda solo por una crema, ni el cuerpo de Jennifer López es solo fruto de horas de gimnasio. ¡Pero si hasta a Pedro Sánchez se le notan los hilos tensores en el rostro y no pasa nada!», comenta. Porque esa debería ser la lectura final: no pasa nada. 

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