Lo sentimos, pero el postureo junto a la pista no te ayudará a envejecer más despacio. FOTO: Rulo Dávila/Pexels.
Longevidad con una raqueta
Ni el running, ni levantar pesas en el gimnasio: el tenis es el deporte que más alarga la vida
Llevamos años pensando que para vivir más había que salir a correr, hacer aerobic como Jane Fonda o darle a las mancuernas en el gym. Ahora llega la ciencia y apunta al tenis.
Por Silvia Capafons
30 DE MAYO DE 2026 / 08:00
Si hubieras tenido que apostarlo todo al rojo, ¿habrías puesto tus fichas en el tenis como el deporte que nos hace más longevos? Probablemente, no. Quizá habrías ido con todo al entrenamiento de fuerza, ese que tanto bien le hace al metabolismo. O al running, que crea corazones robustos para jubilarnos como chavales. O, tal vez, al yoga combinado con meditación, que nos da flexibilidad y calma frente al estrés. Pues no, la ciencia asegura que el tenis es el mejor deporte para la longevidad.
Coge la raqueta y vivirás una década más
La teoría no surge de un grupo de aficionados a la raqueta, sino de un estudio de la Universidad de Copenhague publicado en el Mayo Clinic Proceedings. Este trabajo demostró que los deportes de raqueta pueden sumarte hasta 9,7 años más de vida.
La cifra es muy superior a la de otros deportes. Supera al bádminton (6,2 años), al fútbol (4,7 años) y, curiosamente, a actividades solitarias como correr (3,2 años) o el gimnasio (1,5 años). Sí, casi una década extra
Otras investigaciones en Estados Unidos y en Gran Bretaña asocian este deporte de raqueta con menos riesgo de muerte que cualquier otro. Y ahora llegan las preguntas: ¿La clave está en el ejercicio físico en sí, o influye el facto socioeconómico? Porque mientras el fútbol o el running son deportes de marcado carácter popular, los deportes de raqueta (tenis o pádel) se asocian a personas con un nivel socioeconómico mayor. Y eso no solo significa zapatillas más caras. Es mayor acceso a cuidados de salud, prevención del estrés, mejor alimentación, tiempo de calidad para estar con amigos y hacer actividades de ocio juntos… En definitiva, más de todo eso que también construye la longevidad.
Partidos con amigos que nos dan la vida
Entrevistamos al profesor Arturo Fernández-Cruz, catedrático e investigador clínico, que promulga el valor del ejercicio per se. «Practicar cualquier actividad física permite aumentar la duración de la vida saludable. Luego, aquellos deportes que se realizan en equipo son los más aventajados. La explicación depende de varios factores, entre ellos la conexión social mientras se practica», señala.
Para el catedrático, este punto es clave. El aislamiento ha demostrado ser uno de los mayores predictores de mortalidad. El tenis, en cambio, requiere de un contrincante con el que retarse. Y el pádel, de cuatro amigos dispuestos a pasarlo bien. «La integración en la sociedad y el estado socioeconómico son determinantes. Además, no solo los individuos de menos recursos económicos y sociales viven menos, sino también quienes son discriminados social o políticamente por su entorno, lo que explica una esperanza de vida más corta. En cualquier caso, el secreto de envejecer es con quién lo compartes».
Estrategia de campeón
Mientras en el running el cerebro entra en modo supervivencia y control de constantes vitales, y en el trabajo de fuerza en el gimnasio se encarga de gestionar el tesón y el esfuerzo, en el tenis hay que estar atentos a la bola, calcular cómo va a llegar y cómo golpear, buscar los puntos vulnerables del contrario… Aunque no lo notemos, todo eso trabaja la neuroplasticidad cerebral.
Y este es otro punto a favor para vivir más. Según el doctor Fernández-Cruz, «el tenis tiene una demanda cognitiva alta. Exige anticipar, reaccionar rápido, coordinar vista-mano y tomar decisiones constantes. Eso estimula el cerebro y el sistema nervioso». Es decir, la combinación de coordinación, estrategia y rapidez de reacción mantiene el cerebro joven porque tiene que decidir en milésimas de segundo dónde colocar la bola.
El intervalo natural
Otro factor que suma a favor es que hablamos de un ejercicio que, a juicio de los expertos, imita mejor la fisiología humana que el esfuerzo lineal y constante. Para el experto, «jugar al tenis requiere esfuerzos explosivos que luego recuperas. De esta forma mejora la capacidad cardiometabólica aeróbica y anaeróbica, lo que resulta muy efectivo para entrenar nuestro cuerpo. Pero, sobre todo, engancha más por ser un juego de competición. Y eso es, en realidad, lo que más alarga la vida».
Añade que el tenis no sería el único deporte de raqueta portentoso para una vida próspera. A falta de estudios, está convencido de que el pádel o el squash probablemente tengan resultados similares. Todo esto conecta con el concepto de disconfort u hormesis del que hablaba el experto junto a la también investigadora en longevidad, Mónica de la Fuente, en el reciente Welife Longevidad. Esa regulación hormética en la actividad física nos hace mejorar a partir de pequeñas roturas musculares. Al entrenar, obligamos al cuerpo a poner en marcha sus mecanismos de reparación para generar una respuesta adaptativa que le permita afrontar en condiciones óptimas estímulos más intensos. Por no hablar de que entrena la resiliencia mental, la paciencia y la capacidad de encajar las derrotas sin enfados (el mal humor resta años de vida).
¿Y si no me gusta el tenis?
No hay un deporte perfecto para todos. De hecho, lo importante es lograr adherencia, sea cual sea. Aquí el secreto no está en la raqueta, sino en la combinación de ejercicio físico, reto mental, interacción social y una actividad que sea divertida y sostenible en el tiempo. «El mejor deporte para vivir más es el que puedes disfrutar y mantener durante años. Si para alguien eso es nadar, pedalear o jugar al golf, también obtendrá una ventaja real».
Antes de despedirse, el doctor Arturo Fernández-Cruz, añade dos consejos para que el deporte no nos pase una factura demasiado cara: realizarse chequeos médicos regulares y no olvidar el contacto físico afectivo. «Ambos también tienen un impacto directo sobre la longevidad», concluye.