NO TE PIERDAS La paradoja de los hoteles antiestrés con programas llenos de actividades para no parar ni un minuto

La felicidad que da leer tu libro sin recordar que te has tenido que levantar de madrugada para conquistar esa hamaca. FOTO: Juan Algar/Getty.

Vacaciones 'cálmate' con sorpresa

«Me estresan los hoteles antiestrés»: la trampa del turismo de bienestar con programas agotadores

Resorts con yoga, meditación, masajes que te llevan al séptimo cielo, entrenador personal y restaurantes con trillones de estrellas Michelin. Todo a la vez y al mismo tiempo. ¿Eso es desconectar?

Por Marita Alonso

25 DE MARZO DE 2026 / 07:30

Nuestra sociedad está al borde de un ataque de nervios. Como el de las chicas de Almodóvar, pero a nivel sostenido. La prueba es que cada vez son más quienes en sus vacaciones reservan unos días no para visitar nuevos destinos, sino para quedarse en hoteles en los que desconectar. Como diría mi compañera Verónica Palomo, hoteles para unas felices calmaciones. Pero, de pronto, esos hoteles antiestrés se vuelven una maratón de actividades frenética. A las 8, yoga. A las 10, tai-chi. A las 11, masaje facial. A las 13, consulta con nutricionista… ¿Sigo?

Porque este es el plot twist loquísimo de la historia: aunque al comienzo el objetivo no es más que disfrutar de esa cama ‘king size’, de esa piscina en la que poder leer ajena al mundo y de ese restaurante en el que tomar una copita de vino y algún delicioso plato, en muchos casos la agenda del relax se vuelve, paradójicamente, asfixiante. Como explica la psicóloga Patricia Ramírez «queremos estar en todos sitios y abarcar más de lo que nos cabe en las 24 horas que tiene un día».

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Hay que madruga para salir a correr con la fresca. Otros, para conquistar una tumbona en la piscina. Porque esa es la primera cruda realidad de estos hoteles de la calma: muchos tienen más huéspedes que tumbonas. Así que conseguir una se convierte en El juego del calamar versión vacaciones. Hay quienes se despiertan a las 6 am para coger sitio. Nunca antes: en los hoteles suele imperar la norma de retirar todas aquellas toallas extendidas antes de las 6. A partir de esa hora, has colonizado tu hamaca.

Para facilitar la tranquilidad de los huéspedes, y hacer un poco de caja, otros ofrecen la posibilidad de reservar a cambio de un pago. Que tiene guasa, primero desembolsas una ingente cantidad para disfrutar de unos días de relax y luego te toca pagar un extra para poder tomar el sol.

El turismo del bienestar, según datos de la OMT, representa más del 10% del gasto turístico mundial y crece el doble de rápido que el turismo general. Se estima que alcance 1,4 billones de dólares en 2027. Como señala el Informe de Tendencias Globus, casi la mitad de los viajeros afirman que el alivio del estrés es su principal motivo de viaje.

Esta necesidad alimenta un creciente interés en el denominado turismo del sueño. Porque en tiempos de estrés infinito, descansar y resetear es el nuevo símbolo de estatus.

El problema llega cuando la agenda comienza a llenarse de planes que terminan por convertirse en obligaciones. ¿A quién no le ha pasado estar enfrascada en la lectura, feliz sin tener obligaciones, y darse cuenta de que en diez minutos tiene que ir a esa excursión supuestamente transformadora? O despertar a las 3 am para ver un increíble atardecer en la otra punta de la isla cuando lo que verdaderamente te haría feliz es no tener que poner el maldito despertador.

Parece imposible ‘escapar’ de la experiencia del spa. ¿A quién no le va a gustar meterse en un lugar humeante del que te juran que saldrás descansadérrima? Porque ni se cuestiona que has de salir de ese oasis relajada. Y bien sabemos que cuando algo es obligatorio, es más complicado. Entre otras cosas, porque en el folleto la sauna está vacía y es ideal. Cuando vas, está hasta arriba y casi tienes que pedir la vez para cocerte al vapor cual brócoli. 

Esos servicios extra tienen precios elevados que no se incluyen en el precio del viaje. Como pagas, si no sales tan satisfecha como pensabas de la sesión, te estresas más. Digamos que te enfadas. Y bastante.

Y qué decir de la oferta gastronómica. A ti te valdría con picar algo y tu pareja se empeña en probar el menú degustación del reconocidísimo chef X. Innumerables platos con prolijas descripciones y por supuesto, una cuenta con más ceros que unidades de sales de frutas que necesitarás para hacer una buena digestión. En resumen: tu experiencia gourmet será otro motivo de angustia.

Lo sé: problemas del primer mundo. ‘Uy, estoy angustiadísima porque en lugar de cenar una ensaladita césar me he metido 10 platos deliciosos’ no es la queja con la que despertar empatía, pero ya entendéis lo que quiero decir. Los hoteles en los que resetear pueden salirte caros, y no solo literalmente

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La clave está en no sobrecargar la agenda y en no tener una lista interminable de ‘to do’s’. Porque o no la vas a cumplir, por lo que la culpa hará acto de aparición, o en el caso de cumplirla, terminarás agotada. O gastando más de lo que querrías.

Para muestra, las palabras de David de Cubas, director de Salud de ZEM Wellness Clinic Altea, describiendo sus programas pro-sueño: «Guiamos al huésped a desacelerar de forma inteligente. Empezamos con un chequeo médico minucioso y, a partir de ahí, diseñamos un itinerario de terapias mente-cuerpo que devuelve energía y claridad sin tener que tomarse largas vacaciones», explica 

Si os soy sincera, cuando verdaderamente he podido descansar y desconectar ha sido cuando me he ido a uno de esos hoteles apartados de todo en los que lo único que puedes hacer —y gracias a Dior— es darte un baño, disfrutar de la tranquilidad, dar un paseo y leer sin estar rodeada de una interminable oferta de actividades. Gábate a fuego esta frase de Patri Psicóloga: «Nuestro cerebro está agotado. Necesita perderse planes para descansar, regenerarse y mantenerse en buena forma». 

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