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Quedarse hasta las mil viendo capítulos de una serie malísima no es desconectar. Es malgastar horas de sueño. FOTO: Cottonbro/Pexels.

Retrasar la hora de irte a dormir sin necesidad

Si solo tuvieras 15 minutos de libertad al día, ¿los gastarías haciendo scroll o viendo series que ni te interesan?

Existe la falsa sensación de que cuando te tiras en el sofá después de cenar reivindicas tu tiempo libre. Es tu pequeña venganza ante un universo que apenas te da un respiro. Pero eso no es desconectar.

Por Patricia de la Torre

5 DE MAYO DE 2026 / 07:30

Imagina una de esos drama carcelarios donde al preso solo le dejan 15 minutos al día para salir al patio. El recluso cuenta los minutos que faltan para llegar a ese instante y ahí disfruta de los rayos del sol, salta, corre o hace lo que en su pequeña celda no le es posible. Son solo 15 minutos, pero son sus 15 minutos. Ahora imagina que ese preso eres tú. Si solo tuvieras 15 minutos de libertad al día, ¿te pondrías a darle al scroll en Instagram? ¿Deambularías por el menú de Netflix probando series malísimas de zombies? Pues eso es lo que haces cada noche: después de un día lleno de obligaciones, aparece ese margen sin demandas… y lo llenas con scroll infinito o te tiras en el sofá a ver capítulos de una serie que no necesitabas ver. Es perder el tiempo antes de dormir.

Podrías irte antes a la cama y disfrutar de esos 15 minutos extra de sueño, pero, en su lugar, los malgastas creyendo que así te vengas de quienes te tiene todo el día esclavizada. Que es tu parcela de libertad. Los expertos lo llaman revenge bedtime procrastination, o lo que es lo mismo: retrasar la hora de dormir para recuperar una sensación de espacio propio. Ahora bien, ¿cuánto hay de libertad verdadera en ese no hacer nada productivo y cuánto es, simplemente, un desperdicio de tu poco tiempo libre?

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En la pasada edición de WeLife Longevidad, la psicóloga Nuria Roure advertía que el estrés crónico nos lo llevamos a la cama. Tanto que hasta durante el sueño ese estrés hace acto de presencia impidiéndonos descansar bien. Una forma higiene del sueño es evitar estar conectados hasta el último momento cuando no es preciso. Y ver reels en la cama no lo es. Nos parece que como ya estamos tumbados, estamos descansando pero es solo una media verdad. El cuerpo sí descansa. El cerebro, no.

Las doctoras Caitlin Chasser y Polly Revaliente, especialistas en sueño y cofundadoras de The Sleep Project, insisten en la mala interpretación que hacemos de ese primer momento del día en el que no tenemos nada que hacer. «Para muchas personas, la noche es el primer momento del día en el que no hay demandas ni responsabilidades». Sentimos que por primera vez en toda la jornada somos dueñas de nuestro tiempo. Que nadie nos va a pedir adelantar un informe o ayudar con los deberes a los hijos. Pero estamos tan cansadas y, a la vez, tan estresadas, que no acertamos a desconectar de verdad. 

Como seguimos suministrando estímulos al cerebro, este no desconecta. Desde el equipo médico de ZEM Wellness Clinic Altea, una clínica especializada en longevidad y bienestar integral, lo explican así: «El simple hecho de estar tumbados sin hacer nada, como podría ser hacer scroll en el sofá, no necesariamente aporta un descanso real». 

Aquí está el primer malentendido: reposo físico no es descanso mental. Desde ZEM lo aclaran: «Estar tumbados no necesariamente significa que estemos descansando mentalmente». Puedes llevar horas sin moverte y seguir con la cabeza en bucle. El scroll distrae. Las series entretienen. El descanso exige otra cosa.

Ya hemos visto que cuando hay picos de estrés, ese cortisol hace acto de presencia incluso en medio del sueño. Tenemos pesadillas, sueños agitados y nos despertamos a media noche y no volvemos a pegar ojo. Meternos en la cama no siempre desconecta el cerebro. «Estar tumbados no necesariamente significa que estemos descansando mentalmente. De hecho, el reposo físico es solo un componente del descanso, pero nuestra mente puede seguir funcionando a gran velocidad, lo que genera lo que se llama estrés mental. A menudo, estamos inmersos en pensamientos, preocupaciones o incluso estimulados por dispositivos electrónicos. Todo esto mantiene a la mente activa. El descanso mental requiere más que simplemente dejar de movernos físicamente. Implica ser capaces de liberar nuestra mente de esos pensamientos continuos y encontrar una forma de centrarla en algo que facilite la relajación y desconexión». 

Esa desconexión cognitiva puede y debe ser placentera. Pero debe ser desconexión real:  leer, escuchar música, algo de meditación… Justo lo contrario de la estimulación constante.

Hay algo casi tierno en ese pensamiento de última hora: me lo merezco. Después de todo el día cumpliendo. Como explican desde The Sleep Project, «después de un día largo, el cerebro busca una recompensa, un momento para sí mismo».

El problema es que esa venganza contra el mundo tira por el camino más facilón… y no nos deja descansar.«El scroll es fácil. No requiere esfuerzo, es inmediato y siempre está disponible». Esa facilidad lo convierte en refugio… pero también en trampa.

El analista de comportamiento especializado en consumo digital, Manav Jain, asegura que este hábito funciona como «una anestesia emocional». El ruido del día se tapa con otro más suave. «Muchas veces no es solo que nos acostemos tarde, sino que dejamos pasar el momento en el que el cuerpo estaba preparado para dormir», señalan la doctora Caitlin Chasser y Polly Revaliente.

Por eso advierten: «Dormir menos de lo que necesitamos de forma habitual aumenta el riesgo de enfermedades, infecciones, aumento de peso y peor gestión emocional». Y entonces llega la mañana. Y pesa. «Lo que empieza como autocuidado puede convertirse en un patrón: acostarse más tarde, dormir menos y necesitar aún más ese momento al día siguiente».

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Quizá no es procrastinación. Quizá es rebeldía. Quedarte despierta se convierte en una forma de recuperar un margen propio. Y cuanto más necesitas ese momento, peor lo estás utilizando.

Como propone Michelle Drapkin, más que eliminar el hábito, conviene entender qué función cumple. «No se trata de menos scroll, sino de menos piloto automático». Desde The Sleep Project añaden que «la clave es encontrar una forma de usarlo que realmente ayude a descansar». Recomiendan redefinir ese tiempo y crear una rutina sencilla antes de dormir. «El sueño no es algo que se pueda forzar. Es algo que se facilita», subrayan. O, como recalca Nuria Roure, «si duermes bien, no tienes que hacer nada para quedarte dormido». 

Desde ZEM aterrizan qué se puede hacer para no perder tiempo antes de dormir y satisfacer esa pequeña chispa de revancha: «La clave está en hacer alguna actividad que nos resulte placentera, pero no una actividad que nos sobrecargue más. Nada de esa estimulación constante que generan las redes sociales. Lo ideal son actividades que impliquen un cambio de ritmo o que generen una pequeña desconexión cognitiva. Esas rutinas sí pueden ser mucho más efectivas para preparar el cuerpo y la mente para el descanso. De alguna forma, el tiempo de descanso más efectivo es el que no solo apaga la mente, sino que también la dirige a algo más reparador, más placentero, sin el ruido de la estimulación digital».

Perder esos minutos previos a meternos en la cama no es venganza. Es tontería. Porque, como recuerdan desde The Sleep Project, «si estamos demasiado cansados para hacer otra cosa, puede ser una señal de que el cuerpo necesita dormir».

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