NO TE PIERDAS Regla del 9: ¿por qué nos planteamos una canita al aire cuando cumplimos años terminados en 9?

A veces no es tanta la necesidad de una aventura de alto voltaje, ni las ganas de cuernos por despecho. Es solo saber que aún 'sigues en el mercado'. FOTO: Cottonbro/Pexels.

Señales de alarma a los 39 y 49

La implacable regla del 9 dispara los escarceos e infidelidades al acercarse la crisis de los 40 y 50

Los cambios de década son momentos de crisis de identidad y de pareja. De plantearse si uno es feliz o puede aspirar a más. De caer en la tentación para comprobarlo.

Por Marcos López

7 DE ABRIL DE 2026 / 14:00

La edad es sólo un número. Aunque hay algunos cumpleaños que afectan más que otros. Como ocurre con los cambios de década, que para muchas personas suponen un momento de crisis de identidad. De replanteárselo todo. Tanto a nivel personal como de pareja. Aumentando, y mucho, la probabilidad de cometer una infidelidad. Silvia Rúbies, directora de comunicación de la plataforma Gleeden en España, nos explica la Regla del 9 de la infidelidad

O lo que lo mismo: por qué hay cierta tendencia a poner los cuernos a los 29, 39, 49 o 59.

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Al cambiar de década, indica la experta, «siempre se presentan toda una serie de dudas. Se hace balance sobre las decisiones que se están tomando, si se está en el lugar en el que se quería estar, si se es feliz, si se espera o se querría más de la vida o, simplemente, nos estamos conformando. Es un momento en el que hay muchas crisis personales, de identidad, que en caso de estar en pareja arrastran también a la relación».

Se percibe la existencia como un tren sin frenos que se precipita a un vacío de rutina y monotonía y se buscan vías de escape emocionales. Cumplir años terminados en 9 se percibe como el final de una era que viene acompañado de miedo, incertidumbre y necesidad de desafío. 

Los datos son reveladores: la edad promedio de las españolas que entran en la plataforma buscando un encuentro íntimo es de 39,39 años. Hablar de la Regla del 9 de la infidelidad no es, desde luego, casual. Es una edad muy similar a las de las mujeres francesas (40,54) e italianas (41,29). 

A los 39 «se entiende que, desde un punto de vista tanto sociológico como cultural, la persona tiene que haber alcanzado ya cierto estatus, haberse realizado de cierta manera y haberse conformado, o no, con ciertas cosas». Y aquí aparecen las dudas.

También sobre si la pareja, que ya está adquiriendo la etiqueta de definitiva, es la adecuada. La infidelidad es «una clara respuesta a la necesidad de evaluar si somos tan felices como creemos serlo, o tendríamos que serlo según los parámetros sociales. O si por el contrario podríamos aspirar a algo más».

Todo podría resumirse, como indica Silvia Rúbies, en una pregunta: «¿Hay alguien ahí fuera que podría hacernos más felices o nos estamos conformando con una vida mediocre?». La cercanía del cambio de década actúa como el detonante para dejarse llevar. Es el momento en el que el o la infiel «se atreve a cruzar estas líneas rojas e intentar buscar más allá de lo que se tiene para ver si estamos en el camino correcto o nuestra vida podría ser mejor». 

En definitiva, si hay una edad en la que se es más proclive a la promiscuidad, es a los 39. «A esa edad si bien se ha jugado lo bastante para no querer arriesgar todo lo conseguido aún hay mucho que ganar, mucho tiempo por delante y una puede arriesgarse. En otras edades aún es demasiado pronto o demasiado tarde. De ahí que sea cuando se produce un mayor número de crisis de identidad y de pareja».

Esta mordida a la manzana prohibida no es exclusiva de los 39.

A los 29, «una edad vista en la sociedad actual como inmadura en lo que refiere a la elección de la pareja con la que se quiere estar», plantearse una infidelidad significa que «quizás tu pareja no es la persona con la que debes estar y tienes que buscar otra».

La crisis de los 50 comienza a los 49. Al llegar a esta edad surgen dudas sobre el devenir de la vida que se suman a la independencia económica y el autoconocimiento. Todo esto facilita una revolución del deseo en busca de emoción y autonomía emocional. 

La ‘canita al aire’ no conoce límites de edad y a los 59 muchas personas buscan fuera del matrimonio una vía de vitalidad, placer y validación. En estos casos no se pretende necesariamente romper con la relación estable de toda la vida. Solo sentir que sigues viva. Recuerda: el mejor sexo no fue el primero, sino el que se vive a partir de los 40.

En definitiva, los replanteamientos vitales ligados a los cambios de década hacen de la infidelidad una respuesta emocional y relacional vinculada al paso del tiempo, la rutina y la búsqueda de felicidad. Muchas mujeres «sentirán que han pasado de ser unas personas sexualmente deseables y activas a ser simplemente madres y compañeras».

Así, el objetivo será «sentirse nuevamente mujeres, deseadas, sexualizadas en el sentido de que pueden atraer sexualmente a nuevas parejas. Y visto que con su compañero de toda la vida, que ya la tiene más que vista, no lo consigue, quieren autodefinirse y volver a recuperar su identidad cometiendo una infidelidad». Estos escarceos no siempre acaban en la cama. Basta con sentir la emoción de que aún se está ‘en el mercado’. 

OTROS TEMAS WELIFE

Por supuesto, esta regla del 9 no es una ley universal. Que vayas a pasar de década no quiere decir, ni mucho menos, que tengas que cometer un desliz. De hecho, hay parejas felices que cumplen bodas de plata y bodas de oro sin plantearse la infidelidad como remedio a sus problemas sentimentales. 

Como apunta Silvia Rúbies, «cada pareja es única y está conformada por dos individuos que también son únicos. Es muy complicado mantener una pareja al 100% cuando uno ya tiene sus propias crisis». La infidelidad no suele arreglarlas. Todo lo más pone un parche o anestesia el dolor, pero no repara. La situación empeora cuando a la crisis personal le acompaña una crisis de pareja. «Llegado el caso, y antes de acometer la infidelidad, es recomendable mantener una conversación con la pareja o acudir a un terapeuta».

¿Y qué pasa con los hombres? ¿No son infieles? Por supuesto que lo son, y a edades más tempranas que las mujeres. Según los usuarios de la plataforma, 37,7 años de media en España, 37,87 en Francia y 40,73 en Italia.

En su caso no pesa la rutina, ni el aburrimiento. Les atrae la adrenalina, el ego y el sempiterno sentimiento de macho cazador. «Necesitan saber que todavía son capaces de estar con otras mujeres», concluye.

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