NO TE PIERDAS Arquitectura para la longevidad: así se diseñan las casas que ayudan a que vivamos más

Espacios ordenados, buena luz y mejor ventilación son clave para que estar en casa no nos robe años de vida. FOTO: Rulo Davila/Pexels.

Arquitectura para la longevidad

Casas para vivir más años, ser el doble de listos y hasta dormir más y mejor

Pasamos casi toda la vida en espacios interiores. Que sean saludables es clave para cumplir más años y hacerlo con salud.

Por Patricia de la Torre

7 DE JUNIO DE 2026 / 08:00

Pasamos buena parte de la vida dentro de edificios. Dormimos, trabajamos, descansamos, enfermamos y nos recuperamos entre cuatro paredes. Sin embargo, cuando hablamos de bienestar solemos mirar primero a la alimentación, el ejercicio o el sueño. Pocas veces reparamos en la casa donde ocurre todo lo demás. La pregunta ya no parece tan extraña: ¿puede la arquitectura ayudarnos a vivir mejor e incluso más tiempo? Así surge la arquitectura para la longevidad. 

No porque una vivienda cure, sino porque puede dejar de poner obstáculos invisibles al bienestar. La arquitecta Ujue Sánchez Rubio e Iker Sada, arquitecto de Life3A y responsable del proyecto Cando Living, respectivamente, recalcan que dormimos mejor o peor según la luz que entra, vivimos más tranquilos o más tensos dependiendo del ruido, el orden o los materiales, e incluso nuestra energía cotidiana puede cambiar según cómo está pensada una casa.

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Cuando se habla de arquitectura para la longevidad, el concepto puede sonar frío o excesivamente técnico. Pero la idea es mucho más sencilla. Tal y como explica Iker Sada, el objetivo no es medicalizar las viviendas: «La arquitectura para la longevidad consiste, precisamente, en promover un estilo de vida saludable y centrado en el bienestar a través del entorno».

Y añade una idea clave que desmonta muchos prejuicios: «No se trata de construir hospitales en casa, sino de diseñar espacios cómodos, flexibles y adaptables que puedan acompañar a las personas a lo largo del tiempo». La premisa es simple: si el entorno reduce fricción y acompaña nuestros ritmos, vivimos mejor. Y probablemente también envejecemos mejor.

La evidencia empieza a apuntar en la misma dirección. El COGfx Study, impulsado por la Harvard T.H. Chan School of Public Health y publicado en Environmental Health Perspectives en 2016, demostró que las puntuaciones de función cognitiva fueron un 101% más altas en edificios sostenibles en comparación con edificios convencionales. Los participantes en entornos con mayor ventilación y menor concentración de COV mostraron un rendimiento significativamente mejor en nueve dominios de la función cognitiva, incluyendo la respuesta a crisis, la estrategia y el uso de la información.

Tendemos a pensar que en casa siempre vamos a estar más seguros que en la calle. Los estudios demuestran que no siempre es así. Una investigación de la Agencia para el Medioambiente de EE UU reveló que las concentraciones de compuestos orgánicos volátiles (COV) en interiores son de 2,5 a 5 veces mayores que en exteriores, independientemente de la ubicación geográfica. Los COV provienen de pinturas, adhesivos, muebles, productos de consumo y aparatos de combustión. La mala ventilación y la alta humedad en interiores exacerban su acumulación.

La exposición prolongada se relaciona con irritación respiratoria, efectos neurológicos, deterioro neurocognitivo y un mayor riesgo de cáncer.

En los últimos años en España se han disparado las alarmas por los posibles efectos cancerígenos del radón. Este gas radiactivo natural procede de la cadena de desintegración del uranio-238 y se acumula en las zonas bajas de los edificios. Al inhalarse se deposita en el tracto broncopulmonar. El Manual de la OMS sobre el radón en interiores advierte que el radón es la segunda causa de cáncer de pulmón en la población general después del tabaco.

Algunas regiones españolas, como la Sierra de Madrid, presenta niveles de radón tan preocupantes que una persona corre menos riesgo en la calle que en la planta baja de una vivienda. «Por eso si la casa tiene ventanas que se pueden abrir, conviene usar la ventilación cruzada. No solo mejora el confort térmico, también renueva el aire», señala Sánchez Rubio. Los sistemas de ventilación mecánica de las nuevas viviendas suelen incorporar filtros anti-radón. 

OTROS TEMAS WELIFE

Habitamos los espacios con el cuerpo mucho más de lo que pensamos. La luz, por ejemplo, no sirve solo para ver mejor: también regula el reloj interno del organismo. Aquí es donde Ujue Sánchez Rubio insiste en la importancia de la orientación de nuestra vivienda. «Los dormitorios funcionan mejor orientados al este para favorecer una entrada suave de luz natural por la mañana, mientras que las zonas de día (salón o cocina) agradecen orientaciones más soleadas», apunta. 

El cuerpo necesita señales claras de cuándo empieza y termina el día. De ahí que Sánchez Rubio defienda «una iluminación adaptada al ritmo biológico: más fría e intensa por la mañana; cálida y tenue al anochecer». Los estudios demuestran los beneficios de incorporar sistemas de iluminación circadiana en entornos reales de oficina y residenciales. Un estudio de 2024 documentó un aumento de 52 minutos en el tiempo total de sueño y una mejora del 9% en la eficiencia del sueño cuando los participantes estuvieron expuestos a patrones de iluminación circadiana optimizados.

El futbolista Marcos Llorente ha puesto de moda lo de iluminar interiores con luz roja al caer la noche. Puede parecer una excentricidad, pero tiene su base científica. Se sabe que las longitudes de onda más largas tienen un efecto más débil sobre los receptores circadianos del ojo. «Los receptores de la retina detectan la luz. Estas células responden mejor a la luz azul, o a longitudes de onda cercanas a la luz azul, y menos a la luz roja», explica S. Justin Thomas, profesor asociado en el Departamento de Psiquiatría y Neurobiología del Comportamiento de la Universidad de Alabama. La luz roja es menos perceptible para el sistema de sueño, por lo que es menos probable que reduzca los niveles de melatonina que otros tipos de luz.

Una investigación de 2025 halló que los sistemas LED enriquecidos con luz azul a 238 lux EDI melanópicos, combinados con iluminación tenue nocturna y con bajo contenido de luz naranja, lograron cambios de fase circadiana diarios de aproximadamente 1,5 horas.

Aquí aparece una de las reflexiones más interesantes de Ujue Sánchez Rubio: muchas veces pensamos que una casa nos gusta o no nos gusta. En realidad lo que ocurre es que nos hace sentir bien o mal. La arquitecta insiste en algo aparentemente sencillo, pero muy revelador: el bienestar empieza con tener todo en su sitio. No desde la obsesión estética, sino desde la funcionalidad.

Cuando faltan espacios de almacenaje, sobran obstáculos o una estancia obliga constantemente a improvisar, aparecen pequeñas dosis de estrés cotidiano. Casi imperceptibles, pero acumulativas.

Y hay otra palabra que Ujue repite durante la conversación: hogar. «Ese lugar donde uno puede, simplemente, vivir a gusto», explica. Es algo que la neuroarquitectura lleva años observando. Texturas, colores, distribución o contacto con la naturaleza pueden influir en nuestra calma más de lo que pensamos.

Otro error frecuente consiste en diseñar viviendas para el presente inmediato y no para cómo viviremos dentro de veinte años. Según explica Ujue Sánchez Rubio, «muchas decisiones arquitectónicas que parecen pequeñas terminan siendo enormes con el tiempo. Sucede con esas viviendas sin desniveles, recorridos amplios, duchas en lugar de bañeras, cocinas donde lo importante esté al alcance de la mano o tecnología fácil de usar». Iker Sada coincide: «La innovación solo tiene sentido cuando simplifica la vida».

Como bien expusieron los expertos en la reciente edición de WeLife Longevidad, a mayores llegaremos todos. Invertir en el bienestar de nuestra casa también es invertir en nuestra longevidad.

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