
La tretinoína que hace años nos curó el acné para siempre, ahora sale al rescate de los signos de la edad. FOTO: Beyzaa Yurtkuran/Pexels
No es magia, pero casi
Cómo la tretinoína pasó de curar el acné a ser el activo antienvejecimiento que recetan los dermatólogos
En la familia de los retinoides es mano de santo contra las espinillas. Menos conocida es su faceta de activo implacable contra los signos de la edad y aliado de la cosmética de la longevidad.
Por Verónica Palomo
17 DE ABRIL DE 2026 / 07:30
La cosmética es la prueba palpable de que aquello que tanto nos costaba manejar en clase de química con aquellas nomenclaturas imposibles tenía su utilidad. Sin ir más lejos la vitamina A es una gran familia de sustancias conocidas genéricamente como retinoides. Como en todas las familias, ni todos son iguales, ni funcionan igual. Y en este clan, el más eficiente es la tretinoína o ácido retinoico, que lo mismo te borra el acné, que te plancha las arrugas como por arte de magia. Sí, como lo lees, la tretinoína es un potente activo antienvejecimiento.
¿Y cómo siendo un ingrediente antiedad tan implacable no tenemos todas tretinoína en la mesita de noche, cual elixir de la eterna juventud? Fácil: es tan potente que solo se dispensa con receta médica.
Un poco de química del retinol y familia
Para que los retinoides hagan efecto en nuestra piel piel, las células tienen que convertirlos en ácido retinoico. O sea, en tretinoína. Si nos aplicamos directamente tretinoína, se pondrá a actuar con toda su fuerza. También, con todo su potencial irritante. De ahí, lo de la receta y necesaria supervisión del dermatólogo.
El resto de la familia de los retinoides tiene que pasar por más o menos conversiones hasta ser tretinoína. Cuantas menos conversiones necesite un producto, más potente será. Y viceversa.
Así, el retinaldehído o retinal, habitual en cosméticos antiedad de alta gama, solo necesita una conversión.
El retinol, tendrá que oxidarse para pasar a retinaldehído, y de ahí, a tretinoína.
Finalmente, los ésteres de retinol, como el Retinyl Palmitate o palmitato, tienen que pasar por tres conversiones. Esto los convierte en los ritonoides más suaves, tolerados por pieles muy sensibles, pero con una acción antiedad limitada.
Con ustedes, la tretinoína
Esta potente molécula se descubrió en los años 70. Quien haya tenido que lidiar con un acné severo seguramente ya tenga el placer de conocerla. Se llama tretinoína y es una forma de vitamina A conocida también como ácido retinoico que nació la controlar la inflamación, obstrucción de poros y los granos en la piel.
A diferencia de su hermano pequeño, el retinol, habitual en las cremas y demás productos antienvejecimiento de venta libre, la tretinoína es directa y contundente. Por eso este activo se le considera el Gold Standard del antienvejecimiento. Un activo tan implacable dentro de las cremas de longevidad que solo se prescribe en la consulta.
Empezó con los granos y acabó con las arrugas
Poco después de comprobarse lo eficaz que la tretinoína era para el tratamiento del acné, los dermatólogos también observaron que la piel no solo mejoraba de las lesiones típicas de esta enfermedad inflamatoria. Se alisaba, se suavizaban las arrugas finas y mostraba un tono más uniforme.
Un trabajo publicado en 1993 en el New England Journal of Medicine (realizado por un grupo de investigadores liderados por el dermatólogo Gary J. Fisher) demostró que la tretinoína no solo prevenía, sino que revertía el envejecimiento. Eureka! debieron pensar al ver que este activo aumentaba la producción de colágeno en las personas que la usaban como antiedad frente a quienes usaban una hidratante común.
Ese trabajo marcó el inicio de la tretinoína en su uso en dermatología estética.
Uno de los activos más eficaces para el antienvejecimiento
En la actualidad es más que probable que sea uno de los tratamientos antienvejecimiento más respaldados por la ciencia. Una reciente revisión publicada en Dermatology Practical & Conceptual volvía a confirmar sus bondades a la hora de actuar sobre los mecanismos de renovación de la piel.
La doctora María Gamo, dermatóloga de Grupo Pedro Jaén, explica que «al inducir la síntesis de colágeno, clínicamente mejora la textura cutánea, reduce la apariencia de las arrugas finas y regula la pigmentación».
Por si fuera poco «actúa sobre uno de los principales mecanismos del envejecimiento cutáneo, inhibiendo la degradación del colágeno tipo I inducida por la radiación ultravioleta. Por este motivo, es uno de los activos con mayor evidencia científica en el tratamiento del fotoenvejecimiento».
Y sigue dando batalla al acné
Tal vez el nombre del principio activo no suene tan familiar como su nombre comercial más famoso: el Roacután. Este fármaco fue, para toda una generación, algo así como el Ozempic antiacné, ese medicamento que marcaba un antes y un después en tu rostro.
La tretinoína se sigue utilizando como tratamiento de referencia para el acné. Tiene acción seborreguladora (regula la producción de grasa) y un efecto comedolítico (limpia poros y espinillas obstruidos) y antiinflamatorio (baja la inflación).
Acción contra el fotoenvejecimiento
Por su acción inductora de colágeno, también se considera el Gold Standard para tratar el fotoenvejecimiento. Eso sí, con un efecto gradual. «Sus resultados dependen de la constancia y de la correcta indicación por parte del especialista. En un uso continuado se puede observar: una disminución de arrugas finas, mejora de la textura y la luminosidad, regulación de la pigmentación y un incremento de la densidad dérmica y de la firmeza», explica la doctora.
Ir de menos a más
Hay una palabra que se repite mucho con los retinoides: tolerancia. La tretinoína como activo antienvejecimiento no es una excepción.
La introducción del tratamiento debe realizarse de forma progresiva. «Se recomienda su aplicación en la rutina nocturna, comenzando con una frecuencia de dos a tres noches por semana», recomienda la especialista. «Lo normal es comenzar con concentraciones bajas (por ejemplo, 0,025%) y ajustar en función de la tolerancia cutánea y del objetivo terapéutico».
La adaptación de la piel será clave durante las primeras semanas: «De manera gradual, y conforme la piel desarrolla tolerancia al retinoide, puede incrementarse tanto la frecuencia de aplicación semanal —sin que sea imprescindible su uso diario— como la concentración del activo. Y siempre que no aparezcan signos de irritación».
En todo caso, «lo importante es que la pauta esté supervisada por un especialista para evitar efectos no deseados».
No la dejes actuar sola
En este proceso, la rutina de acompañamiento es casi tan importante como el propio activo. «Resulta fundamental mantener una adecuada hidratación cutánea», subraya.
La doctora Gamo recuerda que no existe un único protocolo válido para todos los pacientes: «Depende del tipo de piel, de sus necesidades, de si hay o no patologías cutáneas previas (acné, rosácea, dermatitis atópica…), de si la piel es especialmente sensible o reactiva o de si existen alergias a algún elemento».
No todas las pieles la toleran
No estamos ante un producto cosmético. Es un fármaco, y como tal no se puede adquirir sin receta en la mayoría de los países. «La principal limitación de la tretinoína es la irritación cutánea, que se presenta en forma de eritema, descamación, y sensación de ardor. Todo esto puede afectar la tolerabilidad y adherencia al tratamiento» explica María Gamo.
Protección solar: innegociable
La protección solar es otro pilar innegociable del tratamiento. «La tretinoína aumenta la penetración de radiación UVB hasta en un tercio de los casos. Por eso debe usarse simultáneamente siempre con protección solar».
Por último, la dermatóloga concluye que es importante individualizar cada caso: «La valoración médica permite ajustar la concentración, la frecuencia y la combinación con otros tratamientos farmacológicos o cosméticos. También hace posible adaptar la pauta a las características de cada paciente para optimizar resultados y minimizar efectos adversos. El diagnóstico previo y la personalización del tratamiento son clave para obtener un resultado eficaz y seguro».
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