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consumo alcohol y deporte

El famoso 'ahora nos vemos en el bar' dinamita todos tus esfuerzos en el gimnasio y hará que todo lo sudado te cunda mucho menos. FOTO: Olly/Pexels.

Alcohol y deporte, bajo la lupa

¿Y si las cañas de después de entrenar no son tan malas como quedarse sentado en el sofá?

El consumo de bebidas alcohólicas no afecta igual a las personas de hábitos sedentarios y a quienes practican actividad física de forma regular. Aun así, esto no supone barra libre para los deportistas.

Por Silvia Capafons

15 DE ABRIL DE 2026 / 07:30

Los bares próximos a los gimnasios y polideportivos siempre tienen clientela. A cualquier hora, ya sea el café con tostadas del desayuno, el pincho de tortilla de media mañana o las cañas de post entreno. Sí, has leído bien: cervezas después de entrenar. Terminar la ruta en bici, una sesión de crossfit o unos kilómetros de running el fin de semana semana y culminarlo con una cerveza es para muchos algo así como la guinda del pastel. La recompensa al trabajo bien hecho. ¿Y cómo ve la ciencia relacionar el consumo de alcohol y deporte?

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Beber, entrenar e hígado

Una reciente investigación de la Universidad de Indiana publicadas este 2026 en el Journal of Hepatology ha levantado ampollas entre quienes propugnan un consumo nulo de alcohol en toda circunstancia. Este exhaustivo trabajo observó durante más de 12 años el impacto en la salud hepática de los hábitos de vida en más de 60.000 adultos. Como era de esperar, aquellos con dietas basadas en alimentos frescos, proteínas vegetales y bajas en grasas saturadas, azúcares añadidos y consumo de alcohol mostraban una mejor mortalidad a causa de patologías del hígado. 

La sorpresa llegó al analizar el impacto de otro de los grandes pilares de la vida saludable: la actividad física. Se observó que mantener niveles altos de actividad física (150 minutos de actividad moderada o 75 de intensidad alta) puede reducir el riesgo de muerte por enfermedad hepática relacionada con beber entre un 36% y un 69% con respecto al riesgo de una persona sedentaria. Esta especie de ‘atenuante’ era más evidente en mujeres que en hombres.

Lejos de promover el consumo de alcohol post-entreno, los investigadores insisten en que sigue siendo un elemento que daña la salud, pero su impacto será mayor en personas sedentarias que en aquellas que practican deporte de forma regular. Como suele suceder, la vida real no es blanco o negro, sino con una amplia gama de grises. 

A una conclusión similar llegaba este otro estudio publicado en el British Journal of Sports Medicine. Una persona activa que bebe algo de alcohol de forma moderada tiene más probabilidades de vivir más que otra sedentaria que no prueba una gota.

Atenúa, pero no blinda

Antes de seguir avanzando, conviene dejar claro que ningún estudio riguroso sugiere que practicar deporte nos permita tener manga ancha con las cañas de después. En todo momento se deja claro que el alcohol entra dentro de los hábitos poco saludables y puede emplearse como forma de ‘compensar’ ese consumo. Lo que sucede es que el sedentarismo tiene un impacto aún peor a nivel salud. Así lo resume el doctor Eduardo Mauricio Calderón Ledezma, médico internista del Hospital Universitario Hospiten Sur de Santa Cruz de Tenerife: «El escudo después de practicar HIIT o deporte intenso existe sólo como un conjunto de cambios biológicos agudos y de corta duración. No es un blindaje que compense alcohol o conductas de riesgo».

Advierte que el consumo habitual y en altas cantidades acaba haciendo mella en la salud. Por mucho que se entrene, no implica que el deportista tenga un pase libre para el exceso. «A largo plazo suele ganar el alcohol si el consumo es crónico y alto. Induce una inflamación sistémica sostenida (y especialmente hepática) y una elevación de citoquinas proinflamatorias que el ejercicio puede atenuar, pero no neutralizar completamente. Si el consumo es bajo o moderado y el entrenamiento es regular, el perfil inflamatorio basal tiende a mejorar gracias al ejercicio».

El corazón también tiene algo que decir

¿Podemos decir entonces que las cervecitas post entreno son antiinflamatorias? Claramente, no. Como explica el experto, aunque algunos estudios asocian el movimiento con menor inflamación sistémica, los resultados están influidos por sesgos. De entrada, no solo hay que fijarse en el hígado. El alcohol también afecta al corazón.

La American Heart Association señala que tomar al menos tres bebidas al día de alcohol está relacionado directamente con peores resultados en enfermedad cardiovascular.  ¿Estamos forzando el motor al darle picos de esfuerzo y luego otros de toxicidad? «Sí, porque supone estrés cardiovascular doble. Después de una sesión intensiva de cardio, el corazón está en recuperación activa y con demanda metabólica. Añadir alcohol produce un doble estrés que puede desencadenar el llamado Holiday Heart Syndrome o síndrome del corazón festivo: arritmias transitorias, especialmente fibrilación auricular, que ocurren principalmente en las 6-19 horas posteriores a la ingesta».

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Las copas son interferencias

La multitarea es mala para los humanos y también, para el cuerpo. O lo que es lo mismo, si bebemos justo al salir del gimnasio, el cuerpo tiene que decidir si centrar sus esfuerzos en la recuperación o atajar el alcohol. El médico internista del Hospital Universitario Hospiten Sur advierte que hay una ventana temporal especialmente vulnerable: «Las primeras 4 horas después son clave para la recuperación (por la resíntesis de glucógeno, la rehidratación y la síntesis proteica). Y es precisamente cuando el alcohol más interfiere. Beber inmediatamente después de entrenar puede empeorar la recuperación, especialmente tras ejercicio intenso, y aumentar la pérdida de fuerza en las horas posteriores».

Si aun así se va a beber, «dosis bajas (más o menos 0,5 g/kg) probablemente tengan impacto limitado en la mayoría de aspectos de la recuperación».

¿Entonces, qué hacemos? Lo más razonable es priorizar la recuperación (rehidratarse, consumir proteína y carbohidratos) y, si se decide tomar algo, esperar unas horas y limitar cantidad. Y, en todo caso, evitar alcohol si hubo daño muscular importante o si se va a entrenar con intensidad en las siguientes 24–48 horas. Vaciar el bar al terminar un maratón, aunque suene épico, es una pésima idea. 

¡Pero si la cerveza hidrata!

Existe una leyenda alrededor de la cerveza que glosa sus bondades como recuperador deportivo cargado de electrolitos. Y como es bebida, se supone que hidrata. Y ni lo uno, ni lo otro. El alcohol (vino, cerveza y todos los destilados) deshidrata porque bloquea la hormona antidiurética, la vasopresina, cuya función es evitar que perdamos demasiada agua al orinar. «Para rehidratarte necesitas agua y sodio, es decir, sal. La cerveza es muy baja en sodio, muy por debajo de lo que se pierde con el sudor, y el alcohol dificulta que retengas el líquido por su efecto diurético. Las cervezas de más de 4% alcohol empeoran la hidratación», recalca el doctor. La situación es similar si se bebe vino. 

En cambio, la cerveza sin alcohol o con un contenido bajo en alcohol (igual o menor a un 2%) con sodio añadido puede acercarse a una bebida de rehidratación. «Aunque nunca será superior al agua», advierte a modo de conclusión. 

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