NO TE PIERDAS Las mujeres somos diferentes… hasta en los síntomas del infarto

Llevar una botella de agua y beber a lo largo del día es fabuloso, pero no olvides limitar los ultraprocesados y comer más fruta. FOTO: N. Voitkevich/Pexels.

Una razón más para mantenernos hidratados

No ingerir la suficiente cantidad de agua dispara el cortisol, ¿hay que beber más?

La falta de líquidos activa las hormonas que elevan el estrés. Si esa situación se mantiene en el tiempo, podría haber daños en el riñón.

Por Verónica Palomo

3 DE JULIO DE 2026 / 07:30

Cargar con una botella de agua a todas partes (o un bidón recargable con agua del grifo) es probablemente uno de los hábitos saludables que más se ha instaurado entre la población. Tenerla siempre a la vista le recuerda a uno que debe beber más agua a lo largo del día. Beber y consumir de forma regular alimentos ricos en agua, como frutas y verduras, es fundamental para mantenernos hidratados y que el organismo funcione óptimamente. Pero, ¿es posible que beber poco nos suba el cortisol?

Esa es la hipótesis de un recientemente estudio realizado por investigadores de la Universidad John Moores de Liverpool, publicado en el Journal of Applied Physiology. Este trabajo asegura que el organismo de todos aquellos que beben menos de un litro y medio al día despierta una exagerada actividad del cortisol, la hormona del estrés.

A veces, estudios como el mencionado, aun teniendo su explicación biológica, nos pueden provocar una mayor angustia que el mero hecho de no ingerir la suficiente cantidad de líquidos al día. ¿Estamos en riesgo aquellos que nos olvidamos la botella en casa un día sí y el otro también? Le preguntamos al presidente de la Sociedad Española de Nefrología, el doctor Emilio Sánchez, sobre el mecanismo que hace posible que no beber la suficiente cantidad de agua haga que se disparen los niveles de cortisol. Y si deberíamos preocuparnos.

«El cuerpo humano es muy sabio. Cuando detecta que una persona no está bien hidratada, es capaz de desencadenar mecanismos para no perder tanto líquido, por ejemplo, a través de la orina», explica.

El experto añade que «hay unos osmorreceptores en el cerebro que son capaces de detectar si la sangre está espesa por falta de líquido . Si es así, se activa la secreción de una hormona llamada vasopresina, que hace que el riñón reabsorba agua y se orine menos volumen. Por eso esa orina será más concentrada».

En el mismo punto del hipotálamo donde se activa la vasopresina también se activa la señal para producir cortisol. Al activarse esta hormona, por cercanía, también se activa el cortisol, por eso también acabamos teniendo mayores niveles.

¿Y qué consecuencias puede tener esto a largo plazo para la salud renal? El doctor Emilio Sánchez asegura que «el cortisol tiene efectos sistémicos: puede producir aumento de la tensión arterial, más estrés y ansiedad. Con el tiempo, puede favorecer fenómenos cardíacos, ictus y problemas cardiovasculares y renales». En definitiva, el riñón necesita líquido para eliminar toxinas; si no hay agua, puede haber una lesión renal aguda.

Pero hay que tener prudencia al interpretar estos resultados. No se puede afirmar que sufrir estrés está asociado al desarrollo de cálculos renales. «Si uno está estresado, pero lleva una buena dieta e hidratación, el estrés no condicionará las piedras. Al revés, alguien muy tranquilo, pero que no bebe agua va a tener mayor riesgo de sufrirlas». Por eso el nefrólogo advierte que las conclusiones de muchos estudios científicos, aunque tengan sentido fisiopatológico, no se pueden aplicar al 100% de la población.

Desde la Academia Española de Nutrición y Dietética insisten en que no hay una cantidad exacta que todos debamos beber al día. Depende de las temperaturas exteriores, de la actividad física, la edad, el peso, la dieta…  Que el estudio inglés afirme con tanta rotundidad la necesidad de beber sí o sí un litro y medio de agua (o 7 tazas de té, que para eso son británicos) requiere una lectura sopesada.

El nefrólogo, que dirige la Unidad de Gestión Clínica de Nefrología en el HUCA (Hospital Universitario Central de Asturias), no está de acuerdo con generalizar. «El estudio está realizado con 32 personas jóvenes y sanas, por lo que no puedes englobar en sus conclusiones a 8.000 millones de personas ni compararlos con una señora de 80 años con insuficiencia cardíaca. Además, influye el peso: no es lo mismo pesar 50 kg que 110 kg».

Este profesional, todo un referente en la nefrología en España, asegura que es raro el día que él bebe litro y medio de agua. «Sencillamente porque no tengo sed. ¿Por qué? Porque como sano y con poca sal. El mayor inductor de la sed es la sal y los aditivos de alimentos ultraprocesados«, explica.

OTROS TEMAS WELIFE

Además, el estudio solo habla de líquidos, pero ¿y el agua que aportan el calabacín, la sandía o el melón, por ejemplo? Como recuerda el profesional, «si comes medio kilo de sandía, ya estás ingiriendo medio litro más de agua». Para el doctor Emilio Sánchez la recomendación de un mínimo de 2 litros al día no tiene justificación científica de forma generalizada (no hay que olvidar que los 2 litros recomendados por la OMS es un gran mito, ya que la organización nunca publicó esa pauta).

«Una población sana debería asegurar por lo menos 1 litro de líquido total (agua, infusiones, café, fruta, puré, sopa, yogur). Pero depende de cada caso: una señora de 50 kg y 78 años tiene suficiente con 1 litro, mientras que un chico deportista de 90 kg necesita más. También influye el clima: no es lo mismo vivir en Oviedo que en Córdoba a 45 grados».

La recomendación es usar siempre el sentido común y beber según la sed, teniendo precaución con bebés y ancianos, que pierden la sensación de sed o no tienen libre acceso al agua si están encamados.

También hay que recordar que la comida cuenta muchísimo a la hora de alcanzar las cantidades óptimas:

  • Frutas y verduras: sobre todo el calabacín, la sandía, el melón y el tomate.
  • Los purés, las sopas y el gazpacho son fuentes directas de líquido.
  • Lácteos: el yogur, a pesar de tener una consistencia más sólida, también debe ser considerado como agua (lo es entre un 80 y un 90% de su composición).

En resumen, como sostiene el doctor Sánchez, «para alcanzar un nivel razonable de hidratación (que se sitúa en torno a un litro de líquido total para una persona sana promedio) se debe contabilizar tanto el agua y las infusiones como todos estos alimentos vegetales y preparados líquidos que forman parte de la dieta diaria”. La botella es tendencia, pero no obligación. Y si se te disparan los niveles de cortisol es muy probable que sea por otros hábitos.

Salir de la versión móvil