Sentir dolor donde debería haber placer resulta frustrante y puede causar problemas de pareja. FOTO: Tony Anderson/Getty.
El drama de la vagina menguante
«Hay mujeres que piden a su ginecóloga un certificado de que tienen dolor en el sexo para justificarlo ante sus maridos», Adela Muñoz, autora de Postmenopausia
La disminución de los estrógenos afecta a la producción de colágeno y se traduce en flacidez y pérdida de turgencia en la cara. Abajo sucede lo mismo. Y duele con el sexo.
6 DE ABRIL DE 2026 / 07:30
Resulta irónico. Para dar a luz, la vagina llega a multiplicar por 10 su tamaño. Si su diámetro normal se sitúa entre uno y dos centímetros, alcanza los 10 para que salga la cabeza del bebé. Sin embargo, llega la menopausia y encoge. Es la vagina menguante, apelativo enunciado por la química española Adela Muñoz Páez para designar al síndrome genitourinario de la menopausia durante la última edición de ASISA WeLife Menopausia.
No podía ser más acertado. Esa parte exultante de nuestra anatomía durante nuestra etapa fértil se reduce a su mínima expresión al cruzar la menopausia. Y es la responsable, entre muchas otras cosas, de que el sexo produce dolor.
Cuando la intimidad deja de dar placer
En su reciente libro Postmenopausia (Debate), la catedrática titula así el segundo capítulo: La vagina menguante. «El dolor en las relaciones sexuales o dispareunia es uno de los síntomas de la menopausia relegado a las últimas páginas de los libros. Yo quería empezar por ahí. Lo más escondido es que lo que más necesita sacarse a la luz», reflexionaba en su intervención en el encuentro.
Y compartía un ejemplo de lo más chocante. «Sé de mujeres que le piden a su médico un certificado para enseñárselo a su marido y demostrar que tenían dolor, para que ellos no insistieran más».
El tamaño importa: un 50% más pequeña que antes
Volvamos al tamaño. Puede sonar exagerado, pero, es así. Después de llegar a la menopausia, la vagina cambia y lo hace tanto que, según la investigadora, puede disminuir su tamaño hasta el 50%, tanto en diámetro como en longitud.
A esto hay que sumarle otro problema nada desdeñable: como consecuencia de la falta de estrógenos, el colágeno empieza a brillar por su ausencia. Esta proteína, tan fundamental para la salud y aspecto de los tejidos, no solo se pierde, sino que la que fabrica el organismo es de peor calidad.
Lola Ibáñez, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico y colaboradora de Intimina, se refiere a este fenómeno como estenosis vulvar o vaginal. «Cuando el epitelo vaginal adelgaza, las paredes se ponen rígidas hasta casi cerrarse, formando una especie de anillos en la entrada de la vagina que pueden llegar a impedir la penetración», explicó también en su intervención en WeLife Menopausia.
Te presento a tus nuevos genitales
Seamos sinceras: con la menopausia, hay cosas que no vuelven a ser como antes. Y los genitales son una de ellas. Como explica la sexóloga Laura Cámara en su libro Sexopausia (ed. Vergara), «los estrógenos tienen receptores específicos en la vagina, vulva y uretra. Su descenso supone cambios evidentes en los genitales que están bien descritos por la ciencia médica».
A saber: la piel de la vulva se afina; se pierde grasa en los labios mayores y menores y se estrecha la entrada de la vagina. Además, en ésta se produce una disminución de los pliegues vaginales, adelgazamiento de la mucosa y acortamiento del fondo vaginal.
Y encima, menos excitación erótica
Por si su nueva apariencia anatómica fuera poco, también cambia por dentro. Es decir, su respuesta ante los estímulos eróticos tampoco es como era. «El descenso hormonal no ayuda a traducir la reacción a nivel genital. Es decir la respuesta sexual de excitación, lubricación y tumefacción genital no se da de la misma manera», aclara Cámara.
No es una cuestión meramente subjetiva o de sensaciones. Los estudios de Master y Johnson, de los más famosos en este ámbito, estiman que si una mujer premenopáusica, tras un estímulo adecuado, comienza a lubricar entre 10 y 30 segundos después, una postmenopáusica necesitará un intervalo de entre uno y cuatro minutos…
Y suma y sigue, porque también hay mayor dificultad para el orgasmo. Si antes las contracciones vaginales eran de 8 a 10, a partir de la menopausia se quedan en 5.
No es que no quiera, es que duele
Una de las consecuencias más directas de este conjuntos de cambios es la dificultad para la penetración y el dolor con la misma. Algo que, por cierto, y según el libro de Muñoz, solo pregunta un tercio de los ginecólogos (y un 1% de los médicos de atención primaria) a sus pacientes. Es lógico, por tanto, que algunos estudiosos sobre el tema, como el doctor Pintado, pionero en hablar sobre disfunción sexual femenina, lamenten que es «un aspecto desatendido, menospreciado, relegado e ignorado». Interesante, sobre todo cuando se calcula que entre el 60 y el 90% de las postmenopáusicas lo padecerá.
Adela Muñoz insiste en que es importante hablar de todo esto porque hay soluciones que permiten a la mujer seguir disfrutando de la sexualidad a cualquier edad. «Hidratantes, lubricantes, láser vaginal, fisioterapia de suelo pélvico y acudir a una sexóloga», enumera.
Redefinir las reglas de alcoba
Por su parte, Laura Cámara va más allá de estas herramientas. «Si nuestro cuerpo ha cambiado, quizá nuestro sexo debe modificarse también. Además, es mucho más eficaz tratar los síntomas vulvares que los vaginales».
No se trata de bloquearnos solo porque en la menopausia el sexo genera dolor. Ni de obceranos con mantener o recuperar el coito. «La meta sería reducir los síntomas diarios y mantener la calidad de vida para que las mujeres puedan encontrar una manera de desarrollar, potenciar y mantener su placer sexual toda la vida«. Como ella misma dice, la diferencia parece sutil, pero hace que realmente cambie todo. También el dolor al tener sexo.