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Masaje Abhyanga, un corporal completo con abundante aceite caliente, personalizado según tu dosha, que relaja profundamente, mejora la circulación y nutre la piel. Foto: Cortesía Somatheeram.

Y se estudia en la Universidad

Entramos en un centro ayurvédico en la India: así se practica esta forma de sanación milenaria

Una reportera de WeLife vive en primera persona la experiencia del Ayurveda en su lugar de origen. Lo prueba todo… menos que le pongan sanguijuelas.

Por Paka Díaz

4 DE ABRIL DE 2026 / 08:00

Como la mayoría de las personas que conozco, mi idea de la medicina ayurveda es bastante estereotipada. Imagino tratamientos de belleza a base de aceites tibios y mascarillas de arcilla, con una estética entre el spa y el retiro espiritual. Spoiler: aunque por supuesto hay mucho de todo eso, también puedes encontrar mucho centro de ayurveda en la India que nos muestra lo equivocados que están esos clichés.

Justo antes de irme a ese país de viaje, conocí por casualidad a Elsa Ramos, experta en ayurveda. Ella suele regresar a formarse en la India cada cierto tiempo y, al hablar con ella, descubrimos que íbamos a coincidir los mismos días. Cuando le expliqué lo que entendía por ayurveda, sonrió enigmática y picó mi curiosidad al decirme que lo de los tratamientos estéticos era solo la punta del iceberg de una medicina con miles de años de historia.

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Escuchar a Elsa es hipnótico. Sabe mucho y explica de forma clara y cercana. «Ayurveda es uno de los sistemas médicos más antiguos del mundo. Y, al mismo tiempo, uno de los que más crecen», dice.

Entre otras cosas, se utiliza para regular el estrés, la digestión y las hormonas. También para la inflamación, el dolor crónico o las alteraciones metabólicas.

En esta medicina ancestral se usa la observación y el pulso para diagnosticar. Los tratamientos se basan en controlar la alimentación y aplicar activos de las plantas. «También se usan sanguijuelas para afecciones inflamatorias, problemas de la piel, varices, dolor localizado», comenta la experta. Yo me quedo helada y le digo, completamente convencida y mientras un escalofrío me recorre el cuerpo: «Por ahí no paso».

Masaje Shirodhara, que se aplica con un flujo continuo de aceite tibio y es muy efectivo para problemas de Vata, como insomnio, estrés y dolores de cabeza. Foto: Cortesía Somatheeram.

Mumbai, la capital del cine de Bollywood, es una ciudad caótica donde el súper moderno metro convive con los gurús de yoga. Tradición y modernidad se dan la mano con una fascinante naturalidad. Aquí se encuentra la clínica Ayushakti, especializada en tratar problemas de salud crónicos, como trastornos digestivos, afecciones respiratorias, desequilibrios hormonales y dolores articulares.

Además es una escuela de formación a la que acude Elsa Ramos y estudiantes de todo el mundo. Por ella han pasado desde la Madre Teresa de Calcuta, al Dalai Lama o el famoso compositor indio Ravi Shankar.

La CEO y cofundadora de Ayushakti es la doctora Smita Naram, de 63 años y con 37 años de experiencia profesional. Lo primero que señala es que el ayurveda en India se estudia en la universidad, como especialización en las carreras sanitarias. En su caso, en Farmacia.

«Me interesaba mucho desarrollar tratamientos curativos», cuenta. La doctora Naram ha publicado más de 40 estudios en revistas científicas internacionales sobre psoriasis, artritis, problemas respiratorios, obesidad o fertilidad. «Los necesitamos para que Occidente entienda que esto no es una moda, sino un conocimiento con más de 5.000 años. Por eso se considera al ayurveda como la madre de todas las medicinas», señala.

Mientras me lo explica, observo su piel, de una belleza y luminosidad increíbles.

La doctora Smita Naram, de 63 años, CEO y cofundadora de la clínica y centro de formación Ayushakti. FOTO: Paka Díaz.

Una de las herramientas de la medicina ayurvédica es la lectura de pulso. Cuando le pregunto por las sanguijuelas y lee el pánico en mi cara, me explica que se usan para «generar micro extracciones controladas que sirven para eliminar toxinas acumuladas en la sangre y tejidos profundos».

Casi salgo corriendo cuando lo escucho. Pero la doctora me tranquiliza, no piensa usarlas conmigo. En la consulta médica –que, aunque ubicada en un precioso edificio de arquitectura tradicional india no tiene nada de spa, incienso para turistas o música new age–, la doctora me pide que le acerque la muñeca. La lectura del pulso, o Nadi Pariksha, es uno de los pilares del diagnóstico ayurvédico. «Con él sé cómo estás», dice la experta.

Los tratamientos ayurvédicos se realizan con plantas y especias. FOTO: Paka Díaz.

Tras medir el mío, me explica que mis pulmones no están bien, que tienen acumulación de fluidos y no se están oxigenando adecuadamente. «¿Has tenido alguna enfermedad reciente?», pregunta. Mientras asimilo mi asombro, asiento. Acabo de pasar una bronquitis que me tuvo una semana con problemas hasta para caminar. «No está curada del todo», asegura Smita.

Salgo de la consulta con un montón de pastillas que, tras un mes, logran que no se escuche ni un pitido en mi pecho. Eso sí, como efecto secundario voy al baño mucho más de lo habitual. «Eso es porque los tratamientos ayurvédicos tienen un efecto detox», me explica Elsa Ramos cuando le comento.

Un centro de ayurveda funciona como un espacio clínico. Los pacientes toman medicinas de hierbas en ayunas para activar agni, la digestión. Las consultas con el Vaidya, o médico ayurveda, son pausadas, basadas en la observación, además del pulso, de la lengua, los ojos y la respiración.

La cocina forma parte del tratamiento y se adapta a cada paciente.

El abuelo del empresario indio Baby Mathew era vaidya, médico ayurvédico. Y el hombre de negocios se dio cuenta de que en Kerala faltaba un resort-clínica ayurvédico. «Aquí, para dolencias pequeñas, la gente no va al hospital: va al médico ayurveda del barrio. Está en nuestra sangre. Y yo quería ofrecer ese conocimiento al mundo», afirma.

El empresario indio Baby Mathew, fundador de Somatheeram, el primer resort ayurvédico del mundo, por el que han pasado Madonna, Marta Luisa de Noruega o el cantante Al Bano. FOTO: Paka Díaz.

Para ello, creó Somatheeram, el primer resort ayurvédico del mundo, una mezcla de hotel de lujo y centro sanitario que ha ganado 35 premios a mejor centro ayurvédico. Por él han pasado Madonna, Katy Perry, Marta Luisa de Noruega, el cantante Al Bano y medio Bollywood. Aun así, el ambiente sigue siendo sencillo, cálido y, también, de lujo consciente. «Hace 35 años venían extranjeros a tratarse, pero los hospitales no tenían las condiciones que necesitaban. Pensamos en crear un centro de Ayurveda con todas las comodidades en un entorno de naturaleza. Porque esta medicina trata cuerpo, mente y alma», cuenta.

Piscina del resort Somatheeram. Foto: Cortesía Somatheeram.

El lugar es de una gran belleza natural. Somatheeram se sitúa justo frente a la playa de Chowara, en Kerala, y está formado por cuatro recintos, todos en torno a la zona de tratamientos. Me hospedo en una preciosa cabaña con vistas al Mar Arábigo.

En el hotel todo está relacionado con la salud y cada día vas al médico, que pautan tus tratamientos. En los restaurantes sirven cocina ayurvédica vegetariana que debes ingerir según tu dosha. «Con ello, logras mejorar el equilibrio. Eso supone mejorar tu salud», comenta el doctor Binu Hair, jefe médico en el resort.

El doctor Binu Hair, jefe médico en el resort Somatheeram. FOTO: Paka Díaz.

Los doshas son tres energías vitales o biotipos funcionales –Vata, Pitta y Kapha– que rigen la mente y el cuerpo según el ayurveda. Se basan en los cinco elementos, espacio, aire, fuego, agua, tierra, y determinan tu constitución física y personalidad. Si están en equilibrio, gozas de salud, pero si se desequilibran, generan enfermedades.

En mi caso, me explica el doctor que soy una mezcla de Vata y Pitta. «Debes tomar alimentos nutritivos y cálidos, para Vata, pero no excesivamente picante o caliente, para cuidar tu parte Pitta», me explica Binu. Además, me recomienda tomar solo de vez en cuando frutas ácidas, lácteos, pescado y carnes rojas.

Masaje de aceite caliente aplicado con pindas, saquitos rellenos de hierbas y especias. FOTO: Cortesía Somatheeram.

Los huéspedes se pasean por el recinto con una bata color verde que indica que están en pleno tratamiento. En el rostro, la mayoría lleva una mascarilla de color amarillo o parduzco. Sus tratamientos se alargan durante toda la estancia y tienen sus propios accesorios. Por ejemplo, las pindas, unos saquitos de tela de algodón o lino, rellenos de hierbas medicinales, plantas aromáticas, especias y aceites, que se usan en la medicina tradicional india para masajes calientes.

Mi amiga y yo damos buena cuenta de los platos ayurvédicos. Todo está buenísimo y, como a diferencia de la mayoría de los huéspedes, no nos han puesto restricciones dietéticas, nos dedicamos a probar todos los dulces de postre. Eso sí, solo los que son Vata y Pitta.

Platos e infusiones –Vata y Pitta– de cocina ayurvédica. FOTO: Paka Díaz.

Tras asistir a una larga consulta con dos médicos, deciden hacerme un mini tratamiento con aceites y masajes terapéuticos. Mini, porque un Panchakarma auténtico, o sea, el gran proceso de detox ayurvédico, requiere entre 14 y 21 días como mínimo, y siempre bajo supervisión médica.

«Para lograr sus beneficios, mejoras gastrointestinales o de dolores articulares, hay que eliminar la acumulación de toxinas en nuestro cuerpo y eso requiere tiempo», me explica el doctor Binu. «Nada de fines de semana milagro», precisa.

La playa de Chowara, en Kerala, en el Mar Arábigo. FOTO: Cortesía Somatheeram.

El Panchakarma no es un paquete uniforme. «Las terapias se seleccionan según el estado del paciente, su edad, nivel de toxinas y capacidad de eliminación. Y la intensidad se ajusta día a día. Si está fatigado, se frena; si está fuerte, se avanza», comenta el médico.

Me queda claro que los spas reproducen la estética ayurveda, pero no su rigor. «Lo importante aquí es la salud», asegura Mathew. La falta de tiempo me impide realizar un tratamiento completo. Pero las mascarillas me dejan la piel tan luminosa –y son tan baratas–, que me llevo diez para regalar.

La redactora de WeLife probando los tratamientos de Somatheeram, el primer resort ayurvédico del mundo. FOTO: Paka Díaz.

Además, los masajes de aceites acaban con la rigidez que traía, por «estrés acumulado», me advierte el médico. Un fin de semana de escapada ayurvédica ha hecho más por mi piel que todas las lujosas cremas que suelo aplicarme, y siento mi mente está relajada y feliz. «Ten en cuenta que estamos hablando de conocimiento basado en siglos de observación», comenta Mathew. Me prometo a mí misma regresar con más tiempo.

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De vuelta a España, aún ando con dudas y decido hablar con Tina Godhwani, criada entre España y la tradición ayurvédica india, y fundadora de la empresa de cosmética ecológica Real Earth Stories.

«El Ayurveda parte de una idea muy lógica, que cada persona es diferente. No existe una única forma correcta de cuidarse», me cuenta. Tina se formó en cosmética ayurvédica con médicos ayurvédicos, y precisa que trabaja siempre en colaboración con ellos. «En España todavía hay gente que me pregunta si el Ayurveda es una comida o una bebida», confiesa, pero también reconoce que se conoce más, porque «cada vez hay más personas que buscan un enfoque preventivo, integral y sostenible».

Carteles recordándote que has venido a relajar en el resort Somatheeram. FOTO: Paka Díaz.

Los datos respaldan esa tendencia. Según la consultora Grand View Research, el mercado global del Ayurveda tiene un crecimiento anual en torno al 20%. Ya no es nicho, sino una floreciente industria que va más allá de la belleza. «Salud y bienestar están conectados. Cuando aplicas un aceite en el cabello y el cuero cabelludo no solo cuidas la melena: calmas el sistema nervioso, activas la circulación, y reduces el estrés», afirma.

No se queda ahí. «El Ayurveda no tapa síntomas, busca el origen. Observa la digestión, el sueño, las emociones, el estilo de vida. Y propone cambios realistas, no dogmas», explica Godhwani. «Por eso, aunque milenario, es sorprendentemente actual», concluye.

Quizá el mayor error occidental, comprendo tras mi viaje, es querer convertirlo en un producto de consumo rápido. En la India aprendí que el Ayurveda no es algo que te haces, sino algo que vives.

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