Europa no tiene prisa por meter los exosomas en una jeringuilla. FOTO: Yankrukov (Pexels).
De 'basura celular' a santo grial de la longevidad de la piel
La verdad sobre los exosomas inyectables: del entusiasmo comercial a las limitaciones
No se trata de coger el activo y meterlo en una jeringuilla. Aún falta mucho por avanzar en la investigación.
Por Amor Sáez
9 DE JULIO DE 2026 / 07:30
De creer que eran ‘basura celular’ en los años 80 a convertirse en el santo grial de la medicina regenerativa en la década del 2000. Últimamente, no hay Congreso de Medicina Estética en el que no se hable de ellos. Su estudio científico data de los años 80, cuando se creía que eran pequeñas vesículas (30-150 nm) que las células expulsaban, motivo por el que se llamaron exosomas. «Desde principios del siglo XXI se vio que su contenido se centraba en proteínas, lípidos y ARN. Y se vio que, en realidad, eran señales químicas de comunicación intercelular», describe Petra Vega, médico estético, miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME).
En 2007 se descubrió que contenían ARN mensajero y micro ARN: «Esto se traduce en que son pequeñas moléculas con capacidad de regenerar a otras células«, añade la médico estético Mar Mira.
A partir de entonces se les considera una potente herramienta para la reparación tisular, combatir la inflamación, regenerar las células madre, proteger y reconstruir la barrera cutánea, tratar la dermatitis atópica y emplearlos en terapias inmunomoduladoras.
Exosomas inyectables: cuándo y cómo
Aunque en oncología ya hay estudios con mayor peso científico (la comunicación entre las células es vital para desarrollar o frenar las células del cáncer), otras especialidades, como la medicina estética y la dermatología, han visto que tienen un potencial regenerador similar a las células madre, pero sin los riesgos de estas, como es el rechazo inmunológico. De ahí el auge de los cosméticos regenerativos con exosomas.
«La industria cosmética se ha dado cuenta de que, debido a su pequeño tamaño y su fácil paso por los fluidos, son una vía ideal para vehiculizar de forma muy eficaz los principios activos. Se usan para rejuvenecimiento facial, caída del cabello o tras tratamientos abrasivos como láser, peeling, cicatrización, etc.», detalla la doctora Vega.
Que nadie se lleve a engaño: aunque su potencial es enorme —son una de las grandes promesas de la regeneración celular—, todavía están en fase de investigación.
Para uso tópico… de momento
«En Europa, de momento, solo tenemos exosomas de origen vegetal, obtenidos de las células madre de la rosa de Damasco, principalmente. A día de hoy, los exosomas tienen categoría de cosméticos», aclara la doctora Mira.
En este punto, la médico estético Petra Vega es tajante: «Actualmente, según la AEMPS (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios), los únicos productos autorizados con exosomas son los obtenidos de vegetales y lo son como cosméticos, es decir, para uso tópico. Ninguna agencia de regulación (FDA, EMA) los ha aprobado para otra vía a día de hoy».
En la práctica, se están utilizando preparados cosméticos que combinan exosomas con otros activos como ácido hialurónico, péptidos biomiméticos, polinucleótidos o NAD+ (nicotinamida adenina dinucleótido). «Actualmente, muchos de estos productos se encuentran regulados como medical device o producto sanitario, pero todavía están en un periodo de validación clínica y regulatoria», puntualiza la doctora Mira.
¿Por qué son el activo de moda?
Los exosomas tienen dos importantes funciones a su favor. En primer lugar, son excelentes mensajeros celulares. En segundo lugar, estimulan, de verdad, la producción de colágeno y elastina.
«Lo interesante y relativamente novedoso de los exosomas es que no actúan como un ingrediente clásico destinado únicamente a hidratar la piel, ni como un bioestimulador tradicional, como pueden ser el ácido poliláctico o la hidroxiapatita cálcica, sino que funcionan como auténticos mensajeros celulares», explica la doctora Mar Mira. Este papel, a nivel oncológico, los hace útiles para detectar enfermedades y monitorizar tumores, entre otras cosas.
«El hecho de ser comunicadores celulares ha demostrado (todavía de forma incipiente, no sólida) su eficacia en terapias dirigidas para cáncer, inflamación, cicatrización y regeneración», explica Petra Vega. ¿Y a nivel estético? «Favorecen procesos de reparación y regeneración cutánea. En cierto modo, abren la puerta a una medicina estética con un enfoque más biológico y celular», asegura la doctora Mira.
Además, gracias a su capacidad de comunicación entre las células, estimulan la producción de colágeno y favorecen la angiogénesis: «Es decir, la formación de nuevos vasos sanguíneos. Además, modulan la inflamación y combaten el estrés oxidativo». Esto los convierte en un gran potencial contra el envejecimiento celular.
También tiene ‘peros’
No es oro todo lo que reluce y hay profesionales que no los ven con buenos ojos. De entrada, porque falta todavía evidencia científica y ensayos clínicos amplios. «Lo cual implica que tampoco hay evidencia sobre su seguridad», advierte la doctora Vega.
Aunque su tamaño y fuente de obtención sí están definidos, «existe una falta de estandarización sobre su contenido (pueden portar virus o transmitir alteraciones celulares o mutaciones). Amén de que el hecho de ser capaces de potenciar la comunicación celular los convierte en potenciales estimuladores de cualquier tipo de célula, incluidas las oncológicas», añade la médico estético Petra Vega.
Categoría de cosmético, no de fármaco
A día de hoy, los organismos reguladores son claros: los exosomas tienen categoría de cosmético, no de fármaco. En otras palabras, su uso debe limitarse a la aplicación tópica en la epidermis, no infiltrada. «Hemos de dejar claro que la aplicación tópica o cosmética significa que no se atraviesa la capa profunda de la piel», aclara la doctora Vega.
Esto no quita para que tengan un papel relevante en el cuidado cutáneo. «Por ejemplo, después de procedimientos fraccionados ablativos o semiablativos (láser fraccionado CO2, microplasma fraccionado, láser pixel), por su efecto regenerativo de la piel y su capacidad para mejorar la respuesta al tratamiento. También en pieles sometidas a estrés crónico o desequilibradas, como pieles sensibles, piel opaca, piel áspera y seca, y pieles fotoenvejecidas. Sus efectos antiinflamatorios podrían ser útiles también en pieles atópicas, con rosácea o acné, para mejorar el componente inflamatorio de estas patologías. Y también tiene efectos en alopecia al potenciar la proliferación celular», detalla Mar Mira.
Directa a la diana
Sin embargo, las expertas coinciden en que su gran ventaja y potencial está en atravesar la barrera cutánea para poder llegar de forma más exacta, eficaz y precisa a la ‘diana’. «El formato inyectable, en teoría, tendría la ventaja de llegar directamente a la dermis, donde están los fibroblastos, los vasos sanguíneos y estructuras implicadas en la reparación tisular, permitiendo además una dosis más precisa y controlada», vaticina la doctora Mira.
Todas las esperanzas actualmente parecen estar puestas en la posibilidad de su aprobación de forma inyectable. Esta práctica ya se está realizando en algunas clínicas de EEUU. «Una de las grandes diferencias respecto al uso tópico es el potencial del formato inyectable. Mientras que los productos aplicados sobre la piel dependen de atravesar la barrera cutánea (algo limitado, aunque pueda mejorar tras procedimientos como láser o microneedling), un tratamiento inyectado llegaría directamente a la dermis, donde se encuentran los fibroblastos, la matriz extracelular, los vasos sanguíneos y muchas de las estructuras implicadas en la reparación y regeneración de la piel», explica la doctora Mira.
Meses e, incluso, años
Para esta experta, el formato inyectable permitiría trabajar a los médicos con dosis más precisas y controladas, y definir exactamente el plano, el volumen y los puntos de aplicación. «En teoría, esto podría traducirse en un mayor impacto sobre la calidad de la piel y una indicación más independiente, más allá de utilizarse como complemento tras otros procedimientos», añade. Pero lo cierto es que el uso de los exosomas inyectables todavía se encuentra en fase de estudio y validación.
«Aunque existe mucho interés alrededor de esta tecnología, todavía necesita recorrer un camino regulatorio y científico importante antes de consolidarse plenamente dentro de la medicina estética. Para que un tratamiento de este tipo llegue a aprobarse y utilizarse de forma más estandarizada, debe superar distintas fases: estudios preclínicos, ensayos clínicos de seguridad, eficacia y controles regulatorios», advierte. Y esto supone un ‘escollo’ importante porque no es lo mismo aplicar un producto sobre la piel que administrarlo en tejido subcutáneo.
«Si hablamos de su uso inyectable, el nivel de exigencia debe ser mucho mayor: esterilidad, trazabilidad, origen del material biológico, composición clara, controles de lote, estudios de seguridad e indicación autorizada para ese uso concreto», añade la doctora Petra Vega. Un proceso que puede prolongarse durante meses o incluso años. De manera que, aunque se trata de una tecnología prometedora y con un enorme potencial, todavía está en fase de validación clínica. La doctora Mira recuerda que en medicina estética el entusiasmo comercial suele avanzar más rápido que la evidencia científica y la regulación.