Tampoco hay que volverse paranoicos con los microorganismos que viven sobre la esterilla de yoga. Basta con limpiarla al acabar cada sesión. Namasté. FOTO: Cottonbro/Pexels.
Entrenar, estirar y limpiar
Infecciones cutáneas por bacterias, hongos y virus: los peligros que esconden tu esterilla de yoga y la toalla del gimnasio
Pese a su aspecto inofensivo, el material de yoga puede albergar sobre su superficie diversos microorganismos patógenos. Un dermatólogo explica los riesgos para la piel si no se limpian bien.
Por Silvia Capafons
22 DE ENERO DE 2026 / 14:00
La esterilla de yoga nos puede llevar a un estado de relajación y mindfulness muy deseable. Pero también, a la consulta del dermatólogo con un sarpullido. Y aquí no tienen nada que ver los chacras. Es cuestión de higiene: el material de yoga (esterillas, tacos, toallas…) también acumula suciedad. Y hay que limpiarlo regularmente.
Con la pandemia nos acostumbramos a limpiar con minuciosidad los aparatos del gimnasio. Han pasado cinco años y hemos relajado. Error: el mat de yoga o pilates, los tacos y hasta tu propia toalla albergan millones de microorganismos llegados a través del sudor, algún estornudo o una exhalación intensa. El doctor Alejandro Martín-Gorgojo, dermatólogo de la Clínica Dermatológica Internacional, venereólogo y miembro del Grupo Español de Dermatología Estética y Terapéutica, explica los riesgos.
Ojo con las superficies porosas
Un artículo publicado en Frontiers in Microbiology analizó equipos en gimnasios y encontró que las superficies compartidas pueden albergar comunidades bacterianas ricas en cepas humanas, incluyendo Staphylococcus spp. y otros microorganismos. Las superficies porosas de las esterillas tienden a retener más carga microbiana que las que no lo son, como puedan ser las propias máquinas o el suelo liso.
Aunque sean de material plástico, su superficie irregular da cobijo a hongos y bacterias que quedan atrapados en sus pequeñas fisuras. De ahí la importancia de deseinfectarlas regularmente. No por estética. Es por salud.
Los peligros para tu piel que el ojo no ve
El doctor Martín-Gorgojo apunta que «estos microorganismos pueden permanecer activos en superficies húmedas o textiles durante horas o incluso días. Especialmente si hay sudor o restos biológicos». Y calor y humedad, precisamente, abundan en los centros deportivos y gimnasios, estudios de yoga y no digamos en los de hot yoga.
El Staphylococcus aureus (que causa la mayoría de infecciones por estafilococo), «puede sobrevivir durante meses si se dan condiciones para su persistencia», añade el experto. Pero el repertorio de bichitos en los gimnasios es mucho más nutrido: «Pueden encontrarse virus, como el herpes simple, bacterias, como la mencionada Staphylococcus aureus, y hongos, como los del género Trichophyton, causantes de tiñas como el pie de atleta».
Desde tiñas hasta verrugas
La lista de infecciones cutáneas por usar una esterilla sucia es larga: impétigo, forúnculos, foliculitis, tiña, verrugas víricas… «Las infecciones se transmiten sobre todo por contacto directo piel con piel o por fómites (toallas, bancos, esterillas)», añade.
Aunque el riesgo existe, no hay que caer en el alarmismo que se ve en redes sociales que especula con la posibilidad de contraer el virus del papiloma humano y con él, verrugas genitales al usar un sillín sucio de bicicleta. Esta infección es poco probable. «El riesgo es bajo. Lo que sí se han descrito son casos aislados de verrugas plantares por contacto con suelos húmedos, lo que se puede prevenir usando chanclas y evitando caminar descalzo en las instalaciones», añade el dermatólogo. Esto incluye, naturalmente, pasear descalzos por el estudio de yoga o Bikhram.
Tu toalla también se lava
Antes y después del trabajo en la esterilla, lo ideal es pasar un papel impregnado en solución desinfectante. Hay quien pasa de esta medida y coloca una toalla sobre el mat como alternativa. Pero si no la limpiamos después de cada uso, puede ser peor el remedio que la solución.
«Una toalla reutilizada sin lavar puede actuar como vector de contagio», advierte el especialista venereólogo. «Siempre que sea posible, la toalla conviene lavarla con agua caliente. Máxime si se ha estado en contacto con superficies compartidas o hay sospecha de infección». Si eres de las que guarda la toalla de un día para otro sin sacarla de la bolsa del gym, ya puedes ir olvidando ese hábito.
Las manos, quietas
Por muchas ganas que tengas de comer al acabar de entrenar, recuerda que antes hay que lavar bien las manos con agua y jabón. Si no es posible, tirar de gel desinfectante.
También conviene evitar tocarse los ojos, la boca o la cara durante y después. Por supuesto, nada de compartir toallas, maquinillas ni otros objetos personales y mantener una buena higiene con la ropa deportiva.