NO TE PIERDAS Rosácea pasados los 40, otro de los efectos que deja la menopausia

Tener una piel impoluta en la menopausia no es misión imposible. Y no es solo por el envejecimiento cutáneo. La rosácea también se une a la fiesta. FOTO: Cottonbro/Pexels.

Otro síntoma más en esta etapa vital

El rubor que nadie quiere en sus mejillas: cómo lidiar con la rosácea que aparece con la menopausia

No es señal de estar acalorada por los sofocos, ni que te pongas roja como una adolescente por cualquier cosa. Tu piel acusa los cambios hormonales y le ha abierto las puertas a la inflamación crónica.

Por Verónica Palomo

23 DE MARZO DE 2026 / 07:30

En el imaginario de la belleza clásica existe un retrato de mujer que se repite desde hace siglos: la piel luminosa, clara y con mejillas delicadamente sonrosadas. El ideal de la llamada English Rose que evoca una tez etérea, fresca y con un rubor en las mejillas que parecen como encendidas. Aunque hayan pasado los siglos, ese concepto sigue vigente bajo nuevas tendencias, como el pink aging, que buscan ese brillo rosado que asociamos con vitalidad. De hecho, asociamos la piel perfecta a cierto estatus y a una vida saludable. Sin embargo, no todas las mejillas sonrosadas reflejan salud y juventud. Es más, mientras algunas mujeres se desviven por encender sus mofletes, otras, especialmente adultas entre 30 y 50 años, combaten con una condición dermatológica compleja y que puede afectar bastante a su calidad de vida y autoestima: la rosácea. Y, sí, la rosácea empeora en la menopausia.

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La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que afecta principalmente la zona central de la cara: mejillas, nariz, frente y mentón. Se caracteriza por un enrojecimiento y sarpullido, aunque también pueden aparecer pequeñas dilataciones vasculares (líneas rojas) debajo de la piel. No en vano, antes de que considerara un problema del sistema inmune, se pensaba que era un trastorno vascular.

Cuando aparece la rosácea en la menopausia y perimenopausia puede confundirse con el rubor o encendido que provocan los sofocos en muchas mujeres. Pero la rosácea es mucho más que ponerse roja (aunque esos sofocos pueden ser un detonante a la hora de sufrir un brote, si ya se padece). Es una respuesta inmunitaria que da como resultado una piel hiperreactiva, con inflamación crónica de bajo grado, una barrera cutánea debilitada y una tendencia a sufrir brotes en situaciones que normalmente no ocasionarían ninguna reacción. Entre ellas, los síntomas típicos de la menopausia, como los sofocos, pero también cambios de temperatura, alcohol, el sol, productos de cosmética demasiado irritantes, etc.

«La relación entre menopausia (especialmente la perimenopausia) y rosácea es más frecuente de lo que pensamos», explica la doctora Lara Victoria, especialista en medicina preventiva y estética. «Muchas mujeres experimentan el debut o un empeoramiento notable de los síntomas durante esta etapa. La principal causa es la disminución de los niveles de estrógenos, que favorece especialmente un subtipo de rosácea que denominamos eritematotelangiectásico (en el que se observa un enrojecimiento persistente y vasos visibles)», señala la especialista.

En mujeres sin ninguna patología o problema dermatológico previo, la caída de estrógenos influye ya suficientemente en la inflamación cutánea, pero esto es aún más común en pieles con rosácea. «Sabemos que los estrógenos regulan la función vascular, la barrera cutánea y las respuestas inflamatorias. Por tanto, su descenso va a aumentar la reactividad de los vasos sanguíneos, promoviendo así una vasodilatación más frecuente y un empeoramiento de la inflamación crónica», detalla la doctora Victoria.

Los sofocos, un síntoma clásico de la menopausia, actúan como detonantes de la rosácea. Como explica la especialista en medicina estética, «durante estos episodios hay una vasodilatación súbita y una liberación de mediadores inflamatorios que activan los vasos ya hipersensibles. Esto provoca un flushing intenso, brotes de pápulas (pequeñas elevaciones de la piel) y mayor enrojecimiento».

Varios estudios dermatológicos confirman que estos episodios vasomotores se correlacionan con un aumento transitorio del flujo sanguíneo facial y una mayor liberación de citoquinas inflamatorias, explicando la exacerbación de los síntomas en mujeres menopáusicas. Sin olvidar, como recuerda la doctora, que «a todo ello se suma la posible disminución de la actividad de la enzima DAO (diaminoxidasa), encargada de degradar histamina. Una menor actividad de DAO durante la menopausia puede generar intolerancia histamínica, intensificando el enrojecimiento y la inflamación».

Por otra parte, la terapia hormonal sustitutiva no siempre ayuda en estos casos, ya que puede tener efectos variables: «En muchas mujeres estabiliza los sofocos y reduce el flushing, mejorando la rosácea. En otras (especialmente con estrógenos conjugados orales o combinados) puede aumentar el riesgo o empeorar los síntomas», indica la experta.

La especialista enumera otros factores frecuentes en la menopausia juegan un papel importante en los brotes:

  • Estrés: Es unactivador clásico de rosácea. Libera hormonas inflamatorias (cortisol) y agrava el flushing. El estrés emocional o crónico de la menopausia pueden exacerbarlo.
  • Cambios en el sueño: El insomnio o sueño fragmentado (común por sofocos nocturnos) aumenta la inflamación sistémica y reduce la capacidad de reparación cutánea, favoreciendo brotes.
  • Alteración de la microbiota: Hay evidencia de disbiosis intestinal en la menopausia, un desequilibrio de las bacterias intestinales debido a los cambios hormonales. Esto puede contribuir a la inflamación sistémica y cutánea. Una microbiota alterada se asocia con una mayor permeabilidad intestinal y unas respuestas inflamatorias que empeoran la rosácea.
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Para los casos de rosácea que aparece o empeora en esta etapa de la vida de la mujer, la especialista recomienda abordarlo con un enfoque específico para piel menopáusica, más allá de cremas calmantes básicas. «Hay que priorizar la restauración de la barrera cutánea (con la aplicación de hidratantes con ceramidas), la utilización de antiinflamatorios tópicos (como el ácido azelaico, ivermectina, metronidazol), vasoconstrictores para el flushing y terapias láser/luz (como IPL o láser vascular), que son muy eficaces para el eritema persistente y las telangiectasias (las arañitas vasculares)», detalla la doctora Lara Victoria.

Todo ello hay que combinarlo con una dieta antiinflamatoria, la ingesta de probióticos y una buena gestión de estrés. Si procede y así lo recomienda el especialista, comenzar con la terapia hormonal sustitutiva (THS) o con una suplementación DAO (exógena, quercetina), que ofrece resultados óptimos y duraderos.

Los problemas de la piel, independientemente de la edad que se tenga, siempre son complicados para la autoestima. Pero lo importante es saber que no estás sola.

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