Los efectos secundarios de la terapia hormonal siguen sorprendiendo a los científicos. Y esta vez es para bien. FOTO: Cottonbro/Pexels.
EFECTOS INESPERADOS
La salud ocular y mental, las otras grandes beneficiadas de la terapia hormonal en menopausia
Aunque su principal indicación es tratar los sofocos y el síndrome genitourinario, la administración de estrógenos ha demostrado con creces (y ciencia) que puede prevenir algunas patologías del ojo.
21 DE ABRIL DE 2026 / 07:30
Los efectos colaterales no siempre son negativos. Ni mucho menos. El caso de la terapia hormonal de la menopausia es uno de los que mejor ilustra esta afirmación. La comunidad médica lo considera el tratamiento más eficaz para los síntomas vasomotores (sofocos, sudores nocturnos…) y el síndrome genitourinario. Que, por cierto, son dos de los signos más comunes —y molestos—. De hecho, la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM) afirma con rotundidad «que no hay alternativa que lo iguale en eficacia».
Pero su alcance va más allá. «Al estudiar su acción, se ha visto y comprobado que cuenta con numerosos beneficios añadidos y no siempre tan conocidos», asegura la doctora Natalia Gennaro. La ginecóloga, que participó, como ya es habitual, en el último encuentro ASISA WeLife Menopausia, insiste en que es importante tanto para la mujer como para el profesional de la salud tener claro que la terapia hormonal sustitutiva logra mucho más que paliar los sofocos. «La salud ocular y la mental son otros de los grandes beneficiados», sostiene la experta.
Menor tensión ocular…
Durante su intervención, Gennaro explicó que la evidencia científica respalda estos efectos positivos. «En concreto, se sabe que la terapia con estrógenos reduce la presión intraocular y el riesgo de glaucoma de ángulo abierto. También disminuye el riesgo de degeneración macular neovascular».
Un estudio publicado en 2024 en IOVS (Investigative Ophtalmology and Visual Science) asocia su administración con una edad de inicio más tardía en casos de glaucoma. Algo más que interesante, dado que las mujeres postmenopaúsicas, al margen de su edad, tienen una presión intraocular superior (de 1,5 a 3 mm Hg más) que la de aquellas que con su misma edad tienen aún la regla.
También se ha comprobado que la terapia hormonal puede contrarrestar el daño en las células de la retina, lo que apoya la hipótesis de que esos estrógenos extra pueden retrasar la aparición del glaucoma.
… y más lágrimas
La administración de terapia hormonal también se ha relacionado con mayor lubricación en el ojo. Un beneficio colateral a tener muy en cuenta. Ya que, según el Instituto Dexeus de la Mujer, el síndrome del ojo seco —provocado por la falta de humectación y lágrimas— es muy frecuente entre las mujeres que han entrado en menopausia.
En concreto, un 64% de ellas afirma padecer las consecuencias de esta patología que van desde irritación ocular leve a enrojecimiento, sensación de quemazón, incomodidad, fotofobia y visión borrosa.
Despejar la niebla mental
La otra gran beneficiada de la administración de hormonas en menopausia es la salud cognitiva. «Al fin y al cabo —sostiene la doctora Gennaro—, la pérdida de atención, de concentración o de memoria no tienen que ver tanto con la edad como con la pérdida de estrógenos».
Esta es la principal razón de que los tratamientos con estrógenos y progesterona mejoren la sensación de niebla mental. Incluso puedan prevenirla. También se ven mejoradas la irritabilidad, ansiedad y el estrés.
Estos sentimientos aparecen de forma más acusada con la entrada de la menopausia por esa pérdida de hormonas. «El sistema nervioso es como un vaso de agua: al perder estrógenos, se hace más pequeño. Por tanto, no le puedo poner ya la misma cantidad de agua (problemas, prisas, preocupaciones…) porque se desbordará antes. Pero si le añado hormonas en forma de terapia, recupera espacio para gestionarlo bien de nuevo», ejemplifica la experta de ASISA.
La ventana de oportunidad
Sin embargo, Gennaro recuerda que, por más que se conozca y se haya demostrado la eficacia de estos tratamientos a la hora de, por ejemplo, prevenir la demencia, el Alzhéimer o mejorar la salud ocular, «no hay ninguna sociedad médica que promueva su uso para este fin». Es decir, no dejan de ser es efectos colaterales, que, por muy beneficiosos que sean, no bastan para prescribir la terapia solo para mejorar la salud visual.
Para prescribir la terapia, la paciente debe contar con otra serie de síntomas —vasomotores y genitourinarios, principalmente— que afecten de forma notable su calidad de vida.
Además, es importante otro aspecto. Para sacar partido de la acción preventiva de las hormonas, han de administrarse dentro de los 10 primeros años después de entrar en menopausia. «Es lo que se conoce como la hipótesis de la ventana crítica: solo en ese tiempo hay oportunidad de aprovechar su función para prevenir ciertas patologías. Pasado ese tiempo, cuando las células ya están deterioradas, no tiene ningún sentido», aclara la doctora. Una vez más queda claro que es mejor prevenir que curar.