Adiós a la pesadilla de pasar dos horas en la peluquería para retocar raíces y quitar canas. FOTO: RDNE/Pexels.
Dramas cotidianos con el tinte
Misterios de la coloración capilar: cobrizos que duran un suspiro y canas teñidas en tiempo exprés
Los peluqueros tienen las respuestas a las preguntas que siempre planteamos al teñirnos el cabello. La clave está en la innovación en las fórmulas químicas.
2 DE FEBRERO DE 2026 / 14:00
Teñir las canas cada mes es una pesadilla para millones de mujeres. Casi tanto como mantener bien el color. Durante los años en que fui pelirroja, luché con todas mis fuerzas por mantener digno el color. Me atormentaba pensar que el color del cabello no me duraba. Estaba vivo y luminoso al salir de la peluquería, pero tristón y pajizo varios lavados después. Recuerdo todos los meses las palabras de mi peluquera como una condena: «Es que los cobrizos se escupen más rápido».
El concepto ‘escupir’ para referirse al pelo siempre me ha resultado demasiado frívolo. Da cringe, que dirían los de la generación Z (expresión que añado a mi diccionario gracias a mis amistades intergeneracionales). Tardé en entender que la coloración es una alquimia de abrir y cerrar la cutícula para que entren los pigmentos, que hay pigmentos más gordos que duran más y que lo de teñir cada mes con un tinte con amoníaco en vez de aplicar un baño de color no es buena idea.
¿Tinte o baño de color?
Es la pregunta del millón. Tendemos a pensar que el baño de color dura menos y que el tinte será la opción acertada. Pero es una verdad a medias, la clave está en qué queremos colorear, si un cabello de otro color, o simplemente, uno que anda con el tono mortecino. «Un tinte cualquiera lleva amoníaco y un oxidante. El amoníaco levanta la cutícula del cabello para que entren los pigmentos. También se usa un oxidante que hace que esos pigmentos se hinchen dentro de la fibra capilar. Yo los comparo con globos: se hinchan dentro del pelo y es lo que hace que recién teñidas el color se vea tan intenso”, explica Helga Bruguera, Education Manager de Schwarzkopf Professional.
Pero nada dura eternamente y, poco a poco, se van deshinchando. «Cuando el globo es grande, no puede salir hacia afuera, no cabe. A medida que se deshinchan, se va perdiendo pigmento. Es lo que hace que el color degrade».
En el baño de color no se usa amoniaco, sino un porcentaje bajo de monoetanolamina. «No abre la cutícula, se queda en la superficie del pelo. Por eso no aclara, no oscurece, ni cubre las canas. Es el producto ideal cuando no buscamos modificar el color, sino reavivarlo», añade la experta en formación.
El drama de los cobrizos que no duran
Peo volvamos a mi antiguo mini drama de falsa pelirroja. Siguiendo con la metáfora de los globos, Bruguera explica que en los tonos pelirrojos «esos globos alcanzan un tamaño más pequeño al hincharse. Por eso tienen tendencia a escaparse antes. Con los castaños no pasa, ya que esos globos se hinchan alcanzando un tamaño mayor”.
¿Y ahora qué? De entrada, nada de teñir cada dos por tres, que solo agravará el problema. La solución profesional pasa, en primer lugar, por evitar la porosidad del cabello. «Si tienes un cabello muy poroso, muy estropeado, la puerta está muy abierta. Por grande que sea el pigmento, tal como entra, sale. Por eso recomendamos baño de color si no vamos a cubrir las raíces», añade.
Y, por supuesto, «aplicar tratamientos de salón o en casa que ayuden a que ese cabello se regenere. Cuanto más sellada esté la cutícula, más durará el color».
Igualar el color en raíces y puntas, el otro microdrama
Otro error habitual es ir a la peluquería para cubrir las canas y pedir que luego ‘nos bajen el color a puntas y medios’. María Roberts, peluquera profesional y embajadora de color Schwarzkopf Profesional, señala que «muchas clientas rechazan el baño de color porque creen que el color no quedará igual que la raíz. Y es un riesgo real si ambos productos no comparten la misma numeración».
Para evitar ese desastre, «Schwarzkopf Professional ha desarrollado tres líneas de coloración distintas con la misma numeración», explica. De esta forma se pueden colorear los cabellos con productos distintos según la necesidad de cada tramo del cabello, con la certeza de que el color será absolutamente igual.
«En las raíces puedes poner Igora Royal, que es coloración permanente; o Igora Color 10, que cubre la cana en 10 minutos; y completar con Igora Vibrance, el baño de color que aporta matiz y brillo», explica esta colorista.
El mito de Sísifo son las canas
Y esto nos lleva al dilema de las canas, el eterno drama de Sísifo en versión beauty que nos encadena a muchas a pasar un par de horas por la peluquería cada mes. Y cuanto más teñimos, más sequedad. «Si solo quieres cubrir la cana, ¿qué necesidad hay de estar media hora con el tinte cuando puedes hacerlo en 10 minutos?», reflexiona Roberts
La clave está en la arginina, un acelerador del tinte. «Y ese es el secreto de Igora Color 10, que consigue una cobertura del 100% de la cana en 10 minutos». Esta colorista confiesa que muchas clientas aprovechan la hora de la comida para retocar las raíces y volver a la oficina sin canas.
Resucitar el color en casa
Como buena profesional y conocedora de las escabechinas que se pueden hacer con un tinte doméstico mal aplicado, Roberts insiste en confiar el color solo en manos de expertas. Otra cosa es darle un empujoncito entre visita y visita al salón. «Para mantener el color en casa, podemos usar una mascarilla de color semipermanente, como Chroma ID”, explica.
Este producto tiene todas las propiedades de una mascarilla: aporta hidratación, suavidad y cierra la cutícula. «Además, refresca el tono entre las visitas al salón porque deposita pigmento sobre el pelo. Esto permite incluso espaciar más las visitas porque el color no degrada tan rápido». Aquí los pigmentos no penetran en el cabello, sino que «se quedan adheridos a la parte externa. Es decir, se irán yendo con los lavados».
No cubre la cana, pero la ‘emborracha’, ese término poético que emplean los coloristas para definir esa coloración suave que logra, por ejemplo, la henna. Y , de paso, atenúa la premura por pedir cita con tu colorista favorita. «En el salón podemos incluso personalizar la mascarilla para que se aproxime lo máximo posible a tu color. Por ejemplo, mezclar un rojizo con marrón».