
Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Entre otras cosas, saber pedir perdón a tiempo, por mucho que cueste. FOTO: Sucesión. Cortesía HBO.
Una disculpa a tiempo mejora al equipo
Los jefes también se equivocan, aunque no siempre saben pedir perdón (y deberían)
Decir 'lo siento' cuando eres líder cuesta. Pero es una herramienta esencial para fomentar el buen ambiente dentro de la plantilla.
Por Paka Díaz
31 DE MARZO DE 2026 / 14:00
Los jefes (y las jefas) no son unicornios. Como todo el mundo, se equivocan. Pueden tomar una decisión rápida en una reunión y después descubrir que no era la mejor. O quizá contestar con demasiada brusquedad. O descartar una idea que, días después, resulta que era bastante buena. Si son conscientes del error cometido –cosa que no siempre ocurre–, les toca decidir si pedir disculpas o mirar hacia otro lado.
Muchos líderes eligen lo segundo. Y no es casualidad. Pedir perdón, saber pedir disculpas, sigue siendo una de las habilidades más difíciles dentro del liderazgo. Sin embargo, puede ser una de las más poderosas. No solo para mejorar el ambiente del equipo. También para dormir del tirón por la noche porque perdonar y pedir perdón ayuda a bajar el cortisol.
Disculparse, ¿es cosa de débiles?
Según explica Hiroshi Uchida, autor del libro El arte japonés de pedir perdón (Ed. Newton Compton), la principal razón es bastante humana: el orgullo. «Muchos líderes creen que disculparse hará que los demás los vean como débiles o que perderán autoridad», explica. «Temen que admitir un error les coloque en una posición de desventaja».
Ese miedo se mezcla con otra idea muy extendida: que pedir disculpas equivale a admitir derrota. Como si decir ‘me equivoqué’ fuera incompatible con dirigir un equipo. El problema es que ocurre justo lo contrario. «Un jefe que nunca pide disculpas suele transmitir otra cosa muy distinta, que cree tener siempre la razón. Y eso genera desconfianza», apunta Uchida.
Un líder en constante evolución
En realidad, una disculpa bien hecha tiene un efecto inmediato: humaniza al líder. «Cuando alguien recibe una disculpa sincera, casi siempre siente confianza y buena voluntad hacia esa persona», señala Uchida. Además, cambia la percepción que el equipo tiene de su jefe.
Un líder que se disculpa demuestra algo importante, que es capaz de revisar sus decisiones. En otras palabras, no impone su criterio a cualquier precio, sino alguien que reflexiona, evalúa y rectifica cuando hace falta.
Ese matiz es fundamental para construir confianza. Porque si el equipo percibe que su jefe es capaz de reconocer un error, también creerá que es capaz de reconocer una buena idea, aunque no sea suya.
Fomentar la confianza en el entorno profesional
Existe una paradoja interesante: los líderes más respetados suelen ser los que no temen equivocarse. «Aceptar que los errores forman parte del trabajo abre una puerta importante», indica el experto japonés. Asumir las equivocaciones permite algo que muchas organizaciones necesitan desesperadamente, un ambiente donde la gente pueda hablar con honestidad.
«Cuando un líder toma la iniciativa de disculparse, los miembros del equipo también empiezan a preguntarse: ‘¿Yo también podría haberme equivocado?», explica Uchida.
Ese pequeño cambio, además, mental tiene un efecto contagioso. La jerarquía se vuelve menos rígida, la comunicación mejora y el equipo empieza a funcionar de forma más abierta.
No siempre tenemos la respuesta correcta
El método que propone Uchida para aprender a disculparse empieza por algo que parece muy simple, aunque quizá para muchas personas no lo es tanto: aceptar que equivocarse es normal. Parece obvio, pero no lo es. Muchas personas, y especialmente quienes ocupan puestos de responsabilidad, desarrollan la sensación de que deben tener siempre la respuesta correcta.
Cuando aceptamos que los errores son inevitables, ocurre algo curioso, que aparece espacio mental para reflexionar con calma.
Según Uchida, ese espacio mental es clave para el liderazgo. Permite reaccionar con serenidad, escuchar mejor a los demás y evaluar situaciones sin ponerse a la defensiva. O sea, hace que el líder sea más lúcido.
Los sabios piden perdón
Durante mucho tiempo se ha asociado pedir perdón con debilidad. Pero en el liderazgo ocurre exactamente lo contrario. Disculparse bien demuestra tres cosas importante, que tienes autoconciencia, sentido de la responsabilidad y respeto por los demás.
Además pedir perdón tiene un efecto benéfico inmediato, ya que desactiva el resentimiento. Sin embargo, cuando un problema no se reconoce, suele quedarse flotando en el ambiente durante semanas. A veces meses. Una disculpa, en cambio, puede cerrar el episodio en minutos.
Cambiar la cultura del equipo
Para Uchida, «la clave está en el ejemplo. Si un CEO o un jefe quiere crear una cultura donde los errores se conviertan en aprendizaje, el primer paso es sencillo… y valiente. Disculparse».
Por ejemplo, reconociendo delante del equipo que durante mucho tiempo ha visto las disculpas como algo negativo. Ese gesto suele producir algo inesperado, alivio. El equipo siente que el error no es una condena, sino una oportunidad de mejorar. Así, poco a poco, se crea una dinámica nueva.
Un liderazgo más humano
Al final, liderar no consiste en tener siempre razón. Consiste en tomar decisiones, escuchar, aprender… y a veces rectificar. Saber pedir disculpas no solo fortalece al líder. También fortalece al equipo. Reduce tensiones, mejora la comunicación y crea entornos donde las personas pueden trabajar con más confianza.
Y además tiene un beneficio personal nada despreciable.
Porque cuando uno reconoce sus errores, se responsabiliza de ellos y trata de hacerlo mejor la próxima vez, Uchida destaca que pasa algo bastante simple. Te vas a la cama con la conciencia más tranquila. Y acabas durmiendo y descansando mucho mejor.
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