NO TE PIERDAS Por qué hay personas que nos caen mal con solo verlas

Cuando alguien te cae rematadamente mal en la primera cita, luego cuesta una enormidad reconocer que no es para tanto. Hasta que es buena gente. FOTO: Pexels.

Por qué cuesta tanto dar una segunda oportunidad

No te conozco, pero ya me caes mal: la maldición de la primera impresión

Hay gente que, sin ninguna razón, te cae fatal nada más verla. Y por mucho que te demuestre ser maravillosa, es muy difícil cambiar esta primera mala impresión. La respuesta está en tu cerebro.

Por Marcos López

23 DE FEBRERO DE 2026 / 07:30

Lo has escuchado un millón de veces: la primera impresión es la que cuenta. También se dice que no hay una segunda oportunidad para dar una buena primera impresión, ese nanosegundo donde decidimos si una persona podría estar en el saco de posibles amigos o va directamente al saco de personas que nos caen mal. Puede ser por cómo viste, cómo hablar, su tono de voz, sus ideas respecto a un tema concreto… Has decidido que no hay química y no hay vuelta de hoja. Es lo que se conoce como la maldición de la primera impresión. Son esos prejuicios, estereotipos sociales o concepciones equivocadas que no es imposible de borrar, pero cuesta cambiar de opinión tras un primer mal comienzo. 

Ana Belén Cruz Cruz, psicóloga clínica del centro ViBood Psicología, explica que «el cerebro realiza evaluaciones automáticas y muy rápidas para orientarse socialmente. En apenas unos segundos formamos una idea de la otra persona a partir de señales superficiales como la apariencia, los gestos o la voz. En este proceso intervienen sesgos cognitivos como el efecto halo, que consiste en generalizar rasgos positivos o negativos a partir de una sola característica llamativa. Por eso, estas impresiones iniciales pueden ser poco precisas o incluso erróneas».

TE PUEDE INTERESAR

Hay momentos en los que es mejor no racionalizarlo todo y dejarse guiar un poco más por la intuición. Pero no es el caso: la primera impresión no es la que cuenta. El problema es cómo superar esa idea preconcebida que te lleva a tachar de tu lista de ‘personas que te caen bien’ a tal o cual persona. Y no es nada fácil. «Una vez formada, la primera impresión suele quedarse fijada porque el cerebro la toma como un punto de partida. A nivel cognitivo, resulta más sencillo mantener esa idea inicial que revisarla. Es lo que se conoce como efecto de primacía».

Por ponerlo en palabras fáciles de entender, tu cerebro, tan tozudo como orgulloso, no quiere reconocer que se había equivocado. Y utilizará para ello todas las herramientas a su alcance. Incluido el famoso sesgo de confirmación. Como continúa la experta, «tendemos a fijarnos más en la información que confirma lo que ya pensamos y a pasar por alto la que lo contradice. Esto hace que cambiar esa primera percepción resulte especialmente difícil».

Malpensar acerca de alguien funciona como una especie de coraza protectora para evitar crearnos demasiadas expectativas con alguien. Por eso cuesta más superar la maldición de la primera vez cuando esa primera impresión ha sido negativa. Si era inicialmente positiva y acabó resultando errónea, ya la cambiarás cuando te lleves el primer palo. O el segundo. O el tercero, que todo el mundo tiene un límite. Pero como haya sido inicialmente negativa, tu cerebro se enrocará y continuarás desconfiando de esa persona. De alguna forma, es también la inseguridad de la primera vez que lastra tu relación con esa persona.

En palabras de Ana Belén Cruz, «suele ser más difícil cambiar una primera impresión negativa que una positiva. Esto se debe a que el cerebro da más peso a la información negativa como una forma de autoprotección ante posibles daños, especialmente emocionales. Por eso, desconfiar suele resultar más fácil que revisar ese juicio inicial. Incluso cuando la otra persona muestra conductas positivas, la desconfianza puede mantenerse durante más tiempo».

OTROS TEMAS WELIFE

Pero ha llegado el momento de cambiar la actitud. De dar una oportunidad a esa persona cuya sola presencia te pone de mal humor, aunque sigues sin conocerla de nada. La clave está en apelar a la racionalidad y no dejarse llevar por la intuición. Como destaca la psicóloga clínica, «para dejar de lado una primera impresión errónea es importante tener en cuenta que ese juicio inicial es rápido y puede no ser fiable. Cambiarla implica frenar esa valoración automática y darse tiempo para conocer a la persona con más calma».

Abordar nuestras relaciones sociales desde una perspectiva más abierta y alejada de los clichés, facilita no encasillar al de enfrente de forma prematura en un lugar donde no le corresponde. Puede ser pija, pero adorable; tener una risa estruendosa y ser una persona muy culta; o pertenecer a la generación Z y no estar obsesionado con las compras. La lucha contra la maldición de la primera impresión, concluye la psicóloga clínica, «implica prestar atención a toda la información que vamos recibiendo, sin quedarnos únicamente con los datos que confirman la primera idea formada. Este proceso requiere una actitud consciente y abierta para revisar lo que pensamos». Es un primer paso para ampliar y enriquecer nuestro círculo social.

Salir de la versión móvil