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Chica joven pensando en la religiosidad

Tras años de exaltación de la individualidad, los más jóvenes buscan respuestas en su parte más espiritual. FOTO: Breno Cardoso/Pexels.

Alma, energías o sentido vital

La nueva religiosidad encandila a los más jóvenes: se busca seguridad y pertenencia frente a la epidemia de soledad

Tras años de exaltación del consumismo y de la cultura de los logros individuales, los más jóvenes buscan respuestas en el plano espiritual. Pero, sobre todo, necesitan sentirse parte de algo más grande.

Por Abigail Campos

8 DE ENERO DE 2026 / 14:00

¿Son los jóvenes de ahora más religiosos que la generación de sus padres? Y, de ser cierto, ¿qué explica esta nueva religiosidad? En la Universidad de Northeastern, en Boston, la profesora de Religión, Liz Bucar, comienza cada semestre lanzando una pregunta a sus alumnos de la generación Z. ¿Sois religiosos? La mayoría responde que no. Pero las manos sí se levantan cuando les pregunta si hacen meditación, lecturas del tarot o si creen en un poder superior.

Mientras eso sucede, Rosalía lanza un disco a tope de espiritualidad que da la vuelta al mundo, ataviada con toca de monja en la portada. El influencer Pablo Garna, con look de actor de Hollywood, se hace seminarista y revoluciona las redes. La película Los domingos, de Alauda Ruíz de Azúa, habla de una chica que se quiere meter a monja de clausura. Y un 15 % de los jóvenes se reconocen católicos practicantes en 2025, según el CIS, mientras que el porcentaje era del 9 % en 2009. La conclusión parece salir sola: los jóvenes están volviendo a la religión. O, al menos, a la espiritualidad. 

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Búsqueda de la divinidad o una mera conexión

La profesora Bucar descarta en sus redes que los jóvenes estén intentando encontrar a Dios. Y su interpretación es sorprendente: «Creo que se trata de encontrar un motivo para presentarse. Con otras personas. A propósito», sentencia. Es decir, que no es tanto religión como compartir un propósito o una actividad con otras personas. 

¿Podemos entonces encontrar elementos equivalentes entre ir a un festival de música, participar en una carrera popular y hacer activismo por el cambio climático con participar en ritos religiosos tradicionales? Dafne Cataluña, fundadora del Instituto Europeo de Psicología Positiva, cree que pueden tener elementos en común. «En psicología hay dos aspectos básicos que son similares. El primero es el sentimiento de pertenencia. Cada vez hay una mayor sensación de soledad familiar. Estamos muy aislados, muchos vivimos lejos unos de otros, y necesitamos construir espacios donde compartir algo en común. Y queremos que, además, sea saludable. Y estos espacios suelen ofrecerlo», explica la experta.

¿Por qué estamos aquí?

El segundo aspecto es el sentido vital, el para qué. «Algunos de estos espacios o actividades no son especialmente saludables, como ciertos activismos, pero aun así generan un sentido de propósito, la sensación de estar aquí para contribuir a algo grande, a algo que perdure más allá de nuestra propia vida. Tanto el sentimiento de pertenencia como el sentido vital son extremadamente potentes en la psicología humana. Y desde ahí veo que tienen mucho en común».

Por su parte, José Antonio Alcoceba Hernando, profesor de Sociología de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, cree que es cierto que «ante la creciente propuesta individualista que ofrece el neoliberalismo como marco para la socialización y la autorrealización, los jóvenes tratan de buscar espacios de socialización grupales. Aunque no sé si la religiosidad se experimenta en espacios como las iglesias o lugares de culto, o se vive de forma más individual», apunta.

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¿Religiosos o espirituales?

El reciente Barómetro sobre Religión y Creencias en España de la Fundación Pluralismo y Convivencia revela que en los jóvenes españoles se da una aparente paradoja: solo el 25% de las personas entre 25 y 34 años se consideran religiosas, cifras que caen hasta el 15% entre los 18 y los 24 años. Sin embargo, el 45% cree en la existencia del alma y el 40% en ciertas formas de energías.

Para el profesor Alcoceba, la respuesta puede residir en «la desinstitucionalización que se viene produciendo entre las generaciones juveniles y la falta de vinculación identitaria con las instituciones sociales, entre las que se encontraría la Iglesia. Al mismo tiempo crece un sentimiento de autorrealización individualista, que se canaliza en un crecimiento de la espiritualidad». 

Como un traje a medida

En su consulta, la psicóloga Dafne Cataluña asegura encontrarse con muchas personas que desean sentir y vivir la espiritualidad, «pero que no están de acuerdo con todas las prácticas religiosas del catolicismo. En especial, aquellas relacionadas con la culpa o el castigo. Estas prácticas generan cada vez más distancia y son menos aceptadas, al menos entre los pacientes que yo veo», detalla, asegurando que nota que los jóvenes tienen la mente más abierta a la hora de vivir la espiritualidad de formas muy diversas. Algo frecuente es, según detalla, que cada vez valoran más tener una vida auténtica.

“Muchos pacientes llegan con una sensación de vacío, insatisfacción, ansiedad y la impresión de estar atrapados en un bucle del que no pueden salir. En esos procesos, nos damos cuenta de que buscan volver a una vida más auténtica, en la que reconocen que la felicidad aparece en los momentos compartidos con otras personas —familia, amigos— y en los pequeños detalles del día a día, no en las grandes cosas. Están comprendiendo cómo el consumismo y la búsqueda constante de logros conducen a un vacío existencial».

Lo tradicional como signo transgresor

En otra vuelta más de tuerca, Alcoceba Hernando plantea otro escenario. Aunque los rituales religiosos resulten poco atractivos para los jóvenes, la vuelta a los valores tradicionales también puede ser vista como una «forma de transgresión» que triunfa en las redes sociales. «Es decir, algunos jóvenes encuentran en el refuerzo de valores tradicionales como la religión una especie de rebelión, que antes se presuponía de los jóvenes de izquierdas», concluye.

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