NO TE PIERDAS Este es el momento ideal para ducharte después de entrenar

Fuiste víctima en el pasado, pero eso no te define como persona. Ha llegado el momento de rescribir el relato de tu vida. FOTO: Надежда Мустафаева / Pexels.

Salir del rol de víctima

Ana Galán, psicóloga: «Superar un trauma no es cuestión de voluntad: es corporal»

Cuando algo ha dolido tanto como para dejar huella, el sistema nervioso permanece alerta. Es su forma de protegerse. Pasar página implica cambiar el relato que te haces de tu propia historia

Por Patricia de la Torre

28 DE ENERO DE 2026 / 14:00

«No repetimos la historia porque queramos, sino porque nuestro sistema nervioso sigue funcionando como si el peligro aún estuviera presente». La psicóloga especializada en trauma, Ana Galán, lo ve cada día en su consulta: personas atrapadas en relatos internos que les duelen, pero que repiten una y otra vez, aunque deseen dejarlos atrás. Pero superar el trauma de un evento que nos convirtió en víctima no es tan sencillo. Cambiar la forma en que nos vemos no depende solo de querer hacerlo. No es una cuestión de voluntad. Hay cortafuegos generados por nuestro sistema nervioso que sabotean ese intento de pasar página. 

TE PUEDE INTERESAR

Desde una visión psicológica, muchas de las historias que repetimos («no soy suficiente», «todo me sale mal», «algo falla en mí») no son pensamientos al azar. Son traducciones mentales de un cuerpo que sigue en modo supervivencia. Como detalla Galán, el trauma no solo deja una marca emocional o cognitiva, sino que altera el funcionamiento del sistema nervioso. «Cuando algo nos sobrepasó emocionalmente y no pudimos procesarlo, el cuerpo aprendió una forma de estar en el mundo para protegerse», afirma.

Esa protección, sin embargo, puede convertirse en una cárcel narrativa. Lo que en un momento fue adaptación, con el tiempo se vuelve limitación. Y aunque la persona desee cambiar, si su sistema nervioso no se siente seguro, cualquier intento de transformación se vive como una amenaza. «El principal obstáculo para cambiar no es cognitivo, es corporal», asegura Galán. Muchas personas entienden racionalmente lo que les pasa, pero su cuerpo no se siente preparado para soltar lo conocido. Por eso, enfoques como el pensamiento positivo o la autoexigencia intelectual a menudo generan más frustración que alivio. Pensar que todo ya ha pasado no quita para que al pasar por el lugar donde todo sucedió te entre un escalofrío.

Como insiste Galán, «el cuerpo se calma desde el cuerpo, no desde la mente». Este matiz lo cambia todo: si la respuesta fisiológica no se modifica, la narrativa interna tampoco puede transformarse de forma estable. De ahí que muchas personas, aunque lo entiendan todo a nivel racional, sigan repitiendo los mismos patrones emocionales. No se trata de pensar mejor, sino de sentirse a salvo. Solo desde un sistema nervioso regulado es posible abrirse a nuevos significados sin que el cambio active el pánico o la desconfianza.

En ese sentido, Galán trabaja desde una perspectiva integradora con base somática. Utiliza herramientas de regulación del sistema nervioso, conciencia corporal y técnicas como el IFS (Internal Family Systems). El objetivo no es solo «pensar diferente», sino que el cuerpo entienda que está en un entorno seguro y se permita una nueva narrativa interna.

TE PUEDE INTERESAR

«El primer paso no suele ser entender más, sino sentirse a salvo para mirar», afirma Galán. Superar el trauma y reinterpretarte fuera del rol de víctima pasa por reescribir tu historia. No como perdedora, sino como alguien a quien le pasó algo, que dolió y ya pasó. La intención es clara: hackear a tu sistema nervioso. Cambiar el relato no empieza preguntándonos «qué me pasa», sino «qué me pasó y cómo me afectó». Esa es, para ella, la verdadera puerta de entrada a la transformación. No se trata de revivir el dolor, sino de validarlo y contenerlo con seguridad.

Solo cuando el cuerpo empieza a sentirse seguro, la mente puede dejar de luchar y resignificar su historia. Es entonces cuando muchas personas descubren que no estaban rotas, sino que simplemente se estaban adaptando. Desde ahí, reescribir la historia se vuelve no solo posible, sino inevitable.

OTROS TEMAS WELIFE

Aunque no siempre seamos conscientes, hay señales emocionales que indican que el relato que nos contamos ya no nos sirve. Sensación de estancamiento pese a que ‘todo está bien’, repetición de relaciones dolorosas, cansancio crónico, hipervigilancia o vivir en piloto automático no son fallos personales. Son alertas de un sistema nervioso desbordado que pide una nueva narrativa.

OTROS TEMAS WELIFE

Asumir el rol de protagonistas de nuestra historia no es culparnos, es recuperar la capacidad de elegir. Como recuerda Galán, en muchas historias de trauma no hubo opción, solo adaptación. «El rol de víctima no es una identidad, es una consecuencia». La verdadera responsabilidad no se ejerce desde la exigencia, sino desde la compasión por lo que nuestro cuerpo hizo para sobrevivir. 

Y aunque reescribir una historia personal puede sonar a cliché, en términos neurobiológicos y terapéuticos, es una realidad tangible. Cambiar la perspectiva cambia la vida, pero no desde el intelecto, sino desde una sensación profunda de seguridad y presencia.

Salir de la versión móvil