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Cada pieza de ropa que acaba en nuestro armario tiene un impacto sobre el planeta. The New Society lo cuenta hasta con decimales. FOTO: The New Society (AW 2026).
Sinceridad en un jersey
Estefanía Grandío lleva años apostando por el slow fashion tras The New Society. Acaba de lanzar su primer perfume y charlamos con ella sobre el impacto de la moda en el planeta.
Por Salomé García Gómez
4 DE OCTUBRE DE 2026 / 08:00
Estefanía Grandío es menuda e inquieta. Mientras da los últimos toques a la floristería que sirve de escenario para la presentación del lanzamiento de su primera fragancia, Late August Eau de Parfum. Nos invita a probar un cóctel de frutas —con y sin alcohol— mientras las notas olfativas a higo y cítricos de su propuesta olfativa inundan el espacio. Ella sonríe, saluda y mira de reojo el reloj de cuando en cuando. "Es que ahora viene mi hija del cole", apunta azorada cuando se lo comento.
La maternidad, pero, sobre todo, el impulso por hacer moda de otra manera le llevaron a crear en 2018 su propia marca, The New Society. 'Cada prenda que sale de nuestros talleres ha pasado por manos que eligieron la belleza frente a la rapidez, y la dignidad frente a los márgenes. No es una estrategia: es nuestra manera de estar en el mundo', reza su declaración de principios. "No me gusta hablar de sostenibilidad. Busco algo más. Pero, sobre todo, sinceridad", añade.
Antes de embarcarse en su propia marca había pasado por Inditex (Zara, Oysho y Massimo Dutti), Scalpers y Hugo Boss. Experiencias profesionales exigentes donde aprendió los entresijos del negocio y confirmó que un buen diseño puede quedar arruinado si se ejecuta con un material ramplón o no se cuenta con un taller donde mimen cada prenda. También que los tejidos tienen un impacto ambiental. "Hay mucho de greenwashing en ese discurso de lo sostenible. Yo solo busco que mis materiales estén certificados, tanto si es un algodón orgánico o un poliéster reciclado", señala dejando caer que el impacto cero no existe.
Cada prenda que sale de su atelier lleva la impronta de Estefanía Grandío. Es ese slow fashion que se diseña a fuego lento, sin la presión de la moda pronta, ni del lujo que obliga a lanzar extravagancias cada seis meses para no perder el favor mediático. Sus colecciones son atemporales, bien hechas para durar muchas temporadas. "Para mí la calidad del material es casi una obsesión. De alguna forma, parte de nuestra memoria está en el tacto. Cuando tú tocas algo suave o tienes ese contacto con algo que te gusta, perdura. Y sé que mi clienta también lo valora. Por eso uso mucho lyocell, lanas, todo va lavado... Busco tejidos que transmitan emociones al contacto con la piel, que respeten al que crea la prenda y a quien la va a llevar".
Más allá del patrón, el tejido adquiere el máximo protagonismo en cada prenda. "Aprovecho el propio volumen y el movimiento del tejido para dar vida a cada creación. No es un jersey o una chaqueta. Son historias", explica.
En su afán por lograr tejido con tridimensionalidad trabaja con proveedores de Portugal, España, Italia, Francia.... "Todo el hilo de tricot y circular, o sea, las camisetas, sudaderas y jerseys, son de hilo portugués. Los jeans son portugueses o de Textil Santanderina, que está en Cantabria. Lanas y lyocell son también portuguesas y luego, para todo lo que es sastrería o lo que es más armado, sin duda, Italia".
El lema de The New Society es 'Designed in Spain. Crafted in Portugal'. "En España no quedan apenas fabricantes textiles. Quedan pequeñas empresas que mantienen cierta capacidad para hacer muestrario, pero luego fabrican en serie en Marruecos. El punto sí que lo confeccionamos en España. Antes lo hacía en Portugal, pero he localizado proveedores aquí y ahora trabajamos en España".
El cierre de muchos talleres textiles en las dos últimas décadas, incapaces de competir en precios con la gigantesca maquinaria textil china, hace inviable el sueño de una producción kilómetro cero. O al menos, de minimizar la huella de carbono de cada colección. "Lo hemos intentado todo, pero te encuentras con muchas complicaciones con los pocos talleres que quedan. Tienen poca capacidad y te entregan tarde, o, de repente, tienen mucha demanda y te suben los precios. Quedan aún algunos en Cataluña, pero por proximidad profesional me viene mejor Portugal".
Trabaja con pequeños talleres, esos que cuidan la calidad y el detalle de cada una de las prendas. Casi como antaño. Con ellos mantiene una relación próxima y sincera. "La sostenibilidad es mucho más que una camiseta de algodón orgánico. También es cuidar a tus proveedores. Cuando son pequeños talleres cercanos puedo visitarles en cualquier momento si hay un problema. Es algo que aprendí cuando trabajaba en Inditex: si tienes un problema con un proveedor en Asia, tienes que cruzarte medio mundo para reunirte con él", alega.
Pocas veces nos paramos a pensar que la falda que vemos en la tienda no es la primera que se ha fabricado de esa colección. Antes de llegar al mercado, se crean prototipos que se prueban en las modelos, versiones que se fotografían y muestrarios que se llevan a ferias o a las reuniones con clientes. Eso son toneladas de textiles que no pueden acabar en el canal de venta convencional porque, en esencia, no son nuevos. Pero son perfectamente ponibles. En ocasiones, sirven para que las marcas obsequien a sus clientes diana (influencers, sobre todo). Otras, acaban en ventas especiales para clientes y prensa. O se canalizan hacia los outlets online.
Suena increíble, pero hasta hace poco muchas de esas prendas acababan ardiendo en una pira para no devaluar la marca. La nueva regulación europea impide quemar la ropa sin vender y Estefanía ha encontrado una ingeniosa forma de darle salida: venderlas en su web indicando que son muestrarios. "Nuestro modelo de negocio es en un 80% wholesale (en tiendas ajenas) y online. Y hace muy poco acabamos de entrar en El Corte Inglés, que es nuestro primer pie en el retail. Para afrontar ese wholesale, tengo 12 showrooms de Kids y otros 12 para Women. De cada colección que diseño, tengo que hacer 12 muestras de cada prenda para que vayan a los showrooms. Hablamos de una producción de unas 3.000 unidades por temporada", desglosa la diseñadora.
Durante años, esa ropa se regalaba o se usaba en sesiones fotográficas, pero aun así, sobraba. "Y acababa en almacenes, que a largo plazo genera otro problema. Entonces opté por el sampling online, es decir, vender esos muestrarios desde la web para darles una segunda vida. Lo ofrecemos a precio de coste porque no es nuevo, nuevo, aunque el tejido de producción es el mismo del resto de la colección. Por eso tampoco tenemos en todas las tallas, solo la S en mujer y 6 años para Kids. Incluso, en algunos casos, puede haber alguna rectificación o algún pequeño fallo. Pero es una prenda a la que se le puede dar otro ciclo de vida. Y es una forma de llegar a un cliente que tal vez no lo compraría a su precio original".
Cuando aún no es obligatorio el Pasaporte Digital de Producto (PDP), resulta un ejercicio de honestidad desglosar en la web el origen de los materiales y el impacto de cada prenda. A veces es orgánico, otras, sintético y reciclado. "Es mejor un sintético reciclado que un algodón tratado con pesticidas", declara saliendo al paso de esa sostenibilidad mal entendida. Por eso huye de la denominación 'ropa sostenible' con la que muchas veces se simplifica el mensaje y prefiere hablar de responsabilidad con el planeta. "Para outerwear usamos poliéster reciclado y certificado. El mohair viene con certificado del no daño animal. Y así con todos nuestros tejidos. Es cuestión de sentido común. Una proveedor italiano me dijo una vez una frase que se me ha grabado a fuego: 'yo produzco en la fábrica que está cerca del río donde se bañan mis hijos. ¿Crees que vertería algo que les dañara?' Esa es mi lógica a la hora de comprar un material. Lo otro, el ponerle la coletilla de sostenible, es solo un adjetivo", recalca con firmeza.
La Comisión Europea le da la razón: desde finales de septiembre, hablar de sostenibilidad sin ser cierto es greenwashing.
"Yo no audito cada fábrica con la que trabajo. Es un coste que, para el pequeño tamaño de mi empresa, sería inasumible. Pero exijo certificados a todos mis proveedores", explica.
Los datos los muestra en su web. Cuenta con el apoyo de Bcome, una plataforma con sede en Barcelona que ayuda a las marcas de ropa a gestionar y medir el impacto ambiental, social y ético de sus productos a lo largo de toda su cadena de suministro. "En cada prenda pinchas en la pestaña Sustainbility & Impact y tienes toda la información de su impacto ambiental. Es decir, trazabilidad, lo que en el argot denominamos el 'product journey': cuántos proveedores han participado, dónde se ha fabricado el producto y cuántos kilómetros ha recorrido esa prenda", añade.
De esta forma, antes de comprar, la clienta sabe que el jersey con cuello polo Naya ha recorrido 24.727 kilómetros en todo ese proceso, que equivale a 43,31 kilos de CO2 o, lo que es lo mismo, a lo que contamina un coche normal conduciendo 9 kilómetros. Insiste en que es una información que el cliente debe conocer antes de comprar. "Una camiseta de algodón orgánico fabricada en China tiene una huella enorme. Antes no se entendía bien, pero el consumidor cada vez viene más informado. Las cosas no son nunca 100%".