NO TE PIERDAS El pasaporte digital que medirá la sostenibilidad de cada prenda de ropa que compremos

Hasta ahora de la moda solo conocíamos su puesta en escena. Ahora sabremos qué hay detrás. FOTO: Cottonbro Studio/Pexels.

Hacia una moda más sostenible

El QR que llevará tu próxima falda te dirá quién la ha fabricado y en qué condiciones

No basta con saber dónde se ha fabricado una falda. Tenemos derecho a saber en qué condiciones y cuánto le cuesta al planeta cada cambio de armario. Para eso llega el Pasaporte Digital de Producto.

Por Patricia de la Torre

27 DE FEBRERO DE 2026 / 07:30

Vamos al supermercado. Damos la vuelta a un envase, miramos calorías, grasas o aditivos y decidimos. En moda, en cambio, seguimos comprando casi a ciegas. Sabemos el precio y la talla, pero no de dónde proceden los tejidos, quién ha cosido esa prenda, en qué país, ni en qué condiciones. La Unión Europea ha decidido que esa excepción se acabe. Este año empezará a aplicarse el Pasaporte Digital de Producto (PDP, por sus siglas). 

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Cuando compramos una falda, una chaqueta o una americana en un comercio en España, la cremallera puede venir de una fábrica de Corea; el algodón, de India; y haberse cosido en una factoría de China, en Marruecos o en Barcelona. Como consumidores tenemos derecho a saber esa información antes de comprar. Por ejemplo, podemos decidir que la compramos porque el proveedor de los tejidos practica el comercio justo. O, todo lo contrario, no comprarla porque se ha cosido en una fábrica que sabemos que explota a sus trabajadores, no cumple normas de seguridad o esquiva la sostenibilidad.  

Para conocer todo eso está el Pasaporte Digital de Producto (PDP o DPP, por sus siglas en inglés), una nueva herramienta para mejorar la trazabilidad y la transparencia en un sector históricamente opaco como el textil. Su funcionamiento queda definido en el Reglamento Europeo de Ecodiseño para Productos Sostenibles. Al tener la forma legal de Reglamento, esta norma europea es de obligado cumplimiento por todos los países miembros.

Su aplicación en el textil empieza este mismo 2026. La información llegará previsiblemente a través de un código QR en la etiqueta, con datos sobre impacto ambiental, durabilidad, reparabilidad y huella de carbono.

Es una pregunta trampa y la respuesta es que depende. El cultivo de algodón tiene una huella de carbono mucho mayor que la de otros materiales. Mucho más si se fabrica en un taller en el sureste asiático y debe viajar desde allí a tu tienda favorita. La de material sintético, aparentemente con un peor perfil, porque procede del petróleo, tal vez aguante más lavados y dure más. En cuyo caso, la huella de carbono podría ser menor que la de una camiseta de algodón. Obviamente no podemos hacer esa investigación cada vez que queramos comprarnos algo.

Y eso es lo que nos debería solucionar el Pasaporte Digital de Producto.

Para entender el alcance del cambio, conviene escuchar a Gema Gómez, diseñadora de moda y fundadora en 2011 de Slow Fashion Next, plataforma pionera en formación y consultoría en sostenibilidad aplicada al negocio de la moda. Desde su experiencia, contextualiza el momento actual: «Antes de la pandemia la industria textil estaba completamente a sus anchas, no había absolutamente nada». Por eso considera que estas herramientas, aunque imperfectas, suponen un avance: «El Pasaporte Digital de Producto es algo positivo. Abre un camino que antes no existía».

Gómez insiste en que el PDP no busca convertir al consumidor en experto. «No podemos esperar que una persona haga un máster después de haber trabajado todo el día, sino facilitarle información clara para decidir mejor», señala. Todos sabemos extraer información de un QR y más desde que al terminar la pandemia casi desaparecieron las cartas en papel de los restaurantes.

En pocos segundos sabremos cuál es el impacto de esa falda en el planeta, cómo y dónde repararla si se rompe (existe un derecho a la reparación que la UE ya contempla para los electrodomésticos y que los fabricantes no siempre asumen). 

24 de abril de 2013. Un bloque de ocho pisos se derrumba en Daca, la capital de Bangladés. El mundo observa horrorizado cómo mueren 1.134 personas​​ y otras 2.437 resultan heridas.​​​​​ El día anterior se habían observado grietas que preconizaban que el edificio podía colapsar. Nadie evacuó. Había que seguir produciendo. La moda no espera. Supimos entonces que ese edificio alojaba decenas de talleres textiles que producían prendas de forma directa o indirecta para Benetton, Mango, Inditex, Primark o El Corte Inglés.

De pronto, una fatalidad acaecida en la otra punta del planeta se volvía extremadamente cercana. Esas personas estaban cosiendo tu próxima falda, ese pantalón que ibas a llevar en la temporada próxima o preparando los botones de tu top favorito del verano. ¿De haberlo sabido, habrías seguido comprando esa ropa?

Aquel derrumbe del Rana Plaza en 2013 evidenció hasta qué punto la deslocalización diluía responsabilidades. En ese contexto, Gómez advierte: «Cuando no sabemos quién hace algo, puede estar pasando cualquier cosa».

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A día de hoy solo un 8% de las empresas divulga los nombres de sus proveedores de materiales, uno de los tramos más opacos de la cadena de valor. En este sentido, Inditex ya incorpora en la información de origen y composición de cada una de sus marcas datos de trazabilidad: si el algodón es de cultivo orgánico certificado OCS, dónde se ha fabricado… Además, solicitan a todos sus proveedores información ‘sobre todas las instalaciones involucradas en los procesos de producción desde el hilo, o la fibra según corresponda, hasta la prenda final para cada pedido. Esto incluye tanto las fábricas propias como externas, así como los intermediarios involucrados en cada proceso’.

Mango lleva una política similar. H&M va un paso más allá y sí informa claramente del proveedor de cada prenda, con nombre, dirección y número de trabajadores.

Aun así, Gómez reconoce que hacen falta más pasos firmes. Lo contrario es greenwashing. «Hablamos de valores, pero sin generar las estructuras para que esos valores se den». Y advierte que, pese al auge del relato verde, «los informes recientes son peores que los de hace unos años». Y, alerta de las resistencias que rodean estas regulaciones: «Detrás de estas herramientas hay lobbies muy fuertes intentando que no sea todo tan obvio».

  • Inditex

El conglomerado gallego que agrupa a Zara, Massimo Dutti o Bershka asegura que la trazabilidad y la transparencia son áreas prioritarias. El grupo comparte información sobre sus fábricas con federaciones sindicales internacionales y la Organización Internacional del Trabajo, exige identificar todos los eslabones del proceso productivo (desde la fibra hasta la prenda final) y realiza auditorías sociales, ambientales y de trazabilidad de forma periódica. En 2024 llevó a cabo 10.387 auditorías específicas de trazabilidad y más de 20.000 auditorías sociales y medioambientales a proveedores en todo el mundo, según datos facilitados por la compañía.

  • Tendam

El antiguo Grupo Cortefiel, propietario de Pedro del Hierro, Woman’s Secret, SlowLove o Hoss Intropia publica anualmente información estructurada sobre su red de proveedores, los principales países de fabricación y los resultados de auditorías sociales bajo estándares como AMFORI. Informa también de la evolución y clasificación de proveedores según su nivel de cumplimiento y destaca su adhesión a acuerdos internacionales legalmente vinculantes en materia de salud y seguridad laboral, con inspecciones independientes y planes de mejora, según ha señalado la compañía a este medio.

  • H&M

Desde H&M Group respaldan el PDP como «un facilitador clave de la circularidad y la transparencia». Consideran que «tiene el potencial de empoderar a los clientes para que tomen decisiones más informadas», aunque matizan que «una implementación a gran escala no es inminente», pese a ser «una prioridad estratégica».

  • Maison Margiela

Maison Margiela, como parte del grupo OTB, ha implementado un sistema de pasaporte digital de producto basado en tecnología blockchain para garantizar la autenticidad y trazabilidad de sus artículos.

Durante años ha calado el mensaje de que toda la industria de la moda explotaba a sus proveedores que, a su vez, explotaban a los trabajadores. El sistema contamina sin límites y aquí no pasaba nada. Estas generalizaciones meten a todos los fabricantes en el mismo saco. Sin embargo, muchos ya han adoptado medidas para reducir su impacto ambiental y mejorar su aporte social. 

El PDP vendría a ser el espejo donde veremos esos avances. No pretende culpabilizar, sino empoderar. «La regulación es lo que cambia todo», insiste Gómez, comparándolo con la prohibición de fumar en cafeterías. El objetivo es construir una cultura de consumo más alineada con los desafíos actuales. «Comprar 15 prendas no te hace más feliz, ni las necesitas», afirma haciendo alusión al famoso treatonomics

 

Puede que para algunas marcas la transparencia sea incómoda y para otras una ventaja competitiva. Pero, como resume Gómez, «la sostenibilidad va a ser sí o sí. La aceptaremos por amor, por rechazo o por obligación, pero no queda otra». La comparación con la ley del tabaco parece especialmente apropiada. Durante su implementación, algunos creyeron que sería el final de la hostelería. Otros, que nadie la cumpliría. Hoy nos parece normal que nadie fume en las oficinas o en un bar. Y se han reducido las cifras de tabaquismo.   

El PDP no solo va a aportar poder al ciudadano. También aporta una ventaja competitiva a la industria textil europea frente al ultra fast fashion chino de Temu o Shein, hasta ahora imparables por sus bajísimos precios  «Es una moda que no sale gratis. Parece barato, pero tiene un coste enorme en empleo, en industria local y en futuro». 

La cuenta atrás ya ha empezado. La moda europea se prepara para un cambio profundo y silencioso. Esta vez, la etiqueta sí que será la clave para entender qué hay detrás de cada prenda.

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