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NO TE PIERDAS Ponerse malo en vacaciones: cuando tu cuerpo elige el peor momento para colapsar
El diafragma y el corazón están unidos por el mismo tejido: cuando uno se mueve, el otro lo siente. FOTO: Freepik.
El latido que no ves
Respirar mal acelera el pulso y sube la tensión. Y lo peor es que puedes estar haciéndolo todo el día sin enterarte
Por María Corisco
30 DE AGOSTO DE 2025 / 08:00
Cada vez se habla más acerca de cómo la respiración influye en el estado emocional, en la manera en que gestionas el estrés o te ayuda a calmarte tras una situación difícil. Pero lo que quizás no sepas es que tu manera de respirar también está afectando directamente a tu salud cardiovascular. Y no de forma menor: puedes estar dándole un suave masaje a tu corazón… o todo lo contrario: estar estresándolo sin darte cuenta.
Sol de la Torre, experta en respiración funcional y autora del libro Respira y sana (Ed. La Esfera de los Libros), lo explica con claridad: «La mayoría de las personas no respira bien. Esa respiración que muchas veces damos por hecha, sin prestarle atención, no siempre es tan profunda ni tan eficiente como debería. ¿El resultado? Sobrecarga en extremo el corazón: aumenta la frecuencia cardíaca, eleva la presión arterial y provoca problemas de circulación».
La razón está en un protagonista muchas veces olvidado: el diafragma. Este músculo en forma de cúpula que separa el tórax del abdomen es esencial para respirar de forma funcional. «Y también lo es para que el corazón trabaje mejor. El diafragma condiciona el ritmo y la fuerza del latido del corazón. De ahí que sea considerado el segundo corazón», señala Sol.
Cuando respiras de forma superficial, acelerada o solo con la parte superior del pecho —algo habitual en situaciones de estrés o cuando llevas un estilo de vida sedentario—, el diafragma apenas se mueve. Esto limita su capacidad para ayudar al corazón, explica la experta: «El corazón descansa sobre el diafragma. La base del corazón está en contacto con la parte superior del diafragma. Ambos muestran movimientos sincronizados debido a su cercanía».
Ese contacto entre corazón y diafragma no es metafórico, es literal. «El corazón y el diafragma se conectan a través de las fascias. No existe separación entre el diafragma y el pericardio en torno al corazón: es un único tejido». Por eso, si el diafragma no se mueve correctamente, tampoco puede cumplir su función de apoyo. Pero si respiras con amplitud, calma y por la nariz, todo cambia.
«Cuando el diafragma se mueve, masajea literalmente el corazón», afirma Sol. Este movimiento acompasado mejora la circulación, facilita el retorno de la sangre al corazón (retorno venoso) y activa la rama parasimpática del sistema nervioso, la que permite descansar y reparar. «Has mejorado tu circulación sanguínea y tu estrés se ha reducido. Y todo gracias a la expansión y contracción rítmica de tu diafragma orquestado por tu respiración».
En cambio, cuando respiras mal, sobre todo en momentos de tensión, el efecto es el opuesto. «Generalmente, cuando estamos en un momento de agobio, empeoramos la situación si respiramos más y peor, normalmente por la boca». En esos momentos, la respiración se vuelve caótica y el diafragma pierde ritmo. Esto afecta a todo el sistema cardiovascular: «La rama simpática (lucha y huida) tomará la delantera, y la frecuencia cardíaca y la presión arterial aumentarán, lo que estresará el ritmo del corazón».
A largo plazo, este esfuerzo sostenido pasa factura: «Deja un rastro, son como pequeñas cicatrices internas que van haciendo callo en los órganos«. Y lo preocupante es que no hace falta estar pasando por una crisis emocional para respirar mal. «Tu forma de respirar día tras día durante semanas y años te llevará a ese estado», advierte la experta. «Y si piensas que este viaje no va a tener consecuencias y te va a salir gratis, te equivocas: las mellas te pasarán factura cuando menos te lo esperes».
Respirar mejor es algo que puedes entrenar. No necesitas ser yogui ni practicar técnicas complejas. Solo hace falta prestar atención, cambiar ciertos hábitos y empezar a tratar tu respiración como lo que es: un pilar de tu salud.
Aquí tienes algunos consejos prácticos para empezar hoy mismo:
La próxima vez que te tomes el pulso o sientas los latidos de tu corazón, piensa en esto: puedes estar ayudándole a funcionar con fluidez o forzándolo más de la cuenta. Y gran parte de esa diferencia la marca cómo respiras. Como dice Sol de la Torre, «transmite a tu corazón que estás aprendiendo a agobiarlo menos y a mimarlo».
Te compras la camiseta de España, discutes con el árbitro desde el sofá y acabas diciendo "hemos ganado" como si hubieras pisado el césped. Y todo esto tiene una explicación.