
Puede ser un aumento del cansancio o algo más de grasa en la cintura. La perimenopausia llega acompañada de cambios que conviene tener bajo control. FOTO: Shvets/Pexels
Un reajuste que pone todo patas arriba
Señales de alerta inflamatoria en la perimenopausia: 5 marcadores a vigilar aunque aún tengas la regla
Antes incluso de que la menstruación se retire definitivamente, tu analítica puede estar revelando desequilibrios hormonales, inflamación crónica y riesgo metabólico.
6 DE FEBRERO DE 2026 / 07:30
La perimenopausia no es un momento, es un proceso. Un reajuste sistémico que puede comenzar con menstruaciones regulares y síntomas difusos, pero que ya produce señales de alerta que advierten de una creciente inflamación sistémica. Por suerte, estos marcadores son detectables en un simple análisis de sangre. Sin embargo, como advierte Frédérique Labadie, coach de salud certificada por Harvard y fundadora de Days of Confidence, «en muchas consultas, si la mujer aún tiene la regla o es bastante joven, se asume que todo está bien».
Esa creencia retrasa diagnósticos, oculta riesgos y limita la prevención. «La perimenopausia no es solo un cambio hormonal, es un reajuste de todo el sistema», subraya Labadie. Y como en todas las etapas de cambio, hay que monitorizarlo bien.
Analíticas bajo la lupa
La doctora Miriam Al Adib Mendiri, ginecóloga y divulgadora en salud femenina, insiste en que «más que insistir en valores concretos, lo importante es insistir en una valoración completa y contextualizada».
Alerta sobre el riesgo de etiquetar como síndrome climatérico cuadros que, en realidad, tienen una causa subyacente no diagnosticada. Entre ellos, hipotiroidismo, déficit de vitamina D, anemia, ferropenia, enfermedades reumáticas o autoinmunes.
Atención a los marcadores inflamatorios
Y el primer proceso donde se nota ese proceso de reajuste es en la inflamación. La doctora Louise Newson, especialista en hormonas femeninas y miembro del Grupo de Trabajo sobre Menopausia del Gobierno del Reino Unido, explica que la inflamación es un mecanismo esencial de reparación del cuerpo. El problema aparece cuando deja de resolverse y se vuelve persistente.
Los marcadores inflamatorios son los primeros en avisar de ese reajuste. Y entre ellos hay que prestar especial atención a la proteína C reactiva (PCR) de alta sensibilidad, la homocisteína, la hemoglobina glicosilada y niveles de vitamina D. Los triglicéridos y el colesterol también se van a ver alterados por la caída de estrógenos y testosterona.
El verdadero pulso con la glucosa: hemoglobina glicosilada
Hay que mirar el azúcar en sangre pero desde otra perspectiva. «No te fíes solo de la glucosa en ayunas, es una foto puntual», advierte la nutricionista experta en menopausia Marta Marcè. La hemoglobina glicosilada (HbA1c), en cambio, permite ver cómo se han comportado los niveles de glucosa en los últimos tres meses.
La doctora Louise Newson coincide con ella: «Una HbA1c elevada puede indicar cambios en el metabolismo y riesgo de resistencia a la insulina». Esto puede ocurrir incluso cuando los ciclos menstruales aún son regulares.
Observar este marcador es clave en mujeres con mayor grasa abdominal, historial familiar de diabetes o dificultad para perder peso, aunque aún no haya un diagnóstico formal.
El declive de la vitamina D y las oscilaciones de ánimo
Marcè lo resume sin rodeos: «De la vitamina D depende la salud de nuestros huesos, de nuestros músculos y nuestra inflamación. No es ninguna tontería». Su déficit «puede causar síntomas por sí solo. Por eso es importante corregirlo, no solo enfocarse en las hormonas», añade la doctora Newson.
No diagnosticar déficits como el de vitamina D puede hacer que empeoren los cambios de humor, ya que esta vitamina contribuye a regular neurotransmisores clave, como la serotonina y la dopamina, esenciales para el bienestar emocional.
Homocisteína: un marcador olvidado del corazón
La mayoría de las analíticas no la incluyen. Y sin embargo, una homocisteína elevada puede anticipar daño vascular y riesgo cardiovascular, según explica Marcè. En especial, si hay déficit de vitaminas B6, B9 o B12.
Frédérique Labadie recomienda revisar este marcador incluso sin síntomas evidentes, ya que «cuidar del corazón a partir de la perimenopausia es clave«.
Vigilar el perfil lipídico
Entre todas las señales de alerta de inflamación en torno a la perimenopausia, una de las más y mejor vigiladas es la relación con las grasas. Y no hablamos de coger un poco de peso. Es habitual un aumento de los triglicéridos y colesterol, asociados a los cambios hormonales.
Junto a ellos, la apolipoproteína B (Apo B), más precisa que el LDL tradicional, también va a ayudar a evaluar riesgo cardiovascular.
La inflamación que afecta a los sofocos
«La proteína C reactiva reactiva es un marcador nos habla de inflamación de bajo grado», dice Marcè. Y la inflamación —como recuerda la doctora Louise — es el denominador común en las enfermedades más frecuentes en mujeres tras la menopausia: desde cardiovasculares hasta diabetes, demencia u osteoporosis.
Newson, conocida popularmente como ‘la doctora de la menopausia’, explica que las células inmunes (macrófagos) cambian su bioquímica cuando baja el estradiol, se multiplican y se vuelven proinflamatorias. Es decir: a menos estrógenos, más inflamación.
La doctora Miriam Al Adib lo desarrolla aún más: «La inflamación sistémica de bajo grado es un estado proinflamatorio crónico en el que los factores inflamatorios predominan sobre los antiinflamatorios. Este desequilibrio genera una serie de cambios cardiometabólicos, como resistencia a la insulina, enfermedad cardiovascular, hipertensión o dislipemia”. Y añade un dato clave: «Cuantos más factores de riesgo para esta inflamación de bajo grado tenga una mujer, más intensos suelen ser los síntomas climatéricos. A mayor inflamación, mayor frecuencia e intensidad de los sofocos«.
¿Y dónde se mira el estrés?
La perimenopausia suele ser una etapa ajetreada. Hijos adolescentes, parejas consolidadas que entran en una fase de peligroso aburrimiento y la crisis de los 40. Un cóctel favorable al estrés crónico. Sin embargo, esta situación no se detecta con un marcador concreto, aunque sí deja rastro. Frédérique Labadie detalla que «una glucosa en ayunas ligeramente elevada, insulina alta, ferritina baja o una PCR discretamente elevada pueden ser señales claras». La doctora Newson lo confirma: «No hay un biomarcador único para el estrés».
Para la doctora Al Adib ante la aparición sin razón aparente de alguno de estos síntomas, «cuando persisten o no encajan, puede ser necesario ampliar el estudio para descartar otras causas antes de etiquetar el cuadro como síndrome climatérico».
No echemos la culpa de todo a la perimenopausia
La pregunta del millón es cómo inferir si esas señales de alerta de inflamación en la perimenopausia indican solo que se acerca la menopausia o son la punta del iceberg de otro problema subyacente. Por eso la doctora Al Adib insiste en que no todas las mujeres necesitan los mismos análisis, pero sí un enfoque que contemple causas añadidas o superpuestas. Porque «puede que los síntomas sean propios de la menopausia, pero también puede haber otras cosas añadidas que estén contribuyendo al malestar».
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