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Críticas que son proyecciones ajenas

Mirada altiva, gesto de desdén y la crítica en la punta de la lengua. Es probable que busque descargar su propia frustración. La estrategia es no entrar al trapo y dejarlo correr. FOTO: Aaronicc/Pexels.

Ver la paja en el ojo ajeno

No soy yo, eres tú: cuando las críticas esconden proyecciones de frustraciones ajenas

Hay quienes proyectan en los demás sus miedos o frustraciones. Censuras, reprueban o critican sin pudor, cuando, en realidad, lo están viviendo en primera persona.

Por Marcos López

14 DE ABRIL DE 2026 / 07:30

«Ese vestido te hace gorda», «Te queda mal ese nuevo peinado», «No sales bien en las fotos»…. Tus autocríticas no te duelen tanto como las observaciones, nada constructivas, que te llegan del exterior. De tus compañeros de trabajo, de tus amigos e, incluso, de tu pareja. Pero no te lo tomes tan a pecho: en realidad no te están criticando a ti, sino a ellos mismos. Esas críticas no son más que proyecciones ajenas de sus frustraciones. O como explica Eva Murillo, especialista en psicología y fundadora y directora del centro de inteligencia emocional Ekilibrat-e, citando el refranero, «Lo que dice Juan de Pedro, dice más de Juan que de Pedro».

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Dardos envenenados que no hablan de ti

Muchas de las críticas destructivas que recibimos a diario no hablan de nosotros, sino del mundo interno de quien nos critica. Ni siquiera son críticas, sino proyecciones ajenas que esconden sentimientos de inferioridad, frustraciones u otros duelos no resueltos.

Así que no debemos tomárnoslas como algo personal. «Estaríamos asumiendo esa persona nos está viendo con total claridad. Y la realidad es que nos está mirando a través del filtro de sus propios miedos, carencias o frustraciones. No somos el objetivo real de su enfado, solo somos el espejo en el que se están mirando».

Como ver la vida con unas gafas sucias

Ese reproche que tanto te duele no es una crítica genuina, sino una proyección de tu fustigador. En psicología e inteligencia emocional, la proyección hace referencia a ese mecanismo de defensa inconsciente por el que las personas «expulsan de sí mismas aquellas emociones, defectos o inseguridades que no quieren o no saben gestionar y se los colocan a la persona que tienen enfrente».

Dicho de un modo más ilustrativo, sería como si «alguien que llevara unas gafas con los cristales muy sucios fuera quejándose por ahí de que todo el mundo tiene la cara manchada».

Los más criticones, más proyectan

Un ejemplo: si alguien está profundamente frustrado con su estancamiento laboral, es muy probable que critique ferozmente la ambición de un compañero. No porque le moleste su éxito, sino porque le duele su propia herida no sanada, sus expectativas frustradas o su inseguridad. «Nosotros sólo somos la pantalla en blanco donde ellos proyectan su propia película».

Cómo detectar que estás siendo el blanco de una frustración ajena

Y ahora toca la pregunta del millón: ¿cómo podemos detectar que esta crítica no va en realidad dirigida a nosotros, sino que se trata de una proyección? Pues aunque la línea entre una y otra pueda ser muy fina, Eva Murillo destaca tres pistas infalibles para saber cuándo nos encontramos ante una proyección ajena y no ante una crítica real:

1. Reacción desmedida. La crítica es totalmente exagerada para la situación. «Si cometes un error sin importancia y la otra persona reacciona como si hubieras hundido el Titanic, no es por tu error. Es su propio vaso de agua, que ya estaba lleno antes de que tú llegaras».
2. Etiquetas vagas y absolutas. No te dicen creo que este informe podría estar más detallado, sino que lanzan ataques generalizados como eres un desastre o siempre pensando en ti. «Las proyecciones suelen carecer de argumentos sólidos y se basan en etiquetas vacías».
3. El disco rayado (repetición de patrones). Si esa persona siempre te critica exactamente por lo mismo, caso por ejemplo de tu forma de vestir, tu peso o tu manera de hablar, fíjate bien. Suele ser el área donde esa persona tiene su mayor complejo.

Mejor no responder

Como la crítica no iba dirigida hacia ti, no tienes que hacerle caso. Lo mejor, y lo más inteligente, es no entrar al trapo. Si te defiendes con uñas y dientes o intentas justificarte sin parar, estarás validando su ataque y metiéndote de lleno en una batalla que, en realidad, no es tuya.

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Agua que no has de beber…

Eva Murillo lo explica con la metáfora del paquete equivocado: «Si un mensajero te entrega un paquete que no lleva tu nombre y que tú no has pedido, no lo abres ni te lo quedas. Pues con las críticas proyectadas hay que hacer exactamente lo mismo. Y no se trata de que, de repente, sintamos una compasión absoluta por quien nos ataca, que eso sería pedirnos demasiado, sino de aplicar pura distancia psicológica».

En definitiva, tan sólo hay que ser consciente de que se trata de una proyección. Que ese reproche nace de la propia inseguridad del atacante y no de un fallo tuyo, con lo que la crítica perderá todo su poder sobre ti. De esta manera, concluye la experta, «te liberas de la necesidad de justificarte, dejas de malgastar tu energía en intentar convencer a tu atacante de lo contrario y, lo más importante, mantienes tu paz mental intacta al saber que ese problema le pertenece a la otra persona, no a ti».

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