
Ahorrar tiempo masticando menos cada bocado no es buena idea. FOTO: Nadin SH/Pexels.
Desastres digestivos que se pueden evitar
¿Y si esos gases no son por una intolerancia alimentaria, sino que necesitas ortodoncia?
Engullir los alimentos nos ahorra unos escasos segundos con cada bocado y nos regala horas de digestiones pesadas, y hasta algunos kilos de más. Es hora de aprender a masticar.
Por Verónica Palomo
28 DE MARZO DE 2026 / 08:00
Todo te da gases. Y has decidido por tu cuenta y riesgo tras ver algunos youtubes y varios reels de influencers que la causa es una intolerancia alimentaria, al gluten, a la fruta o a lo que sea. O tal vez, SIBO. O, quién sabe, colon irritable. Y que eso, para colmo de males, te está haciendo engordar. La gastroenterología pone un poco de cordura en lo que nos parece una tragedia: muchos casos de gases se producen por masticar mal.
Como explica el doctor Gonzalo Guerra, director del Centro Médico Quirúrgico de Enfermedades Digestivas (CMED), «cuando los alimentos se trituran adecuadamente en la boca, las enzimas salivales pueden empezar su trabajo y lo que llega al estómago ya está preparado para seguir su descomposición. Si eso no ocurre, aumentan los gases, la distensión abdominal y pueden desencadenarse trastornos digestivos».
¿Masticas bien?
La forma en que masticamos influye directamente en nuestra salud digestiva, en la absorción de nutrientes y en nuestro bienestar general. Lo sabemos desde niños cuando nos dicen eso de ‘mastica bien antes de tragar’. Y de mayores, se nos olvida.
Llegan las prisas, el estrés, las distracciones en la mesa (como estar mirando el móvil o la tablet mientras comes)… Otras veces, evitamos masticar demasiado porque hay dolor dental, falta alguna pieza o hay algún problema mandibular. La falta de trituración en la boca deje al estómago totalmente solo ante una avalancha de alimentos más triturados y poco salivados. Y como dirían los agoreros, llega el desastre.
Revisa tu mandíbula
Los expertos de la Clínica Dental La Campana van incluso más allá y ponen el foco en la configuración de la mandíbula conocida como ‘mala oclusión’. «Cuando los dientes no están alineados correctamente, se dificulta romper los alimentos adecuadamente. Esto lleva a la ingestión de trozos más grandes de lo ideal. Este tamaño inapropiado de los bocados puede causar una indigestión crónica, ya que el estómago debe trabajar más para descomponer la comida».
Recalcan que ese masticar mal también puede ocasionar síntomas como hinchazón, gases y, ocasionalmente, estreñimiento o diarrea, «debido a que el tracto gastrointestinal está bajo más estrés para procesar alimentos parcialmente digeridos». El uso de una ortodoncia, incluso, una férula de descarga para evitar el bruxismo, pueden aliviar también esta sintomatología.
Un rato más en la boca, menos centímetros de cintura
No es clickbait, es ciencia. Al masticar de forma pausada, dando tiempo a moler bien hasta los torreznos más duros, no solo trituramos físicamente los alimentos. Este acto también se desencadena una serie de procesos bioquímicos esenciales: las enzimas salivales, especialmente la amilasa, empiezan a degradar los carbohidratos desde la boca. El bolo alimenticio se humedece para facilitar el tránsito por el esófago y la señal de saciedad pasa más rápido al cerebro. En otras palabras: ese gesto aparentemente inocuo te ayuda a controlar la cantidad de alimentos que ingieres.
«El cerebro tarda de 15 a 20 minutos en recibir la señal de saciedad. Si se come rápido, se ingiere más comida antes de sentirse lleno. Sin embargo, una masticación prolongada permite que la señal llegue a tiempo y ayuda a aprovechar mejor el alimento. De paso, evitamos los atracones», explica el endocrino.
Más dientes, menos gases
Una mala masticación impacta directamente en trastornos funcionales, como el reflujo, las gastritis, la indigestión, el colon irritable y las temidas disbiosis (desequilibrio en la microbiota). «Aunque el origen de estos problemas es multifactorial (estrés, alimentación, presión atmosférica), pero la forma de masticar influye directamente en su aparición o severidad. Comer rápido incrementa la cantidad de aire que se traga, lo que contribuye a distensión abdominal y malestar general”, matiza el experto.
Por eso una de las primeras recomendaciones para evitar los gases es dedicar tiempo a masticar y tragar con calma.
Las prisas dificultan la absorción de nutrientes
Comemos para conseguir nutrientes. Sin embargo, engullir limita nuestras posibilidades de sacar todo el partido a las viandas. Incluso puede dificultar la absorción de nutrientes. «Especialmente de proteínas y grasas, donde la acción de la amilasa salival es crucial», indica el doctor Guerra. «Si bien los jugos gástricos y pancreáticos compensan parcialmente una mala masticación, puede llegar a producirse un defecto en dicha absorción».
Triturar cada bocado entre 20 y 30 veces
En general, casi nadie suele ser consciente de su forma de masticar. Además, se le da muy poca importancia, entendiéndose más como un acto de degustar, saborear (a veces, ni eso) y tragar. «Al comer demasiado rápido, la masticación suele ser insuficiente. La mayoría de las personas no pueden precisar cuántas veces mastican antes de tragar», indica el especialista.
¿Y cuántas veces debemos hacerlo? El director del Centro Médico Quirúrgico de Enfermedades Digestivas (CMED) responde que «no hay un número exacto, pero los médicos suelen recomendar masticar cada bocado entre 20 y 30 veces. Evidentemente, esta cifra varía según la consistencia del alimento. Por ejemplo, una carne requiere más ejercicio de masticación que un puré o una pasta».
No es por ti, es por tu colon
Cuando engullimos sin masticar, no solo paga el pato el estómago. El colon también sufre. Un estudio publicado en Food & Function (2022) analizó cómo las diferentes velocidades individuales a la hora de masticar afectaban a la fermentación colónica. ¿Y eso en qué me afecta? Fácil: una mala fermentación colónica acarrea desde gases e hinchazón a diarreas.
Los autores observaron que dedicar más o menos tiempo a masticar influía en el tamaño del bolo alimenticio. Y eso, a su vez, impactaba directamente en la digestión de los carbohidratos. Aquellos que se tomaron su tiempo triturando la comida generaron unas partículas de bolo menores a 2 milímetros, lo que facilitaba enormemente el trabajo de las enzimas y bacterias. Además, al producirse más saliva y una mayor superficie de contacto en las partículas, las bacterias del colon pudieron acceder mejor al alimento, descomponerlo más rápido y fermentar más eficientemente.
Cómo introducir la masticación consciente
Integrar el hábito de masticar conscientemente puede parecer simple, pero requiere atención y práctica. El doctor Guerra sugiere:
- Contar mentalmente las masticaciones: intenta llegar a 20–30 por bocado, aunque dependerá del alimento.
- Comer sin distracciones: evita mirar el móvil o ver televisión mientras comes.
- Respirar profundamente entre bocados: esto ayuda a ralentizar el ritmo de la comida.
- Elegir alimentos que requieran masticación: incorporar más frutas, verduras y proteínas que exijan masticación activa.
Estas prácticas no solo mejoran la digestión. También promueven una relación más consciente y saludable con la comida.
Antes de cambiar de dieta, mastica mejor
A veces, más de las que imaginamos, la hinchazón, distensión abdominal y la pesadez que te lleva a probar nuevas dietas o pensar en posibles intolerancias se debe a una mala masticación. Como concluye el doctor Guerra: «No es solo es el acto de degustar. Masticar es preparar al organismo para aprovechar al máximo los nutrientes de los alimentos».
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