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Los tampones sueltan fibras en el interior de la vagina

A lo largo de nuestra vida fértil usaremos unos 11.000 tampones. Echa cuentas de la de fibras que se pueden quedar olvidadas. Y a tu microbiota tal vez no le gusten. FOTO: Yanina/Pexels.

Y sueltan fibras que podrían afectar a la microbiota vaginal

Con la salud menstrual no se juega: la cara B de los tampones

Por extraño que parezca, la ginecología como rama médica se ha desentendido siempre de los productos de higiene menstrual. Y tiene consecuencias en nuestra salud.

Por Salomé García Gómez

14 DE ABRIL DE 2026 / 14:00

A nadie se le ocurre limpiar una herida abierta con un algodón. Normal, porque sabemos que deja pelusilla y eso podría causar una infección. O que se cierre en falso. Por eso usamos gasas estériles. Sin embargo no nos planteamos que al introducir y extraer un tampón, el mero roce con las paredes vaginales hace que se desprendan pequeñas fibras. Que los tampones sueltan fibras es algo que todas hemos notado en los últimos días del ciclo, cuando cuesta más extraerlo y sale deformado y con algo parecido a pelusilla.

Pero no le damos importancia. Ni nosotras, ni los ginecólogos. Y así ha sido desde su invención porque la salud menstrual se mueve entre el tabú y la indiferencia para la ciencia.

Pero, ¿qué pasa con esas fibras del tampón que se quedan atrapadas en la mucosa vaginal? Los ginecólogos se encogen de hombros. Ni idea. Más aún, como apunta la doctora Raquel Tulleuda, ginecóloga y embajadora de Cottonlock, «la higiene menstrual no se estudia en la especialidad de ginecología. Sabemos que quedan fibras retenidas en el interior de la vagina porque lo vemos a simple vista en una exploración rutinaria en la consulta. No hace falta un microscopio. Con el espéculo y a ojo lo vemos».

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Fibras del tampón y microbiota vaginal

La doctora une los puntos y plantea una duda: ¿Podrían estos cuerpos extraños alterar la microbiota vaginal? «No podemos afirmarlo de forma rotunda porque no tenemos estudios. Y no los hay porque la microbiota vaginal es un concepto sobre el que apenas se ha estudiado. Pero entiendo que dejar un cuerpo extraño en el interior de la vagina puede alterar la microbiota y abrir la puerta a infecciones u otras complicaciones ginecológicas».

Destaca que el 20% de las consultas ginecológicas de urgencia, es decir, las que se salen de las revisiones anuales, son por complicaciones vaginales inespecíficas. «Las pacientes refieren incomodidad, picor, sensación de quemazón… Aunque no sean de una intensidad terrible, les acompañan de forma crónica y alteran su bienestar. El diagnóstico suele ser de irritación vaginal inespecífica y les damos también un tratamiento inespecífico, como si fuese algo acotado a ese momento concreto. No se plantea que puedan interferir los productos de higiene menstrual que esa mujer está usando», añade la doctora.

¿Sabes qué lleva un tampón?

Los tampones convencionales se tratan con productos blanqueantes y absorbentes. Lo asumimos como normal para que tengan un aspecto pulcro y nos permitan olvidarnos de la regla. No nos planteamos nada siempre que cumplan su función.

Y en parte no nos lo planteamos porque en el universo de la ginecología, como bien recalca la doctora Telleuda, los tampones ocupan cuatro renglones y medio en la literatura científica que se estudia en la carrera. En la consulta tampoco se aborda de forma convencional y en las clases de educación sexual en los institutos brilla por su ausencia.

La mucosa no es como la mano

Si algo sí sabe la ciencia es que la mucosa vaginal es mucho más permeable que la piel del brazo o la de las piernas. Precisamente por eso hay medicamentos de aplicación vaginal. Con los tampones se sobreentiende que son objetos que están de paso unas horas. Entran y salen íntegros. O eso se supone. No se diseñan para ser absorbidos. Pero, ¿qué pasa con los componentes de esas pequeñas fibras que se desprenden del tampón? ¿Salen también íntegras al cabo de los días o la mucosa cumple su función de absorber, ahora que tiene más tiempo, y captura algunas de las sustancias químicas de ese tampón?

Visto el desinterés de la ginecología como rama médica por los productos de higiene menstrual, «no podemos saber hasta qué punto se pueden absorber esas sustancias y si pueden llegar a ser disruptores endocrinos. O si producen algún tipo de reacción inmunológica o alteran la microbiota vaginal«, reflexiona la ginecóloga. «Pero es de sentido común que ese arrastre afecta a las paredes de la vagina. Y que esos residuos pueden tener consecuencias».

Algo se mueve entre los ginecólogos

A finales de 2025, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), realizó una encuesta entre sus miembros sobre el uso de tampones.

El 30% aseguraba haber encontrado restos de fibras en la vagina de usuarias de tampones.

El 83% considera que la presencia reiterada de fibras en el área vaginal podría alterar el equilibrio de la microbiota y el mismo porcentaje recomendaría tampones con un velo de seguridad que evite el desprendimiento de fibras en dicha zona.

La práctica totalidad de los encuestados, el 95%, recomendaría el uso de tampones que cuiden la microbiota vaginal.

Pero cuando coges una caja de tampones en el supermercado o en la farmacia ningún envase te advierte sobre tu microbiota vaginal. Tampoco están obligados por ley. A lo sumo advierten del síndrome de shock tóxico (SST) y qué hacer en caso de aparecer síntomas graves. Todo lo demás es irrelevante… o no.

¿Y esto quién lo regula?

A lo largo de su vida fértil una mujer tendrá más de 400 ciclos menstruales y utilizará cerca de 11.000 productos para absorber el flujo. Detrás de las compresas, los tampones son el segundo producto de higiene íntima más utilizado en todo el mundo. «Y por increíble que parezca, en Europa no existe una regulación específica sobre estos productos, salvo en lo que respecta al grado de absorción del flujo (el llamado protocolo Syngina) para poder venderlos como reguladores, súper o súper plus», explica Ramón Vendrell, CEO y fundador de Cohitech, una firma española especializada en productos de higiene femenina.

Mientras en países como Canadá, Estados Unidos o Australia, los tampones se consideran productos sanitarios de grado médico, como los apósitos o las batas de quirófano, en la Unión Europea los fabricantes solo se rigen por un difuso Código de Buenas Prácticas, coordinado por EDANA. Esta asociación agrupa a los fabricantes de productos con fibras textiles no tejidas (pañales, toallitas desmaquillantes, ropa desechable médica, bayetas… «El líquido desinfectante que colocamos en el inodoro está sometido a más regulación que los tampones que una mujer se introduce cada mes en la vagina», recalca Vendrell.

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No todo vale

La empresa de Vendrell lleva más de dos décadas volcada en la fabricación de productos para la higiene femenina. Sabe de lo que habla cuando se refiere a los tampones. «Es un producto fabuloso que da independencia y seguridad a la mujer cuando tiene la regla. Pero no podemos olvidar que los tampones convencionales incorporan elementos plásticos que pueden producir oclusión y un aumento de la temperatura, factores que favorecen la proliferación de microorganismos patógenos», explica.

Los geles súper-absorbentes (SAP), además de sangre, «absorben el sustrato vital donde viven los lactobacilos, las bacterias buenas necesarias para preservar el pH ácido de la vagina». Finalmente, pone la vista en algunos componentes presentes en los aplicadores de los tampones, como ftalatos o parabenos. «Estos disruptores hormonales se asocian a patologías como la endometriosis o miomas», añade Vendrell.

Tampón Cottonlock
El nuevo tampón Cottonlock con velo protector para no dejar fibras sobre la mucosa vaginal. En versión con aplicador (4,75 €.). FOTO: D.R.

El velo anti fibras

Para salvaguardar el entorno íntimo y ayudar a preservar la estabilidad del ecosistema vaginal, Cohitech acaba de lanzar los tampones Cottonlock, fabricados en algodón orgánico certificado y con un velo de seguridad patentado. Su objetivo: innovar con unos tampones que no sueltan fibras. «Para ello hemos desarrollado una una capa protectora 360° que evita que se desprendan fibras tanto por las paredes del tampón, como por la punta y la base. No están blanqueados con cloro. Los purificamos con agua oxigenada de acuerdo a lo que marca la British Pharmacopoeia y la European Pharmacopoeia para las gasas quirúrgicas», explica Vendrell.

Están disponibles en tamaño regular y súper, tanto en versión con aplicador como de inserción digital. «Además hemos desarrollado un aplicador reutilizable. Igual que se usa y se lava la copa menstrual, se puede lavar y reutilizar este aplicador. Y estamos reduciendo residuos», añade. Porque tan importante es cuidar nuestro cuerpo como lo que le hacemos al planeta.

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