
Sillón, mantita y tranquilidad en casa. Muchas mujeres se aíslan cuando el dolor por la endometriosis, la regla o los puntos de la cesárea es intenso. Mejor estas solas a que las llamen quejicas. FOTO: Ron Lach/Pexels.
Visibilizar lo que no se ve
«Cuando una mujer se queja de dolor ginecológico es que le duele de verdad»
La solidaridad brilla por su ausencia cuando se trata de empatizar con una regla dolorosa, una menopausia complicada o una endometriosis. Y es hora de cambiarlo.
5 DE MAYO DE 2026 / 14:00
Todo lo que el dolor te roba
Lo que no se ve también puede doler
Normalizar el dolor no está bien
¿Cuánto dolor es mucho dolor?
El problema del dolor es que no hay una escala universal e igual para todo el mundo. Es una percepción subjetiva y se mezcla con las emociones.
Aplicando diversos cuestionarios los médicos pueden determinar cuánto le duele algo a un paciente, pero no significa que esa misma circunstancia física en otra persona cause el mismo grado de sensaciones dolorosas.
«La fisiología ginecológica complica aún más esta valoración porque la sintomatología puede ser tremendamente amplia», añade la ginecóloga de Intimina. Incluso en la misma mujer: ciclos que pasan sin apenas notarse y ciclos que se vuelven muy incapacitantes. Meses de menopausia sin complicaciones y meses con hinchazón y hasta sangrados ocasionales. Postpartos con episotomía que duelen según te sientas y endometriosis que alternan temporadas de alivio con meses de dolor infernal.
La empatía, esa virtud tan escasa
Resulta complicado valorar el dolor ajeno. Por eso solo cabe empatizar, acompañar y procurar que la situación no le angustie aún más. Justo lo que no suele ocurrir. Empezando por las propias mujeres. «No hay dos reglas iguales. Muchas mujeres tienen la suerte de que sus menstruaciones apenas tienen síntomas. O presentan, por naturaleza, una mayor tolerancia al dolor. Entonces tildan de ‘quejica’ a esa compañera que está doblada de dolor», añade.
Incluso sugieren que se está escaqueando del trabajo, cuando, en realidad, tiene un dolor limitante que no la deja trabajar. «Muchas pacientes con períodos muy dolorosos o con endometriosis reconocen que lo que más duele no es el propio dolor. Es el vacío que notan entre sus propias compañeras de trabajo o entre las amigas. Y por mi experiencia profesional sé que cuando una mujer se queja de dolor ginecológico, es que le duele de verdad», apunta la ginecóloga.
No eres una floja
¡Pero qué exagerada eres!
Suele decirse que las mujeres, por una carambola de la naturaleza, resistimos mejor el dolor. Dejaremos las explicaciones genéticas a los científicos y volvemos a las conclusiones sociológicas de la encuesta de Intimina, muy reveladoras de esa cultura del aguante en la que se nos educa desde pequeñas. «Es la tormenta perfecta: desde niña te enseñan a no quejarte, falta formación sobre salud femenina y vivimos en una sociedad regida por unos estereotipos exagerados sobre las mujeres y su tolerancia al sufrimiento», añade.
Cuando un varón pasa por una cirugía o le dan puntos para cerrar una herida, se toma el reposo como imperativo categórico. En fútbol estamos acostumbrados a ver cómo el entrenador retira del terreno de juego a un jugador tras recibir un golpe o una caída. En cambio, tras una cesárea o una episotomía el 64% de las mujeres reconoce que se obliga a estar operativa para cuidar de otros antes de estar completamente recuperadas.
¿Y ellos qué opinan?
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