
No hay mejor plan que no tener plan y dejar que cada día te sorprenda. Ya habrá tiempo de llevar horario el resto del año. FOTO: Armin Rimoldi/Pexels
Adiós, agenda, adiós
¿Y si el descanso de verdad en vacaciones es recuperar el placer de improvisar?
Uno de los peores inventos de los últimos años es la idea de que todo tiene que tener un propósito.
5 DE JUNIO DE 2026 / 14:00
Vivimos en la era de las aplicaciones con horarios estrictos, la estructuración de las tareas y la agendización –valga el palabro– de toda nuestra existencia. Hay quienes piensan que ‘así no se olvida nada’ o que ‘es la mejor manera de vivir con un propósito y no desviarse de ello’. Como si faltar a la clase de Pilates del miércoles fuera a quebrar nuestro frágil orden vital. Entonces llegan las vacaciones y la cuadrícula se queda en blanco. Toca llenarla o improvisar sobre la marcha.
Aquí muchos descubren que la improvisación en nuestro tiempo libre, siempre que el entorno sea propicio, es la mejor manera de desconectar.
El horario lo marcas tú
Puede dar vértigo pero, en palabras de Alicia Carramiñana, subdirectora del Hotel Royal Hideaway Sancti Petri, «a veces las verdaderas vacaciones consisten en eso, en improvisar. Sales de casa para hacer cosas distintas, ¿no? Si el resto del año toda tu vida se ajusta a una agenda, la mejor manera de romper con esa rutina es improvisar».
Que te apetece bajar a la playa, ve. Que quieres ir antes al gimnasio, desayunar y meditar al sol, hazlo. Que quieres remolonear hasta mediodía en la cama, hazlo. Salir a correr por la inmensa playa de Sancti Petri o dar un paseo en bicicleta hasta los comercios cercanos para comprar artesanía o detalles playeros son otras de esas actividades no planificadas que sientan fenomenal.
Ya está bien de vivir con un propósito
El periodista Matthew Cantor escribía en The Guardian que «ahora todos vivimos con un propósito. Cada momento es producto de una planificación sincera y forma parte de la búsqueda cuidadosa de una vida vivida sin defectos».
Ese planificar hasta la extenuación acaba por estrangular la sal de la vida que es la improvisación, la emoción de no saber qué pasará mañana o dónde acabará lo de hoy. En The New York Times Marie Solis se preguntaba «¿cuándo todo empezó a tener que ser intencional?»
Posiblemente la clave la ponía la escritora y autora del libro Adult-ish, Cristina Vanko, desde la red social X: «Yo creo que lo que necesitamos es dejar de ser tan intencionales y empezar a divertirnos». Frente a quienes se montan unas vacaciones con horarios estrictos que más que desestresar, nos rematan el estrés, están quienes llegan a un hotel y ni se plantean reservar nada. Playa, piscina, siesta y, si acaso, partida de bolos por la noche en la bolera del hotel. Nada más y nada menos.

Vacaciones sin programa
La vida es cuestión de prioridades. «Hay quienes necesitan tener la agenda llena. Controlar que van a conocer todo lo que el lugar elegido como destino para sus vacaciones les ofrece. Necesitan saber con días de antelación qué van a hacer. Lo contario les genera estrés», apunta Alicia Carramiñana.
La incapacidad para desconectar es el gran mal de nuestros tiempos y el multitasking, nuestra condena. Esa especie de «zapping con el cerebro» del que le hablaba el neuropsicólogo Andrea Bariselli a nuestra compañera Verónica Fernández se traduce en la necesidad de tener una agenda llena de actividades. Incluso en vacaciones.
¿Todo estructurado o según te pida el cuerpo?
Los expertos en relaciones con el huésped de un hotel, ese punto llamado Guest Desk, vienen a ser casi psicólogos sin la titulación. Son ellos los que, mientras el huésped recién llegado disfruta de una limonada o algo fresco para beber, desglosan las posibles actividades para llenar su agenda vacacional. Pueden reservarse una visita al Parque Natural de Doñana en todoterreno, visitar las Bodegas y Almazara Sancha Pérez de Conil, contratar los servicios de un nutricionista, reservar un exhaustivo plan detox en el spa o probar un masaje chino Tui Na en el Sky Wellness Terrace, situado en la terraza más alta del hotel con vistas al mar.
O agradecer las propuestas, terminarse la limonada y abandonarse al dulce placer de vivir sin agenda. Y ya, si eso, improvisar según les pida el cuerpo. «Cada día hay actividades gratuitas a las que se pueden apuntar libremente si les apetece: Ballet Fit, aeroyoga, spinning en la azotea…», añade Manuel Galván, el otro subdirector del hotel.
Improvisar, pero con una hoja de ruta
Acostumbrados a vivir bajo el yugo de un horario y una hoja de ruta para todo, hay quienes sienten las vacaciones sin nada que hacer como un salto al vacío. Pero, a la vez, se resisten a encorsetarse en un programa exhaustivo de actividades lúdicas que sea tan estricto como lo de la oficina, pero sin ver al jefe a diario.
Es ese tercer grupo de huéspedes que se imponen una semi-rutina, pero van a su aire. Para ellos la cadena Barceló, gestora del hotel, ha desarrollado WeBalance, un programa de bienestar digital con entrenamientos, meditaciones guiadas y consejos de vida saludable. Está disponible en la app de Barceló. «Es una forma nada invasiva de darles un servicio de bienestar sin que sientan que les estamos agendando las vacaciones», detalla Galván.
Contracturas que ‘desaparecen’ solas
Los días previos a las vacaciones suelen ser una contrarreloj para dejar todo acabado en el trabajo antes de colgar el out of the office. El saldo ya lo conocemos: estrés disparado, musculatura agarrotada y la piel con ronchones, granitos o rojeces. En otras palabras: todo lo que el cuerpo puede somatizar bajo tanto estrés.
«Hay huéspedes a los que tratamos nada más llegar y tienen la piel fatal. Vienen unos días después y nos dicen ‘qué manos tienes. Hoy tengo la piel fenomenal”, explica Eva Delgado Cote, terapeuta en el Wellness Spa del Hotel Royal Hideaway Sancti Petri. «Pero no hay ningún tratamiento que en tres días te deje la cara ideal. Lo que pasa es que en esos tres días, como están de vacaciones y en este entorno maravilloso, bajan sus niveles de estrés. Y reducir el cortisol repercute en la piel».
Dar placer a los sentidos olvidados
Contaba la oftalmóloga Cristina Irigoyen-Bañegil en estas mismas páginas que nuestro problema no son las pantallas, sino que «igual que descansamos la mente, el ojo también necesita descansos». Del resto de los sentidos ya ni hablamos.
Y esos sentidos a los que nunca se hace caso tienen su momento de placer en los tratamientos faciales y corporales del spa. «Todo cuenta: la temperatura de la cabina, el volumen de la música, el olor de las cremas… El Facial Experience Perricone, que es uno de los tratamientos antiedad estrella del hotel, ahora es mucho mejor porque han mejorado el aroma de los productos. Antes los clientes decían que olía… a crema de toda la vida. No era malo, pero resultaba menos placentero», declara la terapeuta del Spa.
La conexión entre placer y aromas
En esa desconexión placentera, «hay un componente emocional muy claro», apunta Mireia Fernández, directora dermocosmética de Perricone MD. «Si una crema huele bien, el cerebro la asocia con placer, autocuidado, limpieza o bienestar», añade Raquel González, cosmetóloga y creadora de Byoode.
Su protocolo iluminador exclusivo en el hotel gaditano, Royal Superfood Facial, destila sensorialidad y esos aromas naturales que caracterizan a la marca. «Es otra forma de abandonarse y desconectar: masaje manual, fragancias suaves, vacaciones… y Cádiz», concluye la terapeuta. Porque el mejor placer es siempre el que se improvisa. Y más, si estás de vacaciones.
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