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carne vegetal

Las hamburguesas de origen vegetal tienen un aspecto y sabor similar a las tradicionales./ Unsplash.

Alimentación

Comí carne vegetal durante una semana y esto fue lo que pasó

El reto era probar filetes de pollo, hamburguesas, carne picada o varitas de merluza, todo plant-based, para ver si los sabores son similares a los reales. Los resultados me dejaron con la boca abierta.

Por Paka Díaz

20 de febrero de 2023 / 14:06

Mientras preparaba un reportaje sobre los avances en productos alimentarios como la carne o el pescado, pero de origen vegetal, nos surgió una duda: ¿puede estar más rica la carne falsa que la real? El reto era probar filetes de pollo empanados, hamburguesas, carne picada o varitas de merluza, todo plant-based, o sea, de carne y pescado de origen vegetal. Los resultados son tan sorprendentes que, sin hacer spoiler, ahora entiendo mejor el éxito de este sector en plena expansión.

La popularidad creciente de las carnes vegetales obedece a diversos factores. Por un lado, medioambientales. Un estudio reciente de la Universidad de Oxford muestra que, al no comer carne ni productos lácteos, una persona puede reducir su huella de carbono hasta en un 73%. Por eso cada vez más gente está optando por una dieta vegana o vegetariana. El interés es tan grande que el banco BBVA destaca el sector de la carne de origen vegetal como una inversión segura, y analistas financieros como Bloomberg Intelligence predicen que se puede quintuplicar su valor para 2030.

Beneficios de la carne vegetal

La carne de origen vegetal emite entre un 30 y un 90 % menos de gases de efecto invernadero y utiliza entre un 47 y un 99 % menos de tierra, según el Good Food Institute. Además, hay beneficios adicionales en el bienestar. Algunos estudios sugieren que puede mejorar los parámetros de fertilidad y también reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, el de obesidad y de presión arterial alta

“La carne vegetal es mucho más eficiente, sostenible y saludable. No tiene colesterol, grasas más saludables como el aceite de oliva, está fortificada con hierro, b12 y otros micronutrientes como Omega 3, y podemos conseguir que la comida que amamos la podamos comer con más frecuencia”, destaca Marc Coloma, activista, cofundador y CEO de Heura Foods.

Los productos de origen vegetal más consumidos en España

En España, los más consumidos son, en este orden: las bebidas vegetales, los yogures y helados de este tipo y en tercer lugar, las hamburguesas veganas o vegetarianas, consumidas ya por un 45,5% de los españoles. Así lo confirma el informe Observatorio de Consumo de la Alimentación plant-based en España 2022, realizado por la Asociación de Productores de Alimentos y Bebidas Vegetales.

Si no eres muy fan de las hamburguesas vegetales, hay buenas noticias: sus sabores se están perfeccionando. Cada vez hay más opciones alternativas a la carne, las proteínas y los lácteos, más allá de las hamburguesas, las albóndigas o los nuggets. Según explican desde el equipo de KM ZERO Food Innovation Hub, una innovadora empresa cada año publica Fooduristic, un informe sobre las principales tendencias en alimentación.

En el de este año, queda claro que “pasaremos de consumir productos plant-based esencialmente en nuestros hogares, a encontrarlos en más restaurantes. Eso aumentará nuestras oportunidades de comer de la forma que decidamos también en lo que respecta a las proteínas vegetales”, apuntan desde KM ZERO.

Mi cata de productos plant-based

Nos decidimos por probar productos de Heura Foods, una empresa pionera cuyo interés en el mercado es tan alto que, en tan solo en las primeras 48 horas en su primera ronda de financiamiento crowdfunding, vendió todas las acciones disponibles. Sus productos se están popularizando tanto que incluso han creado la pizza Varbacoa con Domino’s Pizza, que ya se puede encontrar en cualquiera de los locales de la cadena.

Conclusiones tras probar carne vegetal

Varitas de merluza: No solemos comer este tipo de productos, procesados y para freir. Parece un poco alucinante, pero lo cierto es que saben muy parecido a las varitas tradicionales, que tanto nos gustaban de pequeños. Eso sí, conviene dorarlas bien. Optamos por hacer un par en la freidora de aire y ¡bingo! Creo que es una buena idea porque, para mí, quedan más ricas y ligeras. Incluso diría que con más sabor.

Chorizos vegetales: Mi pareja hace los huevos al plato más deliciosos del mundo, y se le ocurrió sustituir el chorizo por uno vegetal, con proteína de soja y aceite de karité, para ver qué tal quedaba. El resultado no estaba mal, pero no tenía nada que ver con la maravillosa contundencia del chorizo real. Sin duda recuerda al él, sobre todo a su pimentón, pero de todos los productos plant-based que probamos, es el que menos me gustó. Donde se ponga un chorizo real, de momento, no hay color.

Carne picada: Una de las grandes sorpresas. Esta carne picada plant-based está… ¡buenísima! Además, resulta muy fácil de trabajar estando congelada. Pero lo que más impresiona es su sabor, muy conseguido. Vaya, que nos hicimos unos macarrones con salsa boloñesa tan espectaculares que, los que sobraron, me los comí al día siguiente recalentados sin el más mínimo pudor.

Supremas de pollo: Igual que con las varitas, no solemos comer este producto. Y, como con las varitas, para mí la mejor opción es la hecha en la airfryer, que le quita grasa y, si la doras bien, está muy buena. Desde luego, sabe muy similar a un filete de pollo empanado de los congelados.

Eso sí, los que hago yo, con la carne bien machacada y su rebozado con pan rallado, ajo y perejil, y un toque de limón, siguen estando más ricos. Pero desde luego, como una buena opción para comer menos carne me parece interesante. También me gustaron porque no son pesadas de digerir.

Hamburguesas de ternera: Con ellas, nos explotó la cabeza. No sólo el sabor, sino también la textura, el color y el aspecto, son impecables. Hasta tal punto parecen hamburguesas reales que tuve que pasar un poco más de tiempo la mía en la sartén porque la vi muy rosita por dentro, y ¡me gusta la carne muy hecha! Las servimos en los típicos panecillos para hamburguesa, con cebolla a la plancha y loncha de queso –y yo, lechuga, tomate y pepinillos encurtidos–.

O sea, tal y como hacemos siempre que cenamos hamburguesas. El resultado fue delicioso. Vaya, creo que ni en un restaurante especializado estarían más ricas. Ahora tengo ganas de hacer una cata a ciegas con amigos, a ver quién es capaz de distinguir entre una hamburguesa de carne real y esta opción a base de proteína de guisante. Yo, desde luego, no podría asegurarlo.

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