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No siempre inflaman los ultraprocesados: a veces lo hace lo “healthy”. Foto: Ron Larch / Pexels
Ni el brócoli es inocente
Creías que sumando kale, huevos y fibra todo era salud, pero hasta lo “sano” puede sentar mal. Porque el cuerpo, y sobre todo la microbiota, tienen la última palabra
Por Eva Carnero
5 DE SEPTIEMBRE DE 2025 / 14:00
Comer sano es mucho más que comer brócoli. De hecho, si solo nos alimentamos a base de brócoli, tarde o temprano tendremos carencias nutricionales y acabaremos enfermos. La clave para comer saludable está en el equilibrio. O, lo que es lo mismo, es una combinación razonable de alimentos de calidad, variados y en raciones coherentes para adquirir todos los nutrientes que necesitamos. Sin quedarnos cortos, ni pasarnos de largo. En definitiva, tal y como dijo Paracelso, allá por el siglo XVI, «el veneno está en la dosis».
En general, todos los alimentos frescos son saludables: frutas, hortalizas, cereales enteros, carnes (mejor las magras que las grasas), huevos, pescados... Ahora llegan los matices: no siempre comer alimentos saludables es comer sano. Piensa en un huevo. Nos aporta proteínas interesantes, una cantidad moderada de grasas y vitaminas, como la A y otras del grupo B. ¿Es bueno incorporarlo a nuestra dieta? Por supuesto. ¿Me puedo comer media docena de huevos al día? Mejor, no, por muy saludable que sea.
Hay evidencia de casos reales que demuestran problemas de salud por un consumo desmedido de un alimento tan aparentemente inocente y saludable como el huevo. Un caso clínico reveló que un paciente que consumía 12 huevos al día (204% del requerimiento diario de yodo) desarrolló un brote inflamatorio de herpes. «Este paciente sobrecargó su sistema inmune y desencadenó una respuesta negativa», apunta la doctora Natalia Gennaro, ginecóloga de ASISA y experta en antiaging y suelo pélvico. La culpa no es del pobre huevo, sino de una dieta mal planteada con una presencia excesiva de un único alimento.
En la nutrición no hay verdades generales. La leche, el pan o la fruta son alimentos que, en general, está fuera de sospecha de ser poco saludables. Pero tendrán efectos adversos si eres alérgico a la leche, intolerante a la lactosa o a la fructosa, celiaco o te han diagnosticado SIBO, por poner solo algunos ejemplos. Lo que a casi todo el mundo le hace bien, a algunas personas les va a sentar mal, llegando incluso a poner en riesgo su salud.
«La comida sana puede convertirse en una fuente de inflamación y malestar si no se asimila correctamente. Y esa capacidad del cuerpo para asimilar nutrientes depende de múltiples factores, como la propia salud de la pared del tubo digestivo, la cantidad y calidad de la microbiota intestinal, la genética y epigenética individual, la composición de los alimentos y el estado metabólico individual», explica Gennaro.
La digestión no depende solo de nuestro estómago y nuestro intestino. Esta tarea vital resulta imposible sin la cooperación de nuestras bacterias intestinales, ese enorme conjunto de obreras diminutas que conocemos como microbiota intestinal. "Los desequilibrios en la microbiota, como el crecimiento excesivo de ciertas bacterias, pueden interferir en la absorción de nutrientes y generar inflamación", prosigue la experta.
Lo mismo sucede si hay carencias de alguna enzima digestiva. Si no producimos suficiente lactasa, la enzima responsable de procesar la lactosa de la leche, tendremos intolerancia a la lactosa y cada vez que probemos algo que lleve leche nos producirá hinchazón, gases o dolor de tripa. En cambio, si lo que nos falta es sacarasa-isomaltasa o aldolasa B podríamos tener intolerancia a la sacarosa y fructosa, respectivamente. Este tipo de deficiencias puede ser de por vida, o transitorias por alguna alteración del epitelio intestinal (el recubrimiento interior de nuestro intestino del que depende la correcta absorción de nutrientes, electrolitos y agua) a causa de una gastroenteritis, la toma de medicamentos, cambios hormonales o por un déficit de nutrientes que inactivan determinadas enzimas.
A tus bacterias intestinales les gusta la fibra y, al fermentarla, producen ácidos grasos de cadena corta (AGCC), como el butirato o ácido butírico, que son antiinflamatorios. Esto que sobre el papel parece fácil, en la vida real no siempre es así. Si nuestra microbiota está mal, si tenemos menos bacterias de las necesarias, vamos a producir poco butirato. "Entonces, me inflamaré. Pero si hay un sobrecrecimiento bacteriano, es decir, hay más bacterias de las necesarias, también me inflamaré", advierte Gennaro.
En este caso, al haber tantas bacterias, algunas acaban fermentando en el intestino delgado, que no es su lugar. Es lo que se conoce como SIBO y produce la temida hinchazón abdominal, entre otra sintomatología adversa. "Es decir, incluso la comida sana con alimentos ricos en fibra puede no ser una buena opción para personas con desequilibrios en su microbiota».
Si hasta los alimentos saludables pueden darnos guerra, imagina hasta dónde puede llegar el impacto negativo de los ultraprocesados. Estos alimentos, ricos en grasas saturadas, carbohidratos refinados, azúcares, sal y toda suerte de aditivos «alteran la microbiota intestinal, reduce la diversidad bacteriana y genera y perpetúa la inflamación».
La hinchazón es una de las señales de que algo no va bien. Pero no es la única. De hecho, nuestro organismo nos grita de mil maneras distintas que no logra asimilar un alimento, aunque nos empeñemos en comer sano. Entre los signos más comunes, la doctora Gennaro destaca los siguientes:
Del mismo modo que cada uno de nosotros somos un mundo, y reaccionamos de un modo distinto a cada alimento, también hay alimentos más propensos que otros a generar intolerancias o dificultades digestivas. Algunos de ellos son:
Comer estos alimentos no significa que necesariamente te produzcan hinchazón, gases o molestias digestivas. Hay a quienes les sientan divinamente y otras personas a las que no. Todo dependerá de la persona, el estado de su microbiota y la cantidad del alimento ingerido. Por eso, «es importante observar cómo reacciona nuestro cuerpo para identificar posibles intolerancias».
Las intolerancias alimentarias son como las arrugas o el acné: no naces con ellas, pero pueden desarrollarlas en algún momento. Y pueden desaparecer cuando desaparece la causa externa que las ocasiona. Las causas de aparición - desglosa la doctora Gennaro - pueden ser variadas:
Cuando un alimento desencadena un proceso de inflamación, existen diversas formas naturales de aliviar los síntomas:
El consumo reiterado de alimentos que nos provocan inflamación, incluso si para otros esa dieta equivale a comer saludable, puede tener graves consecuencias para nuestra salud. La doctora pone el foco en estas cinco: