Necesitamos más contacto con la piel: la tristeza acumulada y el exceso de estrés pueden hacer que acabes llorando durante un simple masaje manual
Tenemos que tocarnos más
El tacto de las manos sobre la piel, sin que medie deseo sexual, es una terapia infalible contra el estrés diario y un momento de placer no culpable que nos quita hasta la cara de enfado.