NO TE PIERDAS SIBO, infecciones de orina...: la menopausia también altera la microbiota

En la menopausia todo se pone un poco del revés. La salud de nuestra microbiota no iba a ser una excepción. FOTO: Thamyres Silva/Pexels.

Las bacterias también se alteran

De infecciones de orina al SIBO: así cambia la microbiota en menopausia

En el cuerpo hay tantas bacterias como células (incluso más). Es lógico que se vean afectadas por el descenso estrogénico. Un efecto que, por cierto, va más allá de las digestiones pesadas…

Por Cristina Martín Frutos

30 DE ABRIL DE 2026 / 07:30

«Las mujeres somos más microbianas que los hombres». La frase la pronunció la doctora María Martínez Villaescusa en la pasada edición de ASISA WeLife Menopausia. Se refería a que en ellas el número de células microbianas supera al de las células humanas. Si en los hombres la proporción es casi al 50%, en las mujeres se estima que es algo mayor: unos 44 billones de bacterias frente a 21 billones de células humanas. Pero todo se tuerce para la microbiota en la menopausia.

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«La pérdida de estrógenos actúa como un acelerador global del envejecimiento, también de la microbiota. Esto supone que las mujeres no solo pierden un gran número de microorganismos, especialmente, de los buenos. También vemos que la diversidad es menor. Y ese cambio es realmente importante», advierte Martínez Villaescusa, nefróloga y experta en metabolismo y nutrición.

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Es decir, los cambios hormonales influyen en la composición y, en definitiva, en la función del microbioma. Y que cambie la microbiota en la menopausia es un cataclismo para el bienestar de la mujer. 

La doctora, que participó en la mesa redonda “El otro mapa de la menopausia: más allá de los ovarios”, de la última edición de ASISA WeLife Menopausia, recuerda que las consecuencias de esa alteración son muchas. Las digestiones pesadas o la sensación de hinchazón son, quizá, las más conocidas. O al menos de las que más se hablan en redes sociales últimamente. 

Pero lo cierto es que estos microorganismos se encuentran en todo nuestro cuerpo. «En el tubo digestivo, por supuesto, pero también en los pulmones, la piel, la boca, la vagina…», apunta la experta. Esto se traduce en que muchos de los síntomas que se perciben están relacionados con esa alteración o disbiosis. 

Una de las partes del cuerpo más afectadas por esta serie de cambios es la boca. ¿Qué sucede? La saliva, fundamental para la salud bucodental, contiene, entre muchos otros elementos, estradiol, progesterona y estrona. Con la caída de todas estas hormonas, evidentemente, hay variaciones: «El equilibrio de la microbiota bucal se rompe», apunta la doctora. 

A esto hay que sumar que se sabe que el pH salival de las mujeres menopaúsicas es más ácido y que hay mayor sequedad. Por todo ello, en esta etapa, se incrementa el riesgo de padecer más infecciones bacterianas, periodontitis, aftas, patologías de las encías… 

Por raro que suene su nombre, hace ya muchos años que el término Lactobacillus nos es familiar. Durante tiempo fue el reclamo para comprar algunos yogures y bebidas, y hoy se sabe que los encontramos, de forma natural, en alimentos como el kéfir, el miso o el vinagre de manzana sin filtrar. Pero, además, este microorganismo es clave para la salud urovaginal. 

«Lo que sucede en menopausia es que se pierde gran cantidad de esos Lactobacillus que se encuentran en la vagina. Esto, sumado a que el epitelio de la zona se hace más finito, se traduce en menos protección», explica la doctora Martínez Villaescusa. «Y, en última instancia, se presenta en forma de molestias, sequedad vaginal e infecciones de orina de repetición». 

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Tenemos cambios en la boca. En la vagina. También en la piel: «Mayor sequedad, irritación, sensibilidad cutánea y rojeces…», enumera la experta.

Y, por supuesto, en el sistema digestivo. Según la doctora, «el sobrecrecimiento bacteriano (el famoso SIBO) se favorece por un tránsito más lento y porque perdemos ácidos gástricos. También es más frecuente en las mujeres de más de 40 años la infección por Helicobacter pylori». 

Y no solo eso. Como advierte la doctora Conchita Vidales, autora de ‘Cuida tu microbiota’, la alteración del equilibrio bacteriano intestinal puede provocar también «cambios en la absorción de nutrientes, como el calcio, magnesio y la vitamina D. Además, está relacionado de forma directa con mayor acumulación de grasa en el abdomen e incremento de riesgo cardiovascular”. 

Ante este tsunami que amenaza la microbiota, cabe preguntarse cómo se puede evitar o, al menos, solucionar. La doctora Martínez Villaescusa defiende la importancia de la alimentación. «A través de la dieta, igual que te lo puedes cargar todo en muy poco tiempo, puedes mejorarlo notablemente». Aunque, en ocasiones, primero toca suplementar para salvar la carencia y, después, mantener esa alimentación: con buena ingesta de fermentados, fibra, verdura, fruta… 

Otro aspecto fundamental es dejar de normalizar ciertos síntomas, como la hinchazón frecuente, el cansancio o la aparición de patologías cutáneas.

Un internista o gastroenterólogo puede ser de gran ayuda, aunque no tienen la respuesta a todo.

En primer lugar, es fundamental acudir a un servicio de ginecología experto en menopausia y, a partir de ahí, elegir el especialista concreto. Incluso es interesante contar con un nutricionista.

Por supuesto, aún queda mucho por investigar y muchos profesionales tienen que actualizarse, pero nunca hay que dejar de lado el cuidado de la microbiota. Al fin y al cabo, como dice la experta, «si no nos preocupamos de ella, estamos dejando la mitad de nuestro cuerpo, de nuestra salud, sin abordar». 

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