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beber agua afecta a la microbiota intestinal

Beber agua es bueno. Para ti y para las bacterias de tu microbiota. FOTO: Olly/Pexels.

El agua no es solo agua

No solo de fermentados vive la flora intestinal: el agua que bebemos también influye en la salud de nuestra microbiota

Ese ejército de bacterias amigas que viven (y trabajan) en nuestro intestino es sensible a todo lo que comemos. Y no solo a los alimentos de la dieta. También a lo ponemos en el vaso.

Por Verónica Palomo

19 DE ABRIL DE 2026 / 08:00

¡Qué a mi microbiota no le falten fibra y probióticos! De un tiempo a esta parte, los carritos de la compra parecen tener un único objetivo: cargarse de alimentos que enriquezcan el ecosistema intestinal. Eso está bien, y no seremos nosotros quienes reventemos esa premisa ni mucho menos. Pero en esta justificada y casi devota obsesión que nos mueve por alimentar de bacterias buenas a nuestro intestino, nos hemos olvidado de un nutriente esencial. Uno que no tiene sabor, ni olor, ni color, pero afecta más de lo que creemos a nuestras bacterias amigas. Porque beber agua también afecta a la microbiota.

En un país como el nuestro donde el agua del grifo es potable en casi todo el territorio nacional, conviene saber qué impacto tiene en nuestra microbiota. Y se lo hemos preguntado a la doctora Mar Sánchez Somolinos, jefa de la unidad de Microbiota de Neogenia, una clínica especializada en el diagnóstico y tratamiento de la microbiota y los trastornos digestivos.

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El agua no es solo agua

Para abrir boca, nuestra interlocutora es contundente: «El agua que bebemos influye en las bacterias que viven en nuestro intestino». A renglón seguido, explica que lo hace por varios motivos. «Por los minerales que contiene, las bacterias que pueda llevar, la forma en que se desinfecta (con cloro, por ejemplo) y la cantidad que bebemos cada día», relata la especialista en Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica.

Todo empieza con un artículo científico publicado en The Journal of Nutrition en el 2022 llamado American gut project que analizó cómo influye el tipo de agua (del grifo, embotellada, filtrada y del pozo). Los resultados no dejaron lugar a dudas: el origen del agua que bebemos determina en un 13-47% la variedad de nuestra microbiota.

¿Cómo sucede este fenómeno? Simple: el agua no es solo agua o H2O, como estudiábamos en el colegio. Tal y como explica Mar Sánchez Somolinos, «el agua del grifo contiene sales y minerales (como sodio, cloruro y sulfato) que pueden cambiar poco a poco la diversidad de bacterias del intestino. Además, lleva sus propias bacterias, que, al beberla habitualmente, pueden llegar hasta nuestro intestino y quedarse allí».

El pH del agua afecta poco

Sin embargo, otro estudio realizado en personas sanas no encontró diferencias en la microbiota entre aquellas que tomaban agua con pH neutro (alrededor de 7) y aguas con pH alcalino (alrededor de 9). «El pH dentro del intestino es mucho más importante. Por ejemplo, cuando el entorno intestinal es más alcalino, aumentan ciertas bacterias beneficiosas, como las de la familia Ruminococcaceae y Erysipelotrichaceae. Mientras que cuando es más ácido, la diversidad y favorecen otras bacterias menos deseables, como las Lachnospiraceae y Veillonellaceae».

El doble filo de la desinfección

Lo que sí influye en la microbiota son los procesos de desinfección del agua del grifo, como el uso de cloro o cloraminas. Estos componentes químicos pueden alterar la mucosa intestinal y favorecer la aparición de bacterias potencialmente patógenas o resistentes a antibióticos.

La experta de la clínica Neogenia explica que «por estudios que se han realizado se sabe que el agua clorada reduce la variedad de bacterias buenas y puede aumentar algunas bacterias que, en determinadas circunstancias, se asocian a distintas enfermedades (como Acinetobacter o Staphylococcus)”.

Pero que no cunda el pánico. «Esto no quiere decir que el agua del grifo sea peligrosa. de hecho, está tratada precisamente para protegernos de infecciones. Pero sí explica que el tratamiento químico también tenga un pequeño impacto en nuestras bacterias intestinales», matiza la experta.

¿Del grifo, embotellada o filtrada? 

Las personas que beben principalmente agua de pozo (en algunas zonas de España, aunque siempre tratada y analizada, aún se bebe) suelen tener mayor diversidad de bacterias intestinales (mayor abundancia de Dorea y menor de Bacteroides, Odoribacter y Streptococcus comparado con otros grupos).

Quienes beben agua del grifo, embotellada o filtrada, muestran composiciones diferentes. Los que beben agua embotellada pueden tener menos diversidad microbiana ambiental, pero es algo muy sutil y que apenas tiene efecto.

La cantidad de vasos de agua sí que importa

Los expertos aconsejan que no nos obsesionemos con el hecho de si es mejor beber del grifo o de la botella. H, ya que hay otro factor que influye incluso más en la diversidad microbiana intestinal y en la prevención de bacterias asociadas a infecciones gastrointestinales: la cantidad de agua que bebemos diariamente.

La doctora Mar Sánchez Somolinos afirma que «la cantidad influye mucho, incluso más que los minerales que contiene. Las personas que beben poca agua al día tienen una microbiota diferente, menos diversa, a las que beben bastante, e incluso muestran mayor presencia de bacterias como Campylobacter (que puede causar infecciones intestinales)».

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Cada región tiene un agua con distinta cantidad de minerales, diferente dureza y distintos tratamientos de desinfección. Estas diferencias se reflejan en el sabor y en la flora intestinal de sus habitantes. La razón de que sea más más dura o blanda depende de la cantidad de calcio y magnesio que contenga, de su origen (de la desalación, de embalses, ríos o acuíferos) y de los diferentes sistemas de tratamiento que se aplican en cada comunidad autónoma, con más o menos cloro.

Una gran mayoría de los estudios que se han realizado sobre las diferentes aguas coinciden en que las aguas que salen de terrenos graníticos, al filtrar mejor los minerales, son más suaves. En cambio, aquellas que proceden de terrenos calcáreos son más duras, ya que la piedra caliza no tiene tanta capacidad de filtración.

Aunque se suele considerar que las aguas duras no son tan apetecibles, no son malas para la microbiota (salvo quizá alguien con mucha sensibilidad). De hecho, su efecto es mínimo comparado con otros factores, como la dieta, el uso de antibióticos, el estrés o infecciones recurrentes.

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