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La polémica está servida. Para unos la esencia del deporte es el entrenamiento, no competir dopados. Y lo de que vale para mejorar la longevidad es una excusa que no convence. FOTO: Shvets Production/Pexels.

Mucho ruido, pocas nueces... y nada de longevidad

Los Enhanced Games y su barra libre de dopaje: ¿vale todo por el bien de la ciencia?

Hormonas del crecimiento, testosterona y hasta los famosos bañadores prohibidos por mejorar la flotabilidad. Y solo se batió un récord.

Por Verónica Palomo

5 DE JUNIO DE 2026 / 07:30

Imaginen una competición deportiva donde todo lo que suena a dopaje, prohibido en las competiciones habituales, está permitido. Sin límites. Solo una premisa: había que declararlo y tener el control del un médico. Con este punto de partida se celebraron el pasado 24 de mayo en Las Vegas los Enhanced Games, presentados al mundo como el desafío de los valientes para romper récords deportivos y catapultar la longevidad. 

«Los Enhanced Games hacen básicamente lo mismo que yo. Están empujando hacia delante los límites de los que los humanos pueden hacer», comentaba Bryan Johnson, el famoso gurú del biohacking y presentador del evento. «Los humanos nos hemos puesto el reto de no morir y los atletas tienen el reto de romper las fronteras del rendimiento deportivo», proseguía eufórico y mostrando que ese evento le venía como anillo al dedo.

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El propio Johnson explicaba que «se van a observar 925 biomarcadores. Los mismos que me miran a mí. En este caso se trata de una competición deportiva, pero es lo mismo». El objetivo, según se mire, crear un espectáculo diferente o trabajar por la longevidad.

«Enhanced Games no es solo un evento deportivo. Es un movimiento para ayudar a cada ser humano a convertirse en la mejor versión de sí mismo». Son palabras del millonario alemán Christian Angermager, uno de sus ideólogos, junto a Aron D´Souza.

La idea de unir dopaje y longevidad en los Enhanced Games pretendía explorar los límites de la condición humana y aprovechar los resultados para dar un empujoncito a la ciencia. Con deportistas de élite como cobayas voluntarias. Porque en esta competición los atletas tenían permitidos todos los fármacos y sustancias autorizadas por la FDA con fines médicos, pero que pueden estar vetados en competición.

Se abría así el grifo a la testosterona, hormona del crecimiento, NAD+, GLP1 y otras sustancias destinadas, en este caso, a mejorar el rendimiento deportivo. Todo bajo supervisión médica para garantizar la seguridad de los atletas y comprobar los efectos sobre un cuerpo llevado al límite.

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Sobra decir que desde la creación de la Agencia Mundial Antidopaje (WADA), el deporte internacional ha estado regido por la lógica de la prohibición. El uso de sustancias para mejorar el rendimiento se considera una infracción que atenta contra la igualdad de condiciones y la integridad de la competición.

El investigador de sustancias antidopaje Martin Chandler, de la Universidad de Birmingham, explicó en una entrevista en el periódico The Guardian que «los Enhanced Games se asemejan más a un ensayo farmacológico mal diseñado que a una alternativa viable al deporte tradicional». Según sus análisis, «actualmente no existe evidencia científica suficiente para garantizar la seguridad de protocolos que implican el uso de dosis elevadas de sustancias anabolizantes y hormonas de crecimiento durante largos periodos de tiempo”.

El cardiólogo deportivo Aaron Baggish, que lleva trabajando más de dos décadas con deportistas, compartía una visión similar. Para él, «la monitorización médica no elimina los riesgos inherentes al uso de estas sustancias. Los efectos cardiovasculares, incluyendo hipertensión, alteraciones del ritmo cardíaco e incremento del riesgo de eventos cardiovasculares, pueden aparecer incluso en individuos sometidos a controles frecuentes».

Sus defensores claman por los posibles beneficios para la ciencia. Si hasta ahora los límites establecidos para una sustancia se basan en la cautela, este evento podría dar más generosidad a esos límites. Y, en principio, proporcionar más salud, mejor rendimiento o más longevidad a quienes los tomes. Ese es, al menos, el argumento que sustenta este evento.

Esta justificación ‘científica’ del proyecto ha sido muy cuestionada, ya que la comunidad médica conoce desde hace décadas los efectos de los esteroides anabólicos en el cuerpo humano. Basta visitar la web oficial de los Enhanced Games, repleta de publicidad y venta de péptidos, testosterona y demás sustancias  para darse cuenta de que todo este evento más que de deporte va de engordar el negocio de sus inversores.

Y entre ellos, empresas farmacológicas, de biotecnología, longevidad y productos relacionados con la optimización física.

El concepto central de los Enhanced Games es que el dopaje puede gestionarse de manera segura mediante supervisión médica y usar ese conocimiento para mejorar la forma física de la población general. Lo paradójico es que parece que las únicas voces especializadas que compran el argumento son los dos doctores que trabajan para estos Juegos. Tanto el cardiólogo Guido Pieles como el doctor Dan Turner, los únicos que públicamente aplauden la iniciativa, tienen una vinculación contractual con el evento.

Ellos aseguran que «estos Juegos representan una oportunidad para estudiar el uso de sustancias potenciadoras en un entorno controlado. Los riesgos asociados a sustancias como la testosterona o la hormona del crecimiento pueden reducirse mediante la  monitorización médica, análisis periódicos y protocolos individualizados».

Los Enhanced Games no han revelado qué sustancias dopantes (PED Performance-Enhancing Drugs o drogas para mejorar el rendimiento) ha tomado cada atleta en el evento celebrado el pasado 24 de mayo en Las Vegas. Solo se han dado a conocer datos globales: ,

  • Un 91% de los atletas utilizó testosterona o ésteres de testosterona
  • Un 79% utilizó hormona del crecimiento humano
  • Un 62% utilizó estimulantes
  • Un 50% utilizó moduladores metabólicos
  • Un 41% utilizó eritropoyetina (EPO)
  • Un 29% utilizó un agente esteroide anabólico
  • Un 5 % utilizó terapias de apoyo hormonal.

Por muy controlado que anuncien que está todo este consumo, numerosos estudios han demostrado que los anabolizantes pueden causar daños importantes en el corazón. Un estudio publicado en la revista JAMA comparó a más de mil deportistas sancionados por consumir anabolizantes con casi 60.000 personas que no los habían utilizado. Los resultados mostraron que quienes habían consumido estas sustancias tenían más del doble de riesgo de morir por causas naturales, como enfermedades cardiovasculares o cáncer, durante un seguimiento de hasta 18 años.

¿Merece la pena? De momento sabemos que toda esta química utilizada en los Enhanced Games no ha producido ningún récord mundial. Y eso que sus ambiciosos impulsores esperaban una avalancha. De los 42 atletas que compitieron en natación, atletismo, halterofilia y strongman, ninguno batió ningún récord gracias a la química.

Solo el nadador griego Kristian Gkolomeev completó los 50 metros estilo libre masculinos apenas 0,07 segundos más rápido que la marca mundial establecida gracias a un bañador de poliuretano prohibido en las competiciones oficiales.

Los defensores del deporte sin artificios aplauden estos malos resultados deportivos. Y ponen en valor la genética y el entrenamiento. Ningún velocista (incluso dopado) ha podido superar el récord en los 100 metros de 9,58 segundos que alcanzó el jamaicano Usain Bolt en el 2009, algo que ha provocado estudios científicos para estudiar el caso.

La científica Polly McGuigan, investigadora en la Universidad de Bath sobre el rendimiento humano, junto con otros investigadores experto en biomecánica como Peter Weyand y Sam Allen, sostienen que este récord no solo es resultado de un riguroso entrenamiento, sino que se debe a su genética: una estatura de casi 2 metros y una biomecánica única que le hace necesitar menos pasos que el resto de los contrincantes para completar los 100 metros.

Habrá que esperar

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