Entrenar con amigos resulta más ameno. Y al final, rindes más. FOTO: Cottonbro/Pexels.
Corazones sincronizados
El secreto mejor guardado de los clubs de runners: correrás más rápido y con menos esfuerzo
¿Te has dado cuenta de que cuando corres o haces ciclo con otras personas todos respiráis al unísono y el entreno pasa volando? Tiene una explicación biológica.
Por Silvia Capafons
11 DE JUNIO DE 2026 / 07:30
Si has salido a correr con otras personas, sea en un club de running o con amigos, te habrás dado cuenta de que, poco después de empezar, todos respiráis al mismo ritmo, como si formarais parte de una estudiada coreografía. Como los muñecos a pilas a los que han puesto en marcha en el mismo instante. Vaya por delante que esto solo pasa si todos los participantes están a un nivel muy similar de forma física y no hay uno al que lleven, como se suele decir en el mundillo runner, ‘con el gancho’. Esta sincronización de las pulsaciones al entrenar en grupo puede hacer que la sesión se pase mucho más rápido y se perciba como menos duro.
Y todo tiene una explicación.
Con amigos el esfuerzo se nota menos
¿Empatía o biología? Las dos cosas. Dejando a un lado los beneficios emocionales de hacer ejercicio con más gente, la ciencia ha demostrado que ese subidón que sentimos en mitad de un entrenamiento al ver que todos vamos al mismo ritmo no es casualidad.
Investigadores de la Universidad de Bar-llan University en Israel afirman que, al estar sincronizados, el esfuerzo duele menos. Como si fuera una especie de analgésico social. Sucede porque cuando nos movemos de manera coordinada entrenando, bailando o incluso caminando, el cerebro interpreta esa sincronía como una señal de conexión y cooperación. Otros trabajos apuntan que, al trabajar al compás, también la frecuencia cardíaca se mueve al unísono y mejora el rendimiento.
Todos a la vez, por dentro y por fuera
Como explica la doctora Iria Teresa Rodríguez, del Servicio de Psiquiatría de HM Hospitales, la sincronización tiene bastante base fisiológica. «Hay un componente mecánico. Al practicar deporte con otros repetimos movimientos, compartimos esfuerzo y fisiológicamente tendemos a asimilar tanto la respiración como la frecuencia cardíaca, más allá de la motivación y la emoción».
La cadencia de la pisada o escuchar la misma música también ayudan a esa sincronización. No por la música o el ritmo, sino porque obliga a todos a seguir un mismo patrón de esfuerzo.
Varias investigaciones han demostrado que los diferentes tempos y melodías pueden producir efectos diversos en el corazón. «Hablamos de actividades aeróbicas sobre todo, siempre ajustadas al nivel que cada cual pueda realizar por sus condiciones físicas».
El grupo te da alas
Esto no es cosa solo de voluntad. A veces pensamos que nuestra capacidad para aguantar un minuto más en la bici de ciclo indoor es solo cuestión de determinación. Pero un estudio de la Universidad de Oxford publicado en la revista científica Plos One sugiere que hay algo más: nuestro cuerpo usa la sincronía con los demás como una señal de seguridad.
Cuando nos movemos al unísono, nuestro cerebro libera endorfinas que elevan nuestro umbral del dolor, permitiéndonos rendir más de lo que haríamos solos. Es una forma biológica de decirnos: no estás solo, el grupo te sostiene.
Sin extralimitarse
La doctora resalta la importancia de una colectividad con un pulso compartido siempre que no se pierdan o difuminen las necesidades individuales. De otra forma «el deporte perdería parte de su sentido. La creación de grupos en los que el estado físico de los integrantes pueda ser similar puede ayudar a que la intensidad del esfuerzo se sincronice». Aun así hay que observar posibles señales de alarma que puedan indicar que nos estamos excediendo.
«Una sensación de cansancio desorbitado, taquicardia, dificultad para respirar o sensación de mareo, son indicadores claros de que la actividad física está siendo excesiva», explica.
Sin venirse arriba por la euforia
Al entrenar en grupo es fácil dejarse llevar por el ritmo del grupo e instalarnos en un nivel de esfuerzo que no vamos a poder mantener mucho tiempo. Esto no solo es frustrante, sino que no conlleva beneficios ni mejora.
«En el componente psicológico, una obsesión notable con las sesiones de entrenamiento, malestar si no se puede seguir la rutina planificada, problemas de imagen corporal… podrían actuar también como señales de alerta de que el ejercicio está pasando a ser un problema. Al final, cuando por en el intento por sincronizarnos lo que hacemos es obviar nuestro limite físico entraríamos en riesgo, ya que cuando hacemos ejercicio, las condiciones individuales son las que marcan el límite. La competitividad desproporcionada puede hacer que no prestemos atención a las señales de agotamiento en una intencionalidad de seguir al grupo», advierte la psiquiatra.