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NO TE PIERDAS Nos enseñaron a perseguir cuerpos imposibles; ahora, la menopausia nos obliga a negociar

Kate Moss ayudó a definir el ideal de belleza de los 90. Tres décadas después, continúa desfilando mientras aquel canon empieza a mirarse con otros ojos. FOTO: Angela Weiss/AFP via Getty Images.

Día Mundial de la Menopausia 2026

La generación del ‘heroin chic’ llega a la menopausia

Nos enseñaron a perseguir cuerpos imposibles y a desconfiar de la barriga. Ahora la menopausia nos obliga a negociar con un cuerpo que ya no juega con las mismas reglas

Por Salomé García Gómez

18 DE OCTUBRE DE 2026 / 07:30

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Las mujeres que ahora rondamos la edad de entrada en la menopausia asistimos a la era del esplendor de las supermodelos de los 90, altísimas, delgadas y guapísimas aparentemente sin esfuerzo. Después llegó el heroin chic, ese término cruelmente despectivo que englobaba a esa nueva hornada de diosas, tan bellas como hiperdelgadas y a las que se presuponía cierto consumo de estupefacientes que les impedía ganar peso. Ahí estaban Kate Moss o una Keira Knightley en estado de gracia con sus vaqueros low rise.

Pero sin ir tan lejos. Que levante la mano la que no soñaba con un ombligo perfecto como el de Britney Spears, las piernas esbeltas de Victoria Beckham o lo bien que le quedaban los jeans a Jennifer Aniston en Friends.

Crecimos con unos ideales de belleza contundentes e hicimos lo imposible por mantenernos delgadas, con la cintura de avispa y la tripa plana. Entonces, nos llega la menopausia y el cuerpo empieza a ir a su aire.

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Hijas de nuestros errores

Antes de la cultura actual de los cuerpos fuertes y cincelados a base de una dieta saludable y la carga adecuada de actividad física, las dietas estrictas y excluyentes eran la pauta habitual entre las mujeres para no engordar. En especial, demonizando los carbohidratos. El pan engorda, la pasta engorda, el arroz en gorda...

La nutricionista y divulgadora Marta Marcè, que será una de nuestras invitadas en WeLife Festival 2026, también vivió aquella época. "Estábamos tan equivocadas", responde.

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"Las que ahora rondamos los 40 y los 50 vivimos una época con un ideal corporal muy duro. Crecimos con el heroin chic, aprendimos a admirar cuerpos extremadamente delgados y aprendimos a odiar los carbohidratos porque supuestamente engordaban. Durante mucho tiempo nos enseñaron que eran casi el enemigo: que si querías estar delgada, tenías que quitarlos. Cualquier alimento rico en carbohidratos había que controlarlo, restringirlo o evitarlo. Eso ha marcado mucho nuestra relación con la comida".

Este cuerpo no es el mío

Estar eternamente a dieta es el mantra que nos ha acompañado desde adolescentes. Era desesperante, estresante, angustioso... pero nos funcionaba. O eso creíamos. Vetábamos los carbohidratos y temíamos a las grasas para seguir delgadas. La menopausia cambia las reglas del juego y esa absurda restricción ya no funciona.

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Y, por si fuera poco, aumenta el estrés en una etapa donde el cortisol comienza a desbocarse.

"Aquí hay dos cosas distintas que conviene separar. La primera es que en esta etapa no solo cambia cuánta grasa tenemos, sino dónde se acumula. Eso lo determinan en gran medida los estrógenos. De niñas tenemos un cuerpo más recto; en la adolescencia, al cambiar las hormonas, empezamos a tener más curvas, más pecho y cadera. Cuando llegamos a la perimenopausia y la menopausia y esas hormonas vuelven a cambiar, el patrón cambia de nuevo: se acumula menos grasa en las caderas y más en el abdomen", explica la nutricionista.

Si hasta hace nada el espejo nos devolvía una silueta de reloj de arena, ahora "tenemos un cuerpo más recto". La grasa que antes creaba esa forma tan femenina se muda hacia el abdomen. Adiós al ombligo de Britney. "No estoy gorda, tengo menopausia", reivindicó hace meses la modelo Heidi Klum cuando algunos se mofaron de su nueva anatomía con algo de tripita.

No confundir obesidad con naturaleza

Aquellos cuerpos huesudos del heroin chic se nos grabaron a fuego. Queríamos estar escuálidas a los 20 y queremos que siga así a los 50. Pero ni era normal entonces, ni lo es ahora. "No es solo una cuestión de peso ni de tener más grasa, sino de que cambia el sitio donde se deposita. Como nadie nos lo ha explicado, sentimos que nuestro cuerpo ya no es el que conocíamos, no nos gusta y no lo reconocemos", señala Marcè.

Y lo que es peor, lo interpretamos como que ahora estamos más gordas. Porque el adjetivo 'gorda', así, con las 5 letras, le cae a cualquiera que un día tenga hinchazón, esté premenstrual, tenga menopausia o porque haya cogido unos kilos de más.

Solo hay que recordar el escarnio sufrido por Georgina Rodríguez este verano. La modelo y esposa de Cristiano Ronaldo salió al paso con unas declaraciones que suscribimos letra por letras: "Mi cuerpo cambiará, como cambia el de todas las mujeres. Y espero que lo siga haciendo durante muchos años, porque eso significará que sigo viviendo".

Bravísima, Georgina

La influencer hispano-argentina aún tiene 32 años y, previsiblemente, está muy lejos de entrar en menopausia (salvo menopausia precoz, como le sucedió a Marcè a los 26 años). Pero los comentarios hirientes hacen daño. La propia Georgina lo explicaba desde sus redes sociales: "Lo estuve comentando con Cris y le dije: 'Me preocupa que ahora me estén llamando gorda, porque vivo de mi imagen'.

Por suerte, el futbolista estuvo a la altura. Esta fue su respuesta: "Tú no vives de tu imagen. Tú vives de lo que eres. Una mujer perfecta. Guapa, con un cuerpazo, madre, buena persona, exitosa y que vive la vida con amor. ¿Qué más quieres? Es normal que te envidien".

Para Marcè este ejemplo y otros muchos deberían abrir la puerta a reivindicar de una vez por todas a la mujer real a cualquier edad. Que no es gorda, ni dejada, sino una mujer con un cuerpo de verdad, sin filtros ni mandangas. "Es una tarea de todas, empezando por los medios de comunicación, empezar a mostrar cuerpos naturales de mujeres en este y otros momentos de la vida", detalla.

Aceptar no es abandonar

A renglón seguido advierte que no se trata caer en el conformismo o la resignación. "Este tipo de adiposidad central es diferente y favorece más la inflamación que puede contribuir también a una mayor resistencia a la insulina", advierte Marcè.

OTROS TEMAS WELIFE

Insiste en que es el momento de cambiar el discurso. No se trata de huir del michelín, ni de censurar la barriga porque sí, sino de "cuidar la salud metabólica. ¿Cómo? Con alimentación y con ejercicio físico específico que trabaje para mantener una composición corporal saludable. No para recuperar el cuerpo de antes, sino para buscar de verdad esa salud metabólica, esa energía, ese sentirnos ágiles, ese bienestar".

Nada de cenar solo lechuga

En ese cambio de chip también debe cambiar nuestra relación con la comida. Nos enseñaron a pasar hambre con tal de lucir figura con aquello de que 'para presumir, hay que sufrir'. Ahora la consigna es clara: hay que comer de verdad. "No sirve de nada cenar un poco de lechuga o un yogur. Primero, porque no debemos perder la oportunidad de meter nutrientes también en la cena. Segundo, porque necesitamos tener los nutrientes disponibles para que el cerebro forme los neurotransmisores del sueño", explica.

Recalca la palabra 'sueño' porque el insomnio, los despertares nocturnos y, en general, lo de dormir mal suele ir asociado a la menopausia. Y ahí entran nuestros viejos enemigos: los carbohidratos. "El carbohidrato por la noche es importante para que el triptófano atraviese la barrera hematoencefálica y acabe convirtiéndose en serotonina y melatonina, que son las que nos hacen dormir".

Tampoco hay que preparar una cena pantagruélica y complicada. "Una cena completa, con tu fibra, tus grasas buenas (sin excedernos, para que la digestión no sea larguísima), tu proteína fácil de digerir y tus carbohidratos complejos, te va a ayudar a descansar bien y a estar saciada. Así evitamos las ganas de picotear algo antes de irnos a la cama y nos aseguramos un sueño reparador", apunta.

Es hora de asumir nuestra menopausia como algo natural y pasar página con los viejos errores del heroin chic. 

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