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NO TE PIERDAS La comida ahora no solo tiene que ser nutritiva, queremos que sea fotogénica

La ciencia de la longevidad tiene claro que hay que cuidar como oro en paño a las células grasas. FOTO: Christian Vierig/Getty Images.

Sin bajas en los tejidos

Una nueva radiofrecuencia de rejuvenecimiento cutáneo desata la locura porque no mata a los adipocitos

La nueva aparatología médico-estética no solo cuida la piel. También mima la musculatura superficial y las células grasas para asegurar una buena consistencia cutánea.

Por Salomé García Gómez

16 DE SEPTIEMBRE DE 2026 / 14:00

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Si esto fuera una película podría llamarse 'Salvar al soldado adipocito'. Pero ni somos Spielberg, ni estamos en Normandía, aunque sí queremos a toda costa prolongar la longevidad de la piel. Incluidos los tejidos más profundos, esos que no forman parte de la piel, pero que aportan soporte y turgencia a toda la estructura.

Por eso, cuando Cynosure Lutronic anunció hace unos días el lanzamiento de XERF, su nueva plataforma de radiofrecuencia monopolar capaz de alcanzar capas muy profundas, la comunidad médico-estética aplaudió este nuevo hito de I+D.

Aunque lo importante no es lo que ya se conoce. Lo relevante es lo que aún está en fase de investigación y que podría revolucionar las terapias de regeneración celular a partir de los adipocitos.

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Preservar la funcionalidad de la piel

La persona que va a vivir 120 años ya ha nacido, decía el investigador Manel Esteller en la pasada edición WeLife Longevidad. Los demás tal vez no lleguemos a centenarios, pero casi seguro que viviremos más que las generaciones que nos precedieron. En este escenario a muy largo plazo, no tiene sentido atajar las arrugas o la flacidez a corto plazo. Lo sensato es preservar la funcionalidad plena de los tejidos, mejorando en todo lo posible su aspecto.

Pero cuidar la piel con la vista puesta en un futuro cada vez más lejano no es solo un objetivo para dermatólogos y médico-estéticos. Es ya una prioridad para los ingenieros y médicos que desarrollan equipos de rejuvenecimiento cutáneo. O, como les gusta llamarlo, tecnologías para la regeneración de los tejidos. Es aquí donde XERF ha llegado para llevar la conversación a otro nivel.

Y lo hace poniendo el foco no solo en el colágeno, sino en la supervivencia del tejido graso.

Trabajar en dos planos a la vez

Este nuevo equipo consiste en una radiofrecuencia monopolar que combina dos frecuencias, 6,78 MHz y 2 MHz. Esta doble descarga de energía permite en una misma sesión distribuir la energía en distintos planos y alcanzar desde la dermis hasta estructuras más profundas relacionadas con el sistema fibroseptal y el plano muscular superficial (SMAS).

Al llegar a capas tan profundas, esta nueva radiofrecuencia supera el simple retensado de los tejidos y la estimulación del colágeno y la elastina. "Ahora podemos mejorar la densidad, la elasticidad y la calidad global de todos los tejidos", apunta Jaime Tufet, médico estético y experto en rejuvenecimiento facial de Grupo Pedro Jaén. De cara al paciente, el tratamiento se hace más llevadero al incorporar un sistema de monitorización de la temperatura, que no puede exceder los 43ºC, y una tecnología de refrigeración cutánea para evitar la sensación de 'quemazón'.

Los resultados se empiezan a apreciar de forma gradual en los meses siguientes al procedimiento y buscan mantener los rasgos y la naturalidad del rostro tratado.

La grasa es mucho más que un relleno

Esta visión gradual de los tratamientos de rejuvenecimiento choca con el abordaje radical y por partes de las últimas décadas. Durante años la medicina estética ha mantenido una guerra sin cuartel contra las arrugas. La flacidez se atajaba con lifting quirúrgicos muy invasivos y las manchas con peelings químicos no exentos de riesgos. "No era por falta de conocimiento. Trabajábamos con las herramientas a nuestro alcance, ya fuera un bisturí o el fenol. Hoy sabemos que el rostro envejece en todas sus capas y que existe una relación constante entre ellas. Lo que necesitábamos era herramientas que nos permitieran ese abordaje global con seguridad", apunta el doctor Tufet.

En palabras de este veterano médico, el paso del tiempo deja huella en la epidermis, la dermis y en el colágeno, cuya producción cae a límites dramáticos. "Además, se altera la matriz extracelular y también evolucionan los compartimentos grasos, los septos fibrosos, los ligamentos y el plano muscular superficial", añade.

Se detiene al llegar a la grasa facial. "Antes se consideraba poco menos que un simple relleno. Hoy sabemos que es un tejido vivo con funciones mecánicas y metabólicas, que participa en la hidratación, la amortiguación y la señalización celular. Con los años no solo puede perder volumen o cambiar de posición; también puede perder eficiencia funcional".

Evitar la cara chupada

Desde esta perspectiva más global, el rejuvenecimiento no puede quedarse en "rellenar lo que se hunde o tensar lo que desciende", defiende el doctor Tufet. "Se trata de cuidar y mejorar el estado de todos los tejidos, incluido el tejido graso. Hasta ahora lo matábamos. Ahora ya no".

Insiste en que no se trata solo de evitar "que la cara se te quede chupada porque has perdido grasa. Es que el adipocito cumple una función hormonal y si lo destruyes, no envía mensajes. El futuro del rejuvenecimiento no es el fibrobasto. Está en el tejido adiposo".

Mimar el tejido adiposo

Tradicionalmente, la radiofrecuencia dañaba los adipocitos, pero se consideraba un mal menor en este intento por revertir la flacidez. Hoy se sabe que hay que cuidar los adipocitos, entre otras cosas, porque son una de las reservas naturales de células madre mesenquimales.

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Y este es el gran caballo de batalla actual de la investigación en longevidad celular. "Existen líneas de investigación muy interesantes sobre el microentorno celular, la función de los adipocitos, la senescencia y la inflamación asociada al envejecimiento", apunta Tufet.

Algunos de esos trabajos se centran en la capacidad del adipocito como epicentro de las células madre. Una radiofrecuencia que caliente y estimule, sin causar apoptosis (el término correcto para referirse a la muerte celular), podría estimular la vascularización y hasta la oxigenación celular, cortesía de la adiponectina, una hormona que se genera en el tejido adiposo y estimula la creación de nuevas mitocondrias.

Pero para eso aún queda tiempo y años de investigación.

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