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OPINIÓN

¡No nos toquen los garbanzos!

27 DE ENERO DE 2026 / 07:30

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Mientras Naciones Unidas insiste en potenciar el papel de las legumbres como fuente de proteína saludable para la dieta. En cambio, la administración Trump cede el protagonismo a las carnes rojas.

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Miguel Ruiz-Canela
Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra

¡No nos toquen los garbanzos!

Garbanzos, lentejas o habas, habituales en nuestras despensas, pasan a un discreto segundo plano en la nueva guía alimentaria de la administración Trump. FOTO: Antoni Shkraba Studio/Pexels.

Recientemente, Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, afirmó que "es un milagro que el presidente Donald Trump siga con vida, teniendo en cuenta su dieta". Se refería, sobre todo, a la comida rápida que el presidente consume con frecuencia cuando está de viaje. Si esto es así para el hombre más poderoso del planeta, cabe preguntarse qué ocurre en el conjunto de la población estadounidense.

La respuesta no es ninguna novedad: escasa tradición culinaria, poco tiempo para cocinar y fácil acceso a alimentos baratos de muy baja calidad nutricional. Este contexto, combinado con otros estilos de vida poco saludables, conforma una combinación explosiva que afecta con especial intensidad entre los grupos con menor nivel socioeconómico. El resultado es bien conocido: una prevalencia de obesidad que supera el 40%, acompañada de un aumento marcado de diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular y determinados tipos de cáncer. No es casualidad que la esperanza de vida en Estados Unidos sea más de cinco años inferior a la española. A la vista de estos datos, es difícil negar que Kennedy tiene motivos para la preocupación.

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Con este panorama, el gobierno estadounidense aspira a aliviar la enorme carga que suponen las enfermedades crónicas relacionadas con la nutrición. El reto es mayúsculo: lograr que millones de personas modifiquen hábitos alimentarios profundamente arraigados. En este contexto cobran sentido las guías nutricionales que se publican cada cinco años en Estados Unidos. Robert F. Kennedy Jr. ha sido uno de los principales portavoces en la presentación de las nuevas guías. Estas recomendaciones influyen directamente en políticas públicas y se traducen, por ejemplo, en los programas de alimentación de escuelas, hospitales y otras instituciones.

Además, su repercusión trasciende las fronteras estadounidenses, lo que explica el interés internacional que despiertan.

¿Cuál es el mensaje central de estas nuevas guías? Un cambio de paradigma: menos énfasis en nutrientes aislados y mayor atención a los alimentos reales. Se entiende por alimentos reales aquellos que están mínimamente procesados y aportan nutrientes de alta calidad. En el extremo opuesto se sitúan los ultraprocesados, productos industriales diseñados para ser irresistibles, ricos en aditivos y pobres desde el punto de vista nutricional. Paradójicamente, muchos de estos productos se promocionan como opciones saludables gracias a reclamos como 'rico en vitamina C'', 'con omega 3' o 'bajo en grasa'.

La publicidad agresiva, la facilidad de consumo y el bajo precio hacen el resto. Así, estos alimentos se convierten en la solución rápida para alimentarse a diario y, al mismo tiempo, en una trampa: cuanto mayor es el consumo habitual de ultraprocesados, mayor es el riesgo de enfermedad y muerte prematura.

Sin embargo, las nuevas guías no están exentas de polémica. La recomendación más controvertida ha sido el aumento de la ingesta proteica, en particular de carnes rojas. Esta directriz ha sorprendido a buena parte de la comunidad científica, ya que la evidencia disponible apunta más bien a limitar su consumo. El problema no es solo la recomendación en sí, sino el proceso que ha llevado a formularla. No fue un proceso transparente: se ignoró un informe científico independiente y se optó por otro que parece haber seleccionado la evidencia de forma alineada con determinados intereses. En este sentido, las guías no reflejan una verdad científica incontestable, sino una interpretación oficial de la ciencia adaptada a un contexto social, económico y productivo concreto.

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La situación en España es distinta. La dieta mediterránea se ha consolidado como un patrón alimentario de alta calidad, respaldado por una de las bases científicas más sólidas disponibles. Los estudios más rigurosos confirman lo que ya sabíamos: no hay bandazos ni cambios bruscos en lo que respecta a qué es más saludable comer. Se trata de un patrón basado en alimentos reales, pese a que el adjetivo 'mediterráneo' se utilice de forma abusiva en productos ultraprocesados.

Su núcleo son los alimentos de origen vegetal —verduras, legumbres, cereales integrales, frutas, semillas y frutos secos—, con el aceite de oliva como grasa principal. A ello se suma una tradición culinaria rica en sabores y aromas, con el uso de especias y técnicas de cocina saludables, y un consumo moderado de alimentos de origen animal como el huevo, el pescado y la carne, en especial las aves. Economía local, sostenibilidad y cohesión social forman parte inseparable de este patrimonio cultural del que, legítimamente, podemos sentirnos orgullosos.

Miguel Ruiz-Canela

Miguel Ruiz-Canela Catedrático y director del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra. Ha participado en numerosas investigaciones y dirigido diversas tesis doctorales.

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