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Sé lo que hiciste el pasado verano... o esos días de otoño en los que aún hace calor y apetece pasear al sol. Si vas a hacerlo, mejor con un sombrero. FOTO: Gradyreese/Getty.
En otoño llega la factura capilar de las vacaciones
La microbiota capilar también sufre los excesos de los días de sol y acelera el envejecimiento del cabello.
Por Salomé García Gómez
14 DE OCTUBRE DE 2026 / 08:09
La piel tiene memoria solar. Sabemos que cada quemadura deja una huella en forma de daño permanente que se traduce en manchas, fotoenvejecimiento y mayor riesgo de cáncer.
El cuero cabelludo también es piel y, a su manera, también sufre con una exposición excesiva al sol. Recientes estudios llevados a cabo por los laboratorios Sisley revelan que los desequilibrios de la microbiota del cuero cabelludo deterioran la salud del cabello y podrían acelerar su caída.
En este proceso, una quemadura solar en el cuero cabelludo, lo que los tricólogos denominan 'eritema solar', podría tener consecuencias preocupantes para la melena.
José Ginestar, director científico de Sisley, explica que "ese eritema capilar produce inflamación. Nuestros estudios han detectado la presencia de dos cepas bacterianas específicas que se repiten en la microbiota capilar de las personas con alopecia. Estas cepas serían las responsables de una inflamación crónica que podría favorecer la caída del cabello".
Las conclusiones del estudio llevado a cabo por Sisley reflejan que esa inflamación acelera el ciclo de vida del cabello, que en condiciones normales suele durar entre 2 y 8 años. Cuando se registra esa inflamación, el pelo se cae antes y las reservas podrían agotarse. "Entre las causas hemos identificado la fuga de células madre, la pérdida de anclaje y el declive de la energía celular".
Esta acción no sería instantánea, sino que, como todo lo que concierne a la piel, sucede a futuro, pero de forma inexorable.
Se estima que un folículo del cuero cabelludo puede completar aproximadamente entre 10 y 30 ciclos a lo largo de la vida. La pregunta que flota en el ambiente es si acelerar ese ciclo debido a la inflamación podría agotar las reservas del folículo de por vida.
Este extremo aún no ha sido demostrado científicamente y Ginestar evita ponerse en el peor de los escenarios. "Lo que nos interesa es tener un cabello sano y que esa fase anágena dure lo máximo posible. Sabemos que el eritema solar y la inflamación acortan la fase anágena, así que eso es lo que debemos evitar. Obviamente, el problema es mayor cuanto menos pelo tengamos porque es más fácil dañar el cuero cabelludo con el sol", prosigue.
En un contexto de longevidad como objetivo vital, perder el pelo antes de tiempo podría convertirse en un problema si queremos llegar a centenarios con una buena melena. "Insisto: lo mejor es prevenir. Si vamos a la piscina no cuesta nada ponernos una gorra o un pañuelo. Y en casa, después de lavarlo, aplicar Le Sérum Revitalisant Fortifiant de Hair Rituel by Sisley. Un consejo que siempre doy es hacer una cura intensiva en los equinoccios, que es cuando más se cae el cabello. Empezaremos aplicándolo cada dos días y luego dos veces a la semana".
Los resultados de laboratorio demuestran que se logra un 50% menos de pelos en fase de caída y una reactivación intensa y significativa del crecimiento del cabello.
Cada folículo piloso atraviesa de forma repetida un ciclo que incluye una fase de crecimiento o anágena, una breve fase de transición o catágena, y una fase de reposo o telógena, tras la cual el cabello finalmente se desprende. En condiciones normales, el folículo inicia entonces un nuevo ciclo y produce un nuevo cabello que volverá a pasar por estas fases. "Lo de los 10-30 ciclos es una cifra orientativa. No hay evidencia de que acelerar ocasionalmente el ciclo del cabello signifique 'gastar' una reserva limitada de ciclos y terminar quedándonos sin pelo por haberlos consumido demasiado pronto", apunta la tricóloga Cristina Romera, de Instituto Médico Ricart.
Explica que el folículo piloso tiene una gran capacidad regenerativa gracias, entre otros mecanismos, "a la presencia de células madre foliculares, que participan en el inicio de cada nuevo ciclo".
"Con los años, el folículo también envejece y puede ir perdiendo parte de su capacidad regenerativa. En este proceso intervienen mecanismos complejos relacionados con las células madre foliculares, el estrés oxidativo y otros cambios asociados al envejecimiento. No podemos decir que esto ocurra simplemente porque hayamos consumido un determinado número de ciclos. Lo correcto es hablar de factores que pueden alterar el funcionamiento normal del folículo", prosigue la tricóloga.
El doctor Javier Fernández Vela, tricólogo de Esthea Medica, declara que hay que distinguir entre calor y radiación solar. "La radiación ultravioleta puede producir numerosos efectos biológicos en la piel, pero esto tampoco demuestra que las altas temperaturas ambientales acorten el anágeno hasta acabar agotando los folículos. No hay base para pensar que unos veranos cada vez más cálidos vayan a provocar que las personas longevas terminen calvas por haber acelerado y agotado prematuramente sus ciclos capilares. Dicho de otra manera: el escenario de llegar a los 100 o 120 años convertidos en 'bolas de billar' porque el calor nos haya hecho gastar todos nuestros ciclos capilares no está respaldado por estas fuentes dermatológicas".
Hace un llamamiento a la tranquilidad ante la temida caída estacional que se produce cada otoño. "Sabemos que la caída del cabello presenta variaciones estacionales. Es decir, a lo largo del año puede cambiar la proporción de cabellos que se encuentran en las diferentes fases de su ciclo. Pero que exista una variación estacional no significa que la causa sea el calor, y mucho menos que cada verano estemos consumiendo parte de una reserva limitada de cabello. En una persona sana, no necesitamos intentar retrasar indefinidamente el telógeno. Que un cabello deje de crecer, entre en reposo, caiga y sea sustituido por otro forma parte de la fisiología normal del folículo", añade.
La teoría de que el eritema solar es un factor más a la hora de dañar la salud del folículo resulta sólida. No lo es tanto la relación entre el calor del verano o el hecho de que en esa estación haya más horas de sol. El doctor David Saceda, tricólogo colaborador de Unicskin, aclara que "en verano y después del verano hay una caída del cabello reactiva. Es una caída puntual, pero la ciencia no sabe de forma clara por qué sucede".
Una hipótesis es el calor. "Podría ser también por la radiación solar, no tanto las quemaduras, sino que la luz solar aumenta a lo largo de la primavera hasta llegar al máximo en verano. Tener más horas de luz al día hace que tengamos un ritmo circadiano diferente y el cuerpo lo interprete como un momento en el que hay que renovar el pelaje, como sucede en otros mamíferos", añade el doctor Saceda.
La salud del cabello, como también sucede con la salud de la piel, depende en buena medida de cómo lo cuidemos. "Sí podemos alargar el ciclo de vida de cada cabello. En primer lugar, antes que tratamientos, la consigna es llevar hábitos de vida saludables para que ese cabello que está creciendo siga multiplicando las células y viva más. Si a pesar de ello, el cabello no termina de mejorar o se queda corto, hay que recurrir a tratamientos médicos para mejorar la fase de crecimiento".
En este punto, Saceda insiste en que la pauta clínica no suele ceñirse a un solo tratamiento. "Contamos con fármacos orales, inyectados en el cuero cabelludo y terapias con luz LED e infrarrojo cercano. Donde más evidencia hay publicada respecto a alargar la fase de crecimiento del cabello es con la luz LED", concluye el doctor Saceda. Estas terapias fotolumínicas ya se aplican en las consultas de los tricólogos. Además hay dispositivos de uso en casa que ayudan a revitalizar el cuero cabelludo.
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