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NO TE PIERDAS El enemigo no siempre es el champú. La grasa en el cuero cabelludo en esta etapa se combate en la ducha... y en la mesa
La naturaleza parece que se empeña en que no podamos lucir buen pelo a partir de la menopausia. Por suerte, la ciencia se pone al servicio de la cosmética capilar para evitar el desastre. FOTO: Ivan S (Pexels).
Caída de estrógenos y resistencia a la insulina, combinación fatal
El enemigo no siempre es el champú. La grasa en el cuero cabelludo en esta etapa se combate en la ducha... y en la mesa.
Por Isa Espín
6 DE OCTUBRE DE 2026 / 07:30
La llegada de la menopausia suele secar la piel. También, el cuero cabelludo. Pero hay mujeres que refieren todo lo contrario: el cabello se engrasa con más frecuencia. Y la situación se hace aún desesperante porque otro de los efectos de la menopausia es la miniaturización del cabello. Ese cabello cada vez más fino evidencia más el aumento de secreción sebácea; aumentan los niveles de estrés, tal vez algún que otro sofoco extra, y el cuero cabelludo responde con más grasa, más picor y la sensación de tener siempre mal el pelo.
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La reacción inmediata es cambiar de champú. O lavarlo más. Pero la causa de este nuevo descalabro tal vez no esté en la ducha, sino en la insulina. Según los estudios, uno de los principales cambios de las mujeres en menopausia es la resistencia a la insulina. Y esta, a su vez, potencia la producción de sebo en el cabello.
"Existe un vínculo directo. La resistencia a la insulina provoca hiperinsulinemia (niveles altos de insulina), la cual actúa como un 'altavoz' para los andrógenos. La insulina eleva el factor de crecimiento IGF-1, el cual dispara la actividad de la enzima 5-alfa-reductasa. Esta enzima convierte la testosterona en DHT (dihidrotestosterona), que es la hormona que hiperactiva las glándulas sebáceas", sostiene la farmacéutica Helena Rodero, especialista en cuidado del cabello.
Lo primero es entender que el cabello es un reflejo del estado general del organismo. Por eso, la experta explica que ante cambios bruscos de textura, grosor o caída, se debe realizar un abordaje integral que incluya:
¿Puede la resistencia a la insulina hacer que el pelo se engrase más rápido? "Sí, de forma significativa. Al activarse la ruta de la insulina y el IGF-1, aumenta la producción de DHT dentro del folículo", sostiene Rodero.
La experta explica que la DHT no solo debilita el pelo, sino que tiene receptores en la glándula sebácea anexa al folículo, estimulando una producción excesiva y rápida de sebo: "De hecho, tener resistencia a la insulina multiplica por 4.88 veces el riesgo de sufrir pérdida de densidad capilar asociada a estos desequilibrios".
¿Uno de los grandes errores? No usar acondicionador por miedo a la grasa. "Muchas mujeres lo evitan, lo que provoca que el pelo se rompa más. Debe aplicarse solo de medios a puntas", sostiene. Además, explica que hay que tener cuidado con el abuso de las planchas, ya que "a partir de 150°C se destruye la queratina de un cabello que ya está debilitado".
Si a todo esto le añadimos el exceso de sudor en el cuero cabelludo durante el ejercicio, apaga y vámonos. El aumento de temperatura y la sudoración durante el ejercicio también afectan al cuero cabelludo y pueden favorecer sensaciones como el picor y la incomodidad. El doctor Tristán Sobral, dermatólogo experto de H&S, explica por qué cuidar esta parte de nuestra piel debería formar parte de la rutina después de entrenar.
"Cuando hacemos ejercicio, nuestra temperatura corporal aumenta y sudamos, y esto también ocurre en el cuero cabelludo. El calor, la humedad y la propia composición del sudor pueden generar unas condiciones que favorezcan sensaciones de picor e incomodidad y, en personas susceptibles, contribuir a un entorno relacionado con la aparición de caspa. Y no es algo exclusivo de los meses de calor", sostiene.
Aunque entrenemos en invierno o las temperaturas exteriores sean bajas, el ejercicio aumenta nuestra temperatura corporal y activa la sudoración. Por eso, prestarle atención después de entrenar y lavarlo bien tiene sentido durante todo el año. "Muchas veces nos acordamos del cuero cabelludo solo cuando aparece la caspa o empezamos a notar picor o incomodidad, pero su cuidado debería ser algo continuado", explica Sobral.
Durante la menopausia, el descenso drástico de los estrógenos altera el equilibrio andrógenos/estrógenos. Al haber menos estrógenos (que tienen un papel protector y equilibrante), los andrógenos circulantes tienen, como asegura la farmacéutica Helena Rodero, "vía libre para actuar sobre el folículo, favoreciendo un entorno más graso y la miniaturización del cabello".
Es común observar una combinación de factores:
Ahora bien, en lo que a caída capilar se refiere, la experta farmacéutica explica que un champú anticaída "mejora la fibra y el entorno, pero no frenará el proceso; los cosméticos no llegan al folículo profundo".
Algunos tratamientos hormonales o antiandrógenos (como la espironolactona) se utilizan precisamente para bloquear la acción de los andrógenos en el folículo, lo que ayuda a estabilizar la caída y regular el exceso de grasa. "No obstante, cualquier terapia debe ser pautada de forma personalizada por un médico", señala la experta, que insiste en la importancia de hacer un panel analítico completo ante un escenario de pelo muy graso.
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