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NO TE PIERDAS Cuidado con el chat familiar: de la contención para no liarla al drama de silenciarlo o salirse definitivamente

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Al principio todos son risas y vídeos amables. Dale tiempo al tiempo: todo puede ir a peor. FOTO: Max Mishin/Pexels.

Alguien ha salido del grupo

Silenciar el chat familiar o abandonarlo para siempre: flirtear con el drama sin salir de casa

Los chats con suegros, cuñados y primos pueden ser espacios de seguridad y concordia... o conversaciones destinadas al drama. Descubre cómo gestionarlos antes de que llegue el desastre.

Por Marita Alonso

4 DE MARZO DE 2026 / 07:30

Los grupos de chat para la familia los carga el diablo. Bajo el inocente nombre de ‘Familia’ o ‘Family’ se conciben como espacios virtuales en los que compartir con familiares noticias, fotografías, memes, chascarrillos y otras curiosidades que solo hacen gracia si perteneces a ese clan. En teoría son espacios seguros, neutros y para todos los públicos. En la práctica los chats familiares pueden ser un campo de guerra.

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Responder o no responder a tu cuñada, esa es la cuestión

A Hamlet querría yo ver metido en la dinámica de un chat de familia donde siempre hay una cuñada con ganas de incordiar.  De esas que lanzan comentarios de los que escuecen sobre si has ganado unos kilos de más o si tus vacaciones son de ricachona snob. El psicólogo Mark Dombeck habla sobre la necesidad de poner límites y mantener comportamientos asertivos.

«Las relaciones familiares son importantes para la mayoría de la gente. Ese es el problema: son una motivación a la hora de seguir protocolos sociales y responder cuando se requiere, lo cual crea una sensación de presión que podría no existir en una relación con un extraño», asegura. «Cuando la gente entra en nuestro territorio y es poco respetuosa, tienes derecho a defenderte. La aserción es la piedra angular, el punto de equilibrio entre la agresión y la pasividad”, comenta a la BBC. Silenciar o no silenciar, esa es la cuestión. 

Aquí vuelan dardos envenenados

Pese a que los chats familiares nacieron como un espacio de encuentro cotidiano, en muchos hogares se han transformado en un escenario de tensión permanente. La exposición continua a opiniones enfrentadas —especialmente políticas—, la inmediatez de los mensajes y la ausencia de matices emocionales convierten estos grupos en un terreno fértil para el conflicto.

«Lo que hace especialmente delicada esta situación es que no se trata de un intercambio neutral. En los chats familiares no solo se comunican ideas: se activan vínculos, roles antiguos y emociones profundas. Por eso, para muchas personas, abrir el chat genera ansiedad, enfado o un desgaste emocional difícil de explicar, pero profundamente real», advierte María Jesús Nieto, psicóloga general sanitaria experta en familia, pareja y apego.

De este campo de batalla no te puedes escapar

Cuando en el chat familiar irrumpen posturas políticas opuestas, el verdadero terremoto no suele estar en el contenido del mensaje, sino en algo mucho más profundo: la necesidad de pertenecer. Desde una mirada sistémica, lo que se activa no es solo una diferencia de opinión, sino el deseo de sentirse escuchado, respetado y validado dentro del propio clan. Y si no te gusta, a ver cómo te vas sin causar un drama.

«El error más frecuente es responder como si se tratara de un debate público. En la familia no se discuten solo ideas: se ponen en riesgo identidades, lealtades y posiciones relacionales construidas a lo largo del tiempo. Por eso, intentar convencer suele intensificar el conflicto. Una estrategia clave es redefinir el objetivo interno: pasar de ‘defender mi postura’ a ‘proteger el  vínculo y mi equilibrio emocional».

Las estrategias para no salir herida pasan por «no responder, cambiar de tema o acordar que ciertos asuntos queden fuera del grupo no es censura: es cuidado relacional», dice Nieto. 

OTROS TEMAS WELIFE

¿Pero quién eres tú para decirme eso?

Donde hay confianza, da asco, dice el saber popular. Entre otras cosas, porque es fácil acalorarse y soltar barbaridades de las que no hay vuelta atrás. Cuando el desacuerdo se vuelve personal y aparecen comentarios despectivos u ofensivos, se activan emociones intensas como rabia, tristeza o vergüenza. «Callar siempre puede parecer una solución para evitar problemas, pero suele generar un malestar silencioso que se acumula», indica Nieto a WeLife.

Asegura que la respuesta más saludable es «breve, clara y sin ataque». Nombrar el impacto emocional del comentario permite marcar un límite sin alimentar la confrontación. «Si ese límite no se respeta, insistir solo aumenta el desgaste emocional y relacional», añade. El ‘no sabes cuánto daño me hacen tus palabras’ suele provocar un ‘pues anda que lo que tú me has dicho’ o ‘ahora no vayas de víctima, cuando tú eres mucho peor’. Hay negociaciones en plena guerra con menos tensión que un enfrentamiento de chat entre cuñadas. 

Ahí os quedáis

Nos queda la estrategia del portazo. Pero en familia, marcharse para evitar el conflicto se interpreta como un abandono del clan. La renuncia al apellido, la deshonra familiar y la soberbia del que se va. El famoso ‘míratala, si va de digna’. Por no hablar de que eres perfectamente consciente del traje que te van a hacer en cuanto abandones el grupo. «Silenciar o abandonar un chat familiar suele vivirse con culpa. Sin embargo, desde la psicología relacional, alejarse de un entorno que genera malestar constante es una forma legítima de autocuidado«, advierte.

Por suerte, Whatsapp tiene un mecanismo mágica que permite dar portazo y seguir curioseando sin ser visto: silenciar el chat. «Silenciar permite seguir perteneciendo sin exponerse continuamente. Salir del grupo también puede ser saludable si se comunica con respeto y sin justificaciones excesivas. Cuidarse no es traicionar a la familia, aunque a veces así se interprete», comenta la psicóloga. 

Kourtney Kardashian ha abandonado el chat

Los dramas de los chats entre familiares han llegado a la cultura pop de la mano de las Kardashian. La mayor de las hermanas, Kourtney, explicaba así el motivo por el que abandonó el chat familiar: «Khloé estaba hablando mal de alguien que publicó algo. Yo pensé que no tenemos tiempo para estas chorradas, así que simplemente dije: ‘Deja que viva su vida». Chimpún y a otra cosa, que la vida ya tiene bastantes zafarranchos para tenerlos también en casa. 

«Solo intento limitar mi comunicación con la gente a lo largo del día. Y si alguien me da una excusa para dejar la conversación, la tomo», añadía la mayor del clan. 

Del chat insistente al no me hablo con mi familia

No es el primer clan que, tras una época de frenesí e intercambio de mensajes, aterriza en una especie de Guerra Fría en la que solo se utiliza para felicitar el cumpleaños con un lacónico ‘felicidades’. María José Nieto subraya que las familias no se rompen por pensar diferente, sino por no saber gestionar el desacuerdo sin dañarse. «Aprender a poner límites, tolerar el silencio y aceptar que no todas las conversaciones tienen que darse es una forma de madurez emocional», explica.

En ocasiones, cuidar el vínculo no significa participar más, sino saber cuándo retirarse. «No todo espacio compartido es un espacio seguro. Quererse —en familia— también implica aprender a cuidarse. Entender estas dinámicas y aprender a regularlas no solo reduce el conflicto: protege la salud emocional y preserva los vínculos que importan», asegura para terminar.

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