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La ecoansiedad cada vez nos afecta más pero sobre todo a los jóvenes./ Pexels.

Medio ambiente

Ecoansiedad: qué es, cuáles son sus síntomas y cómo manejarla

Si sientes que la crisis climática te supera, quizá padeces de esta dolencia, relacionada con el exceso de malas noticias y la frustración por no poder hacer nada por mejorar. Te contamos cómo combatirla.

Por Cristina Martín Frutos

13 de febrero de 2023 / 15:46

Vas a la compra y te das cuenta de que te has olvidado de llevar tus bolsas. Tampoco encuentras las legumbres a granel. Ni eres capaz de llevarte algo de fruta sin plastificar. Está claro que no es tu día y, de pronto, te sientes culpable. Probablemente, sufres de ecoansiedad. Puede que al leer esta palabra pienses en la famosa Greta Thunberg. En 2019, con 16 años, dijo a los líderes mundiales en una conferencia de la ONU, “quiero que entren en pánico. Quiero que sientan el miedo que yo siento todos los días”. Palabras que la llevaron a ser una de las primeras personas en confesar que padecía este trastorno psicológico.

Qué es la ecoansiedad

Si bien la Asociación Americana de Psicología (APA) la define como «el temor crónico a sufrir un cataclismo ambiental que se produce al observar el impacto aparentemente irrevocable del cambio climático”, existen otras manifestaciones más leves, y cotidianas, de este tipo de estrés. Impotencia ante la crisis climática, frustración por no contar con herramientas para hacerle frente, pesimismo, culpabilidad…

La periodista Irene Baños, especializada en información medioambiental, conoce esta sensación de preocupación extrema. “Después de tres años cubriendo noticias sobre problemas relacionados con el medio ambiente no es fácil olvidarte de ello cuando llegas a casa. Terminas por martirizar a todo tu entorno con ese estrés por ser perfecto, ecológicamente hablando”, cuenta. De hecho, este fue el germen de su libro Ecoansias (Ariel), donde desmonta los espejismos de sosteniblidad y reivindica nuevos hábitos de consumo. “Al final, el querer luchar de forma individual genera un agobio que es contraproducente; puede llevar la inacción total y a pensar que ya no hay nada que hacer”, explica Baños.

Por qué se produce

Para empezar, la situación medioambiental que vivimos es un claro detonante. “Los retos y consecuencias de la emergencia climática son tan grandes que pueden llegar a hacernos sentir impotentes, débiles e incapaces de hacer algo útil para combatirlo”, apunta Elena Rúa, técnica del equipo de Incidencia y Educación para la Ciudadanía Global de Ayuda en Acción. La falta de herramientas para hacer frente a la crisis climática también tiene gran parte de culpa. “Comprobar que de forma individual no hay mucho que pueda hacerse para mitigar el problema resulta frustrante “, añade Rúa.

¿Y la información? Según Irene Baños, “nunca es demasiada”. En su opinión, no se trata de la cantidad sino de la calidad. “Deberíamos ir hacia una comunicación constructiva que no se encargue solo de transmitir la catástrofe. El periodismo de soluciones debe explicar por qué hemos llegado hasta ahí y cómo evitar que empeore”, añade.

Los síntomas de la ecoansiedad

La preocupación excesiva por luchar por el medio ambiente de forma individual puede llevar a una cierta obsesión. Pero la ecoansiedad presenta muchos más síntomas que, en ocasiones, pueden pasar desapercibidos. “Los más habituales son tener pensamientos anticipatorios excesivamente negativos o de tipo catastrofista y de forma repetitiva; entre los físicos, la tensión muscular, taquicardias, sensación de mareo…”, señala Laura Palomares, directora de Avance Psicólogos. Buscar información de forma compulsiva sobre el tema es otra señal bastante evidente.

“Por supuesto si ya dejamos de lado nuestras relaciones sociales y hábitos o nos notamos bajos de ánimo, podemos necesitar ayuda profesional”, alerta la psicóloga. Sin embargo, reconoce que, por ahora “no es frecuente verlo en la consulta de forma aislada. Aunque es cierto que hay una mayor conciencia del aumento de estas catástrofes y su frecuencia y por lo tanto una mayor preocupación, que sí se refleja en los pacientes”.

Los jóvenes, los que más padecen ecoansiedad

Tal vez porque ya nacieron sufriendo las consecuencias la contaminación y la crisis climática (y sobrexpuestos a la información sobre ello), los jóvenes son el colectivo más sensible a la ecoansiedad. Según un estudio publicado en The Lancet en 2021, la angustia relacionada con el cambio climático es un sentimiento compartido por el 84% de los menores de 25 años.

De nuevo, es fácil pensar en Thunberg. La psicóloga Laura Palomares lo relaciona con la incertidumbre. “Si esta generación ya vive con una elevada ansiedad en lo referente a su situación social y laboral, las consecuencias climáticas se convierten en un factor más de preocupación”, apunta. La sensación de abandono por parte de los gobiernos o la frustración por no poder hacer nada tienen también mucho que ver. “Pueden aparecer miedos, desconfianza hacia los líderes o desgana”, explica Irene Baños.

Sin embargo, a otros muchos, como cuenta Elena Rúa, “los lleva a llenarse de energía y ser más activos en la defensa medioambiental”. Ella lo ha visto de primera mano en Ayuda en Acción, en concreto en el proyecto 1Planet4All, dirigido a que los más jóvenes actúen frente al cambio climático. “La ecoansiedad, el pesimismo o la soledad fueron sentimientos comunes entre parte de nuestros voluntarios. Pero la puesta en común de esas emociones es fundamental para combatirlas”, añade.

Pautas para combatirla

Pasar a la acción es, por tanto, una de las mejores herramientas para evitar e, incluso, acabar con la ecoansiedad. Existen todo tipo de voluntariados, desde salir un día al mes a recoger basura por la playa o el monte hasta otros más comprometidos o, más fácil aún, unirte a un grupo de consumo en el barrio que compre a agricultores de la zona. Baños nos da otros tres tips: “Contratar una cooperativa de energía renovable en casa; minimizar el uso del coche y reducir, un poco, el consumo de carne”.

En su opinión son gestos que nos conducen a un cambio social. “Deberíamos apostar menos por la perfección individual y más por la imperfección colectiva”, sostiene la autora de Ecoansias. ¿Y ella? ¿ha logrado dejar atrás la ecoansiedad? “Ufff… superado no lo tengo, está claro. Pero trabajo día a día por salir de ello”, concluye.

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