
Poner el piloto automático en la oficina es una estrategia fallida frente al burnout. Si notas que vas al trabajo a cubrir el expediente es hora de actuar. FOTO: N. Voiktevich/Pexels.
Desmotivación laboral
El peligro de la insatisfacción en la oficina: sé que valgo, pero al trabajo solo voy a cubrir el expediente
Es la fase inmediatamente anterior al burnout. Ese momento en el decides que todo lo que suceda en la oficina te da absolutamente igual. Lo malo es que también te pasa factura.
24 DE ENERO DE 2026 / 08:00
Estás desconectado emocionalmente de tu trabajo, pero no lo suficiente como para dejarlo. Cumples. Entregas. Respondes correos. Estás, pero sin estar. Vas al trabajo a cubrir el expediente, sin más. No has tocado fondo, pero ya no eres tú. No es pereza. No es falta de ambición. Es una forma de protección emocional que, según los expertos, podría ser la antesala de un burnout profundo si no se interviene a tiempo. La psicóloga Silvia Álava y el consultor Jordi Serrano analizan por qué sucede y cómo evitar sus consecuencias.
En la oficina, todo en dosis pequeñas
Una cosa es satisfacción y otra, implicación. Jordi Serrano, socio del observatorio Future for Work Institute, lanza una distinción clave: «La satisfacción tiene que ver con cómo valoras tu trabajo en conjunto. La implicación, en cambio, se refiere a cuánta energía emocional y mental inviertes en él». Esta diferencia es crucial, porque muchas personas que «cubren el expediente” no están necesariamente insatisfechas, pero han aprendido (consciente o inconscientemente) a dosificarse emocionalmente».
El problema es que encapsular ocho horas al día en un formato monodosis emocional acaba dejando huella.
Demasiadas horas para no estar presente
Y no es casual. «El equilibrio entre trabajo y vida personal es uno de los factores más valorados actualmente», afirma Serrano. Según sus informes, esta actitud más selectiva y consciente ha ganado terreno desde la pandemia y en un contexto económico que ha disparado la inflación y el replanteamiento del valor del trabajo. Ya no se trata solo de hacerlo bien, sino de no perderte en el intento.
Ahí está la clave: ir al trabajo a cubrir el expediente viene a ser como frenar en el nanosegundo previo a caer al abismo. Frenar para quedarse ahí sin retirarse, ni implicarse en exceso.
Hacer lo mínimo, pero no desconectar nunca
La psicóloga clínica Silvia Álava Sordo, del centro Álava Reyes, es contundente: Si un equipo entero está desmotivado, el problema probablemente no es del equipo, sino del liderazgo. El experto en SEO, Antonio López, coincide al señalar que cuando el líder se agota, todo el proyecto se viene abajo.
Pero como hay que llevar dinero a casa, la mayoría opta por desconectarse y resistir mientras se pueda.
Desapego antes del burnout
La experiencia de Silvia Álava trabajando con directivos y organizaciones revela un patrón: muchos líderes no escuchan. Silvia lo llama modo supervivencia: personas que llevan años trabajando en piloto automático sin saberlo. Lo hacen para protegerse. «El cuerpo lo sabe antes que tú. Y si no escuchas las señales emocionales o físicas, llegará el burnout».
Ese punto medio entre motivación y agotamiento se convierte en tierra de nadie. Una fase donde se pierde el propósito, luego el sentido, y finalmente, la identidad profesional. No hay cinismo sin agotamiento previo. El desapego emocional es el primer síntoma de algo más profundo, advierte la psicóloga.
El coste de sonreír en el trabajo
La raíz del problema no siempre está en las tareas, sino en lo que no se ve: el trabajo emocional. Jordi Serrano lo analiza en su artículo ‘Servir con una sonrisa: la carga del trabajo emocional‘, donde explica cómo la exigencia de mostrar emociones no sentidas (amabilidad, serenidad, optimismo constante) deteriora la salud emocional de quienes trabajan cara al público, en el ámbito sanitario, educativo o de atención telefónica.
Ese esfuerzo de ‘actuar’ durante toda la jornada laboral se ha intensificado con la sobrecarga emocional post-covid. Hoy, muchos trabajadores sienten que su papel laboral es una especie de teatro constante. Y eso también pasa factura.
¿Y si no puedo parar?
Lo de poner el piloto automático a veces es fruto de no poder desconectar. El experto en comportamiento organizacional Rafa Díaz advierte que «muchas personas llevan soportando niveles altísimos de exigencia durante tanto tiempo, que el agotamiento se ha normalizado». El fenómeno del ‘trabajo oculto’ (responder correos por la noche, planificar presentaciones el domingo, contestar WhatsApps laborales fuera de horario) es ahora la regla silenciosa en muchas organizaciones.
El resultado: fatiga crónica, deterioro del compromiso y la peligrosa sensación de que el trabajo invade cada espacio personal.
Entonces, ¿estás quemado o simplemente sobrevives?
Hay una diferencia entre estar quemado y haber perdido la ilusión. Pero ambos procesos tienen vasos comunicantes. El síndrome de burnout, como explica Silvia Álava, aparece cuando la desmotivación cronificada se mezcla con exigencias excesivas y falta de recursos emocionales para afrontarlas. Se manifiesta con desapego, cinismo y síntomas físicos, y muchas veces se confunde con simple ‘apatía’.
Pero hay una ventana de oportunidad: la fase intermedia donde aún puedes actuar. Donde aún puedes decidir si te resignas a sobrevivir o apuestas por una reconexión emocional (ya sea en ese trabajo, en otro o fuera del ámbito profesional). El avance de la inteligencia artificial lo cambia todo. Jordi Serrano lo expresa con claridad: «A medida que muchas tareas se automatizan, lo que no puede hacer una máquina (el criterio, la creatividad, el cuidado) exigirá una implicación humana mayor».
¿La paradoja? Cuanto más importante es el factor humano, menos estamos cuidando a las personas. Por eso, insiste: «El reto no es elegir entre implicarse o cuidarse, sino diseñar trabajos donde ambas cosas puedan convivir».
¿Y si no puedes cambiar tu trabajo?
Silvia Álava ofrece una perspectiva realista: «No todo el mundo tiene trabajos vocacionales. Pero eso no significa que no puedas encontrar sentido fuera del trabajo». Lo importante, dice, es equilibrar. «Si no puedo motivarme en mi trabajo, buscaré qué me motiva fuera. Y usaré el trabajo como vía para llegar ahí».
Cubrir el expediente en el trabajo es solo un parche, no la solución. Buscar otros alicientes es un cambio de foco que no niega la importancia del trabajo, pero evita que lo conviertas en la única fuente de identidad y energía vital.
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